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A punto de retirarse, un veterano trabajador de ACNUR vuelve donde todo comenzó

Historias

A punto de retirarse, un veterano trabajador de ACNUR vuelve donde todo comenzó

El veterano de ACNUR Serge Malé se retira hoy. Cerca del inicio de su carrera ayudó a los refugiados salvadoreños a regresar a casa. El mes pasado los alcanzó nuevamente.
31 Marzo 2011 Disponible también en:
Serge Malé encuentra a unos viejos amigos en su reciente visita al pueblo de Guarjila, en El Salvador. En 1987 condujo hacia este lugar un convoy de refugiados que regresaban de los campamentos en Honduras.

CIUDAD DE PANAMÁ, Panamá, 31 de marzo (ACNUR) -- La larga y variada carrera de Serge Malé con ACNUR comenzó en 1985, cuando le enviaron a dirigir una pequeña oficina de terreno en San Marcos, en el oeste de Honduras. Era el apogeo de la guerra civil en el vecino El Salvador.

El joven médico del sur de Francia pasó unos tres años trabajando en la asistencia de miles de refugiados salvadoreños que habían huido del feroz conflicto en su país y vivían en los campamentos de La Virtud y Mesa Grande.

En octubre de 1987, un grupo de 1.464 refugiados decidió regresar a su país, a pesar del perdurar de la guerra. Malé fue encargado de guiar el convoy a través del terreno montañoso de la zona fronteriza.

"De repente, tuvimos que parar en el medio de la nada porque una enorme piedra estaba bloqueando la carretera", recordó Malé. "Como no había forma de que los 32 autobuses y 12 camiones pudieran proceder más allá de este punto, los retornados empezaron con calma a descargar todas sus pertenencias", dijo, ya que habían decido quedarse en ese lugar, llamado Guarjila.

En febrero de este año Malé regresó a Guarjila para una emotiva reunión después de una larga carrera profesional en algunos de los lugares más difíciles del mundo. En esa ocasión Malé, ya a punto de jubilarse, era el Director Adjunto de la Oficina de ACNUR para las Américas, cargo que ocupa hasta hoy, su último día de trabajo en la agencia.

"Fue uno de esos raros momentos en la vida cuando se mezclan la nostalgia del pasado y la esperanza del presente, cuando todos los recuerdos realmente tienen un significado", reflexionó Malé desde su oficina en la Ciudad de Panamá, al referirse a los retornados de Guarjila como ejemplo de aquellas soluciones duraderas que ACNUR busca para todos los refugiados a los que atiende.

Cuando retornaron, en 1987, a la guerra civil le faltaban cinco años para terminar y ACNUR no consideraba que existieran en esa parte de El Salvador las condiciones suficientes para que los retornados pudieran vivir en seguridad y dignidad. De hecho, sufrieron repetidos abusos durante esos años, pero la gente de Guarjila siempre mantuvo el valor y la fortaleza necesarios para quedarse y seguir adelante con sus vidas.

Como el mismo Malé pudo constatar, crearon una comunidad próspera y estable, donde todos respetan a los demás y a la ley. Si bien los refugiados construyeron Guarjila de la nada en un ambiente difícil, el pueblo está cerca de sus lugares de origen.

Malé describió el pueblo como "fruto de todo su sudor, lágrimas, dolor y determinación". La gente de Guarjila con orgullo le dijo que el 95 por ciento de la población tiene su casa en propiedad y todos los niños van a la escuela. También construyeron calles, una iglesia, un parque y un centro de salud.

Asimismo, no se olvidan de los que les ayudaron. Un pequeño museo lleva el nombre de Padre Jon Cortina, un sacerdote jesuita español que trabajó incansablemente para los pobres y los oprimidos en El Salvador. El Padre Cortina acompañó al convoy de ACNUR a Guarjila en 1987, dos años antes de lograr escapar por poco de una masacre de sacerdotes jesuitas en El Salvador.

Hoy, la violencia en Guarjila es rara. En los últimos 23 años hubo un solo asesinato, y mientras algunos de los jóvenes sueñan con emigrar al extranjero, otros quieren seguir construyendo la comunidad.

Los jóvenes se aferran al ejemplo y enseñanzas de la generación anterior, combinándolos con las herramientas del siglo XXI, como los teléfonos móviles e Internet. También tienen su propia estación de radio, pero organizan reuniones de la misma manera que sus padres, cuando vivían más allá de la frontera, en los campamentos de La Virtud y Mesa Grande.

"Ellos no hablan del desarrollo de la infraestructura, sino de desarrollo humano y social", dijo Malé impresionado. Durante la guerra, su principal desafío era seguir con vida y estar juntos. Hoy los debates se centran en un proyecto de minería y la propuesta de construir una carretera que atraviese el pueblo. Hay argumentos a favor y en contra, pero lo importante es que se pueda discutir libremente sobre estos temas.

Cada año, el 12 de octubre, la comunidad de Guarjila celebra con una gran fiesta su retorno a El Salvador. "Todavía siguen convencidos de que tomaron la mejor decisión en el mejor momento, estableciéndose en el lugar mejor", dijo Malé, orgulloso de haber tenido un pequeño papel en su odisea.