Refugiados devueltos desde Austria encuentran una nueva esperanza en Croacia

Wissam y Ali se desanimaron cuando Austria los devolvió a Croacia bajo las normas de la UE. Allí, forjan ahora un futuro para ellos mismos y para sus familias.

Wissam, refugiado iraquí, su esposa y su hijo volvieron a reunirse en 2016.
© ACNUR/Zsolt Balla

Wissam observa a su hijo jugar en la arena de un parque al lado de su piso. En un apartamento cercano, Ali se prepara para acudir a una entrevista de trabajo. Los dos refugiados iraquíes perdieron la esperanza después de que Austria los devolviera a Croacia, pero ahora están instalados en Zagreb, donde empiezan a recobrar su fe en el futuro.


Wissam Al-Obaidi, de 36 años y Ali Hussein Abalsad, de 27, fueron devueltos a Croacia bajo el Convenio de Dublín, que establece los criterios para decidir qué Estado europeo debería considerar la solicitud de un Solicitante de asilo. En su caso, según la normativa, Croacia era el país responsable de considerar su solicitud.

"Fue un golpe terrible cuando me enviaron de vuelta", dice Ali. "Estaba deprimido, no solo por mí mismo, sino también por mi familia que esperaba en Irak. Había hecho un esfuerzo para aprender alemán y ahora tenía que empezar a aprender croata".

"Solo quería un lugar seguro para mi familia", dice Wissam. "No tenía porqué ser Austria o Alemania necesariamente. Pensándolo ahora, a posteriori, creo que debería haber presentado mi solicitud a Croacia en primer lugar".

"Fue un golpe terrible cuando me enviaron de vuelta"

Croacia, que aún se está recuperando de las conflictos de la antigua Yugoslavia de la década de 1990, que le dejaron un gran número de refugiados de la región, se encontró en el centro de una nueva emergencia en 2015/2016 cuando 650.000 solicitantes de asilo procedentes de Oriente Medio y de otras zonas cruzaron la frontera en Tovarnik.

Desde entonces Croacia también ha empezado a recibir solicitantes de asilo desde Italia y Grecia, siguiendo el programa de reubicación de la Unión Europea (UE). A los que son reconocidos como refugiados, el Gobierno croata les facilita prestaciones sociales y un lugar donde vivir, por los que no tienen que pagar alquiler durante dos años. Hasta hace poco, Croacia no facilitaba clases de idioma a los refugiados, pero el Ministerio de Educación ha anunciado que planea abordar el tema.

"El sistema de integración no está totalmente institucionalizado", dice Giuseppe di Caro, representante en Zagreb de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados. "Pero soy positivo al respecto. Croacia es un país con una alta calidad de vida".

  • Wissam, de 36 años, con su esposa Shaemaa, de 31.
    Wissam, de 36 años, con su esposa Shaemaa, de 31. © ACNUR/Zsolt Balla
  • Wissam con el Corán de su familia, una de las pocas cosas que se llevó de casa.
    Wissam con el Corán de su familia, una de las pocas cosas que se llevó de casa. © ACNUR/Zsolt Balla
  • Yousif juega con una amiga en el parque cercano a sus casas en Croacia.
    Yousif juega con una amiga en el parque cercano a sus casas en Croacia. © ACNUR/Zsolt Balla
  • Yousif juega con una amiga en el parque.
    Yousif juega con una amiga en el parque. © ACNUR/Zsolt Balla
  • Yousif asiste a un jardín de infancia en Croacia.
    Yousif asiste a un jardín de infancia en Croacia. © ACNUR/Zsolt Balla
  • Ali, de 27 años, era camionero en Irak, antes de huir.
    Ali, de 27 años, era camionero en Irak, antes de huir. © ACNUR/Zsolt Balla

Wissam y Ali soportaron peligros, la separación de sus seres queridos y el desencanto para alcanzar la relativa calma de Croacia.

Wissam trabajaba como taxista y peluquero en Bagdad, mientras que Ali, de la provincia de Babil (Babilonia), era camionero, uno de los oficios civiles más peligrosos allí. Ambos explican que se sentían constantemente amenazados por la violencia sectaria.

Mientras repartía mercancías de ciudad en ciudad, Ali fue retenido por diferentes milicias que le exigían dinero, le robaban la carga y le amenazaban de muerte. "No pasó una sola vez", dice. "Me retuvieron a punta de pistola y quemaron mi casa".

Llevados por la desesperación, los dos hombres emprendieron la ruta de los refugiados, dejando atrás a sus esposas e hijos. Wissam dice: "En primer lugar, no podía permitirme económicamente salir todos juntos y tampoco quería someter a mi familia al peligroso viaje en un bote neumático".

A Wissam le tomaron las huellas dactilares cuando cruzó la frontera croata en septiembre de 2015, pero consiguió llegar a Austria, donde pasó siete meses en el centro de acogida de Erdberg, en Viena.

"Me retuvieron a punta de pistola y quemaron mi casa"

"Me ofrecí voluntario, arreglando tuberías y ventanas, y empecé a aprender alemán", dice.

La noticia de que le iban a devolver a Croacia casi le destrozó.

"Primero, me llegó la comunicación por correo", dice. "Hablé con un abogado y presenté una apelación. Pero incluso antes de que la consideraran, un día, a las seis de la madrugada, se presentó la policía. Me confiscaron mis aparatos móviles y mes esposaron. No fui el único. Muchos otros fueron arrestados al mismo tiempo.

Ali explica una historia similar sobre una redada policial al amanecer que llegó como una conmoción. Tras 11 meses en Viena, Ali había empezado a invertir emocionalmente en Austria. Una familia austriaca incluso le había "adoptado".

Tras la detención, los hombres fueron conducidos al aeropuerto. Mientras, sus familias en Irak no tenían ninguna noticia, porque Wissam y Ali no se podían comunicar con nadie.

En el aeropuerto de Zagreb, Wissam temía que le retuvieran de nuevo y le mandaran de vuelta a Irak pero, en lugar de eso, le condujeron al centro de acogida de Porin.

"Era tan bueno como un hotel", dice, "pero yo estaba deprimido. Me quedaba sentado en mi habitación y solo salía a la hora de las comidas. Estaba muy cansado. Había esperado durante mucho tiempo en Austria y resultó que para nada. Ahora tenía que empezar desde cero de nuevo".

"Ahora tenía que empezar desde cero de nuevo"

"Pero después de unos días, la policía vino y me dijo que tenía una entrevista. Y a los 15 días, tuve una segunda entrevista. Fue el primer paso para recuperar la esperanza".

A los dos hombres se les reconoció asilo en Croacia. "Cuando estaba detenido en Austria, quería morir", dice Ali. "Aquí en Croacia, empecé a creer en algo de nuevo. Estoy agradecido al Gobierno croata".

Una vez los hombres obtuvieron el estatus oficial de refugiados, sus familias pasaron a ser elegibles para solicitar el reagrupamiento familiar.

En Bagdad, la esposa de Wissam, Shaemaa, que es profesora de educación física, empezó a hacer sus maletas y las de sus dos hijos: Ahmed, de siete años y Yousif, de cuatro. La familia tomó un avión vía El cairo y Estambul y llegó a Zagreb en enero de 2017.

Shaemaa asiste a clases de croata ofrecidas por la Cruz Roja y los niños van a la escuela y al jardín de infancia. Wissam trabaja en un negocio de lavado de automóviles y se siente orgulloso de aportar un sueldo a casa.

Respecto a Ali, el reagrupamiento con su esposa y su hijo de tres años puede llevarle más tiempo. Necesita encontrar un trabajo de manera urgente para poder contribuir a los gastos de viaje de su familia. Tuvo entrevistas para una fábrica de helados y para un trabajo en la construcción que no resultaron en un puesto de trabajo, pero espera que su intento más reciente de obtener un empleo en un supermercado tenga éxito.

"A la tercera va la vencida, inshallah [si Dios quiere]", dice.

Por Helen Womack y Zsolt Balla, desde Zagreb, Croacia.

Gracias a la Voluntaria en Línea Esperanza Escalona Reyes por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.