ACNUR ayuda a las familias a ir más allá de la supervivencia tras los terremotos de Venezuela
ACNUR ayuda a las familias a ir más allá de la supervivencia tras los terremotos de Venezuela
Gusmaira Rizo, de 30 años, sostiene a su hija recién nacida junto a su esposo y dos de sus hijos mayores en un campamento transitorio en César Nieves, La Guaira, Venezuela.
La tierra comenzó a sacudirse pocas horas después de que Gusmaira Rizo regresara a casa del hospital.
Dos días antes, había nacido su quinto hijo. La bebé, una niña llamada Irena, se había quedado en el hospital bajo observación médica. La tarde del 24 de junio, Gusmaira recibió por fin el alta tras una cesárea y regresó a casa para descansar con su familia. Poco después, en una cálida tarde, justo después de las 18:00 horas, se produjeron los terremotos.
Aún convaleciente de la operación, salió corriendo con una de sus hijas mientras los edificios a su alrededor temblaban. Toda la familia sobrevivió y se reunió fuera de casa, pero su hija recién nacida seguía en el hospital.
“Pasamos toda la noche en angustia porque no sabíamos qué había pasado con la niña que estaba en el hospital”, recuerda Gusmaira. “No había señal de teléfono, no había forma de saber si estaba a salvo”.
En todo el estado de La Guaira, situado al norte de la capital, Caracas, y en otras zonas afectadas, otras personas vivían su propia pesadilla.
Yuleima Chivico estaba sentada en la sala de su casa hablando por teléfono con su padre cuando sonó la alerta y sintió el primer temblor. En cuestión de segundos, los espejos se hicieron añicos, las paredes se agrietaron y el edificio se balanceó.
Corrió a despertar a su esposo. Sus hijos pequeños gritaban mientras los muebles se estrellaban contra el suelo a su alrededor. Su hija mayor, que está embarazada, seguía viendo por la ventana cuando la agarraron para salir. Pero la puerta de su departamento se había atascado y no podían salir.
Afuera, los vecinos gritaban que los edificios se estaban derrumbando. “Lo único que se escuchaba eran gritos”, cuenta Yuleima. “Todo empezó a caerse”. Entonces se produjo el segundo terremoto y las sacudidas se intensificaron.
Atrapados en el interior mientras el edificio temblaba a su alrededor, cada segundo parecía prolongarse hasta la eternidad. Finalmente, lograron salir por una ventana.
Uno por uno, su esposo sacó a sus hijos y al perro a un lugar seguro. Pero cuando vieron atrás, bloques de apartamentos enteros habían desaparecido. "Cómo después de tener tu hogar, tener tu casa, tener todo... 30 segundos y ya no tienes nada”, señala Yuleima.
Yuleima, su esposo, sus dos hijos pequeños y el perro de la familia en el campamento transitorio César Nieves, donde encontraron resguardo al perder su hogar.
Para miles de familias de toda Venezuela, la vida se dividió en un antes y un después.
Las casas desaparecieron. Las comunidades quedaron transformadas. Las familias pasaron noches durmiendo al aire libre, sin saber si se produciría otro terremoto.
En toda Venezuela, los terremotos dejaron a miles de familias desplazadas y a casi 18.000 personas sin hogar, de acuerdo con cifras del Gobierno, lo que convirtió una situación humanitaria ya de por sí difícil en un reto aún mayor. Ahora, las evaluaciones conjuntas de la ONU y el Gobierno estiman que 1,3 millones de personas se enfrentan a necesidades socioeconómicas tras los terremotos.
En busca de esperanza y resguardo
Gusmaira, Yuleima y sus familias encontraron alojamiento en un estadio cercano, el César Nieves, donde el Gobierno estableció uno de los más de 80 ‘campamentos transitorios’, lugares en los que los supervivientes del terremoto podían encontrar resguardo. Aquí, organizaciones humanitarias como ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, han estado brindando protección y otros servicios vitales para complementar la respuesta del Gobierno.
Dos semanas después de los terremotos, muchas familias siguen desplazadas, mientras intentan reconstruir sus vidas. Pero para ellas, la recuperación es algo más que tener un techo sobre sus cabezas.
Para Gusmaira, quien regresó a Venezuela tras pasar cuatro años en Colombia, eso incluye resolver los problemas de documentación que afectan a uno de sus hijos, nacido en el extranjero. Significa llevar a sus hijos a las citas médicas, hablar con psicólogos e ir imaginando poco a poco lo que vendrá después.
En campamentos transitorios como el de César Nieves, la recuperación comienza con pequeños pero esenciales pasos que ayudan a las familias a recuperar la estabilidad. Como líder del Grupo Temático de Protección, ACNUR apoya la respuesta liderada por el Gobierno coordinando servicios de protección integrados a través de puntos de atención única, junto con socios como UNICEF y UNFPA. Aquí, las familias pueden acceder a asistencia jurídica, apoyo para recuperar la documentación perdida, atención psicosocial, servicios de protección infantil y derivaciones a servicios de apoyo especializados, lo que les permite recuperar el acceso a sus derechos y a los servicios esenciales tras la catástrofe.
Sabrina Suárez, miembro del personal de ACNUR, ofrece orientación jurídica a las personas afectadas por los terremotos en el campamento transitorio de César Nieves.
Más allá de la asistencia directa, ACNUR también está apoyando a las autoridades para reforzar la recopilación y la gestión de la información sobre las familias afectadas, lo que contribuye a garantizar que se identifique a las personas con necesidades específicas y se les ponga en contacto con los servicios pertinentes. Al mismo tiempo, se han movilizado más de 50 toneladas de artículos de ayuda humanitaria – entre ellos mosquiteras, mantas, utensilios de cocina y lámparas solares – con el apoyo de LATAM Cargo y UPS para complementar los esfuerzos de ayuda más amplios en todas las comunidades afectadas.
“Nos han ayudado con servicios médicos, medicinas, insumos, agua y apoyo psicológico”, comenta Gusmaira. “Vamos día a día”.
Durante 35 años, ACNUR ha trabajado junto a las comunidades y las autoridades de Venezuela, brindando apoyo a personas refugiadas, retornadas, personas desplazadas y comunidades de acogida. Actualmente, ese apoyo continúa en algunas de las zonas más afectadas por los terremotos, ayudando a las familias a recuperar la documentación, acceder a los servicios de protección y avanzar más rápidamente hacia soluciones a largo plazo.
“La recuperación comienza mucho antes de que se reconstruya una vivienda”, explica Kirstin Halvorsen, Representante de ACNUR en Venezuela. “Comienza cuando las personas pueden acceder a ayuda, volver a conectarse con los servicios, recuperar la documentación y empezar a imaginar de nuevo un futuro. Nuestra función es ayudar a las familias a dar esos primeros pasos, al tiempo que reforzamos los sistemas de protección existentes del Gobierno para lograr un impacto a más largo plazo”.
Gusmaira carga a su hija recién nacida, Irena.
Para Yuleima, la recuperación comenzó con algo más sencillo: saber que su familia estaba viva. Los primeros días estuvieron marcados por ataques de pánico, incertidumbre y miedo. Pero con el tiempo, vio cómo las comunidades se unían. La asistencia humanitaria comenzó a llegar. Los padres cuidaban de los hijos de los demás. Las familias compartían lo poco que tenían. “Aquí empezamos desde cero. Pero poco a poco pero vamos [avanzando]. Ahora todos nos llamamos vecinos”, señala. “Hemos aprendido a apoyarnos, buscamos el respaldo unos con otros”.
Hace dos semanas, Gusmaira no podía dormir pensando si volvería a ver alguna vez a su hija recién nacida. Hoy, acuna a su bebé en brazos mientras observa a sus otros hijos jugar cerca de ella.
Aunque el futuro sigue siendo incierto y muchas familias aún no saben cuándo volverán a casa, en toda Venezuela la recuperación ya se está materializando en reencuentros familiares, comidas compartidas, niñas y niños que vuelven a reír y vecinos que se ayudan mutuamente.
“Lo más importante es que estamos juntos y que nuestra familia está completa”, concluye Gusmaira.