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16 Días de Activismo: Una víctima de múltiples violaciones se enfrenta a un futuro inseguro

Historias

16 Días de Activismo: Una víctima de múltiples violaciones se enfrenta a un futuro inseguro

Mathilde huyó a Ruanda en mayo para escapar de los combates en el este del Congo, donde había sido violada. Abandonada por su marido, se siente aislada.
10 Diciembre 2012 Disponible también en:
Matilde, sentada en su tienda en el campo de refugiados de Kigeme con sus tres hijos.

KIGEME, Ruanda, 7 de diciembre (ACNUR) – Entre todas las estadísticas de desplazamientos masivos de población en el este de Congo, normalmente el sufrimiento de los individuos, y especialmente de mujeres como Matilde*, víctima de una violación múltiple, tiende a quedar en un segundo plano. La actual campaña 16 Días de Activismo Contra la Violencia de Género, que se celebra desde el 25 de noviembre al 10 de diciembre, busca centrar el foco de atención en los abusos de derechos humanos cometidos contra mujeres desplazadas por la fuerza en lugares como la República Democrática del Congo (RDC).

Mathilde está viviendo ahora con sus tres hijos en el campo de refugiados de Kigeme, en el sur de Ruanda. Fue abandonada por su marido después de huir a Ruanda en mayo escapando de los combates en la provincia de Kivu Norte, en RDC, entre las tropas del gobierno y el movimiento rebelde M23, y poco después también de que fuera violada por hombres de la milicia.

No era la primera vez que esta joven de 24 años fue violada en su provincia natal, donde los abusos sexuales se han convertido en incidentes diarios en algunas zonas, así como también en un arma de guerra. Estos ataques afectaron a su salud y también era incapaz de mantener relaciones sexuales, lo que la hace pensar que fue el motivo por el que su marido la abandonó. La violación está considerada como un estigma en la región.

Mathilde se siente aislada en el campo, donde está rodeada de gente de diferentes grupos étnicos. No habla el idioma local, Kinyarwanda, y se apoya totalmente en ACNUR y en otras organizaciones humanitarias para recibir ayuda general: comida, tratamiento médico básico y consejos psiquiátricos.

Pero al menos está más segura ahora en Ruanda, donde ACNUR continua recibiendo informes terribles sobre de violencia sexual ligada al conflicto que se está dando al otro lado de la frontera. Estos informes denuncian, entre otras cosas, la violación de 72 mujeres en la ciudad de Minova, en Kivu Sur. Mathilde ha hablado recientemente con la Responsable de Relaciones con Donantes de ACNUR Céline Schmitt sobre su terrible experiencia.

Historia de Mathilde:

Huí de Bihambwe (Kivu Norte) en mayo de 2012. Mi madre fue asesinada en 1993 por su etnia. Sólo era una niña y mi padre, que era de otro grupo étnico distinto al de mi madre, me envió con un amigo suyo a Goma (capital de la provincia de Kivu Norte) a estudiar.

Cuando estaba en 6º de primaria, volví para visitar a mi padre durante las vacaciones de verano. Un día estaba con dos amigas y mientras andábamos por el campo vimos a hombres armados de uno de los grupos rebeldes. Capturaron a algunas de las chicas y empezaron a violarlas. Intenté huir pero me dispararon a las piernas, brazos y estómago y me caí. Dos hombres empezaron a violarme mientras estaba tumbada herida.

Me trataron en el hospital en la ciudad en Masisi y volví a Goma por un tiempo. Busqué un marido y me casé con un hombre que era huérfano. No le dije que me habían violado. Mi primogénito tiene cuatro años y los otros tienen casi dos y uno.

A mis hermanos no les gustaba que me hubiese casado con un hombre de un grupo étnico diferente y dijeron que le matarían. Huimos a Kaniro (territorio de Masisi, en Kivu Norte) y por un tiempo nos sentimos seguros allí. Pero entonces uno de mis hermanos apareció con unos amigos suyos pertenecientes a la milicia Mai Mai. Ataron a mi marido a una silla, le amordazaron y me violaron delante suyo y de mis hijos. Le dijeron a mi marido que volviese a Ruanda.

Me capturó la milicia y me violaron cada día durante una semana. Conseguí escapar y llegar a Bihambo, donde encontré a mi marido y le pedí que me perdonase por haber sido violada. Lo hizo.

Justo después del conflicto que empezó con el M23 el pasado mes de abril en Masisi, huimos a Ruanda. Le expliqué mi problema al personal de ACNUR en el campo de tránsito de Nkamira. Estaba avergonzada y me sentía enferma.

Nos enviaron a Kigeme pero yo tenía dolores terribles en mi estómago. Los médicos dijeron que tenía una infección. Era muy dolorosa. Me dieron medicamentos pero no podía tener relaciones sexuales y mi marido me dejó. Es la primera vez que estoy en Ruanda y no hablo Kinyarwanda, no puedo relacionarme, no puedo trabajar en el campo.

Pero tampoco puedo volver a Congo con los niños. Si vuelvo les matarán…

Mis hijos no comen la harina de maíz que nos dan. Mi hija mayor, Patricia, de dos años de edad, tiene problemas. Tiene el vientre hinchado, tiene un problema con su ojo… No tengo ropa suficiente para mis hijos.

Hay algunos psicólogos en el campo que me ayudan. ACNUR nos dio una tienda, esteras para dormir, mantas y cacerolas para cocinar, pero no es suficiente. Sé que no hay mucho futuro para mí, pero para mis hijos es diferente. Son pequeños.

Cuando me levanto por las mañanas, limpio la casa, visto a los pequeños, preparo la comida y lavo la ropa. Y el día acaba así. No puedo dormir por mis problemas. No sé si mi marido volverá. Si vuelve, le daré la bienvenida porque es mi marido. Mi hermano le llamó al móvil después de llegar aquí amenazando con matarle. Tal vez por eso ha huido.

* Nombre cambiado por motivos de protección