"Abuela" finlandesa ayuda a niña afligida a encontrar la paz

Azaldeen y su hija pequeña están empezando de cero en una pequeña isla en el sudoeste de Finlandia, después de que una tragedia en la familia les obligara a huir de Bagdad.

Diana, de tres años de edad, proveniente de Irak, con su "abuela" finlandesa, Mona.
© ACNUR/Max-Michel Kolijn

Diana llegó a Finlandia con dos años recién cumplidos en octubre de 2015, luchando por asimilar el secuestro y la desaparición de su madre en su ciudad natal de Bagdad. Temerosa de todo lo que era nuevo y extraño, se aferraba a su padre, Azaldeen Kadhem, mientras él mismo se enfrentaba a su propio sufrimiento y dolor.


Azaldeen, de 34 años, dice que Irak no era un sitio seguro para criar a un niño. "Siempre teníamos miedo", recuerda. "No hay paz para Diana en Irak".

Ambos se hallaban entre los 100 refugiados que encontraron un nuevo hogar en la comunidad de la pequeña isla de Nagu, en el archipiélago del sudoeste de Finlandia.

Allí, la vecina Mona Hemmer, de 80 años, tomó a ambos bajo su protección, convirtiéndose en una figura de abuela para Diana y ayudando a aportar estabilidad a su nueva vida.

Ahora, con 3 años de edad, Diana ha florecido. "Ha crecido increíblemente deprisa y se ha transformado de ser una niña ansiosa a ser una chiquilla que se comunica y se relaja", dice Mona. "Tendrá un futuro muy brillante".

Su nuevo hogar en Nagu está situado en una región sueco hablante de Finlandia, un remanso de paz para miles de turistas durante el verano. Fuera de la temporada vacacional, tiene una población permanente de 1.500 habitantes.

Mona se retiró a la isla hace 17 años y vive allí con su pareja Kaj. Desde el principio, cuando la comunidad descubrió que iba a recibir a 100 refugiados, Mona quiso ayudar a los refugiados a sentirse como en casa.

"Tendrá un futuro muy brillante."

Mona trabaja con una asociación cultural para llevar conciertos y eventos artísticos a la isla, y es miembro activo y respetado de la comunidad. Cuando los vecinos se enteraron de la llegada planificada de los refugiados, empezaron rápidamente a prepararse.

"Algunas personas estaban preocupadas sobre cómo los refugiados afectarían a nuestra pequeña comunidad", dice Mona. "Pero, sobre todo, teníamos curiosidad. La gente de Nagu solía ser viajera, pescadora y siente curiosidad por lo desconocido y por culturas diferentes. En lugar de encerrarnos en nosotros mismos con miedo, decidimos dar la bienvenida a las familias y a los niños como nuestros invitados".

"Dar la bienvenida a los refugiados no significa organizar un montón de actividades extrañas y aisladas para ellos. Significa asegurarse de que se sienten bien recibidos para ser parte de lo que la comunidad ya está haciendo".

Un grupo de personas se aseguró de que los refugiados fueran incluidos e invitados a tomar parte en las actividades de la comunidad.

Hablaron con los organizadores de cursos y clubs ya existentes adaptando las clases de arte para ajustarse a las familias con niños, invitando a los refugiados a unirse a las clases de fitness y tejido y a los equipos de futbol, y llevando a los jóvenes con ellos a fiestas y pasando tiempo con ellos. Los refugiados pronto empezaron tejer su propia red de amigos en Nagu.

"Pronto conocían a algunos de nuestros vecinos mejor que nosotros mismos", dice Mona. "Al final, éramos nosotros los que aprendíamos de ellos y esto unió aún más a la comunidad de Nagu".

Azaldeen creó inmediatamente un vínculo con Mona y empezó a llamarla "madre". Cuando empezó a tomar lecciones de finlandés en la cercana ciudad de Abo una vez a la semana, Mona se ofreció para cuidar de Diana y la niña pronto la adoptó como abuela sustituta. En la sociedad finlandesa, los niños a menudo pasan un día a la semana con sus abuelos.

Mona y Kaj son pensionados finlandeses que han asumido el papel de abuelos de Diana, una refugiada de 3 años que llegó a la isla finlandesa de Nagu en 2015. Diana y su padre, Azaldeen, huyeron de Irak después de que su madre fuera secuestrada.  © ACNUR/Max-Michel Kolijn

"Esto unió aún más a la comunidad de Nagu."

En el hogar de Mona, Diana encontró un espacio de calma, donde se podía relajar, jugar con el perro, visitar al caballo en el establo del vecino y sentirse como una nieta querida.

"Mis propios nietos ya se han hecho mayores, así es que estoy muy contenta de haber conocido a Diana", dice Mona. "Hemos desarrollado nuestras propias rutinas y Diana se siente segura aquí".

A Azaldeen y Diana se les ha reconocido ahora su condición de refugiados, y obtuvieron permiso de residencia, y Azeldeen ha decidido quedarse en Nagu y estudiar finlandés, mientras muchos de los otros refugiados han decidido trasladarse a ciudades más grandes.

"No quiero volver a trasladar a Diana ahora que, finalmente, hemos encontrado una gran familia aquí", dice Azeldeen. "Mi familia son Mona y Kaj y los otros habitantes de Nagu".

"Nagu es un lugar bueno y encantador. Ahora es nuestro hogar".

Por Caroline Bach

Gracias a la Voluntaria en Línea Esperanza Escalona Reyes por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.