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Trabajadores ucranianos de ACNUR ofrecen ayuda y consuelo a las personas refugiadas en Polonia

Svitlana Lokian (izquierda) y Dmytro Popsui (derecha), monitores de la protección en ACNUR, charlan con personas refugiadas de Ucrania en el edificio de Slavic Mission en Cracovia, Polonia.
Historias

Trabajadores ucranianos de ACNUR ofrecen ayuda y consuelo a las personas refugiadas en Polonia

Dmytro y Svitlana vivían en Cracovia cuando empezaron a llegar personas refugiadas que huían de la guerra en Ucrania. Como monitores de la protección, no solo son “ojos y oídos de ACNUR”, sino que también brindan apoyo e información importante a las personas refugiadas.
9 Mayo 2023 Disponible también en:

Svitlana Lokian (izquierda) y Dmytro Popsui (derecha), monitores de la protección en ACNUR, charlan con personas refugiadas de Ucrania en el edificio de Slavic Mission en Cracovia, Polonia.

Este invierno, en Cracovia, sobre una acera cubierta de nieve frente a la sede de Slavic Mission, personas refugiadas de Ucrania hicieron fila para recibir ayuda humanitaria. Entre ellas caminaban dos personas que llevaban chalecos de color azul claro. Se presentaron, hicieron preguntas y registraron las respuestas en tabletas cuya pantalla estaba cubierta de gotas de copos de nieve que se derretían.

Al igual que las personas refugiadas a las que ayudan, Dmytro y Svitlana provienen también de Ucrania. En Polonia, trabajan como monitores de la protección de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados; en otras palabras, recaban información que permite guiar la labor de la agencia y orientan a las personas refugiadas para que puedan tener acceso a servicios esenciales, como atención médica, asesoría jurídica y ayuda en efectivo.  

Dmytro, Svitlana y otros colegas como ellos son la cara humana de la respuesta de ACNUR a la llegada, de millones de personas refugiadas de Ucrania, a otras partes de Europa desde que el país fue invadido a gran escala en febrero de 2022. Desde que estalló la crisis, Polonia ha sido uno de los países que ha dado acogida a las personas refugiadas de Ucrania, la mayoría de las cuales se ha trasladado a grandes ciudades, como Cracovia.

Además de recabar y proporcionar información a los refugiados con los que se entrevistan, Dmytro y Svitlana están siempre preparados para ofrecer consuelo y un oído amigable. Ambos comparten un sentimiento de incredulidad con respecto a los acontecimientos que se han dado en Ucrania, su país; de ahí nace su empatía. 

“El estallido de la guerra nos dejó atónitos”, explicó Dmytro, de 34 años. “Transcurrió una semana, y no podía creerlo. Todo mundo trataba de comprender lo que había pasado”.  

Dmytro obtuvo un grado en historia y, antes de mudarse a Polonia para empezar su propio negocio (un mes previo al inicio de la guerra), trabajaba como gerente de ventas en Ucrania. Oleksandra (37 años), su esposa; Yeva, su hija de diez años; y su suegra, Irina, permanecieron en Kyiv. Tenían previsto encontrarse con Dmytro en mayo del año pasado, luego de que Yeva concluyera el tercer grado. Sin embargo, cuando las bombas empezaron a caer en la ciudad, huyeron inmediatamente a Polonia.

El estallido de la guerra nos dejó atónitos

Dmytro, 34 años, monitor de protección de ACNUR

La experiencia de su propia familia inspiró a Dmytro a llevar su carrera en una dirección distinta; además, le ayudó a comprender el trauma que sufrieron las personas que ahora ayuda como trabajador de ACNUR. “Las personas con las que me he entrevistado lloran mucho. Les es muy difícil pensar en el pasado y recordar los momentos en que perdieron sus pertenencias, su hogar o seres queridos”, recalcó. 

Esta labor le ha dado un propósito; sin embargo, Dmytro admite que el desgaste mental suele afectarlo considerablemente. “Me gusta ayudar a las personas. Me entrego por completo a esta labor y estoy dispuesto a ayudar a quienes lo requieran”, señaló. “Es duro. Hay días en que llego a casa sin ganas de hablar. Por ese motivo, trato de hacer algo cuando termina mi jornada de trabajo: salgo a caminar o paso tiempo con mi hija y con mi esposa”. 

“Hacer este trabajo requiere de una fuerza sobrehumana”, sostuvo Svitlana. Esta mujer de 38 años llegó a Cracovia hace ocho años, junto a su esposo Aram, quien trabaja en el sector de las tecnologías de la información. Tienen una hija de cuatro años, de nombre Emma.  

Cuando empezó la guerra, Svitlana hizo lo que estuvo en sus manos para organizar donaciones y brindar asistencia a las personas refugiadas que llegaban a Cracovia. Escuchó que una organización buscaba hablantes de ucraniano para ayudar con la respuesta; así comenzó a trabajar en ACNUR, como monitora de protección.

“Me entrevisto con personas refugiadas en centros humanitarios y albergues colectivos. Además, le brindo información a ACNUR con respecto a las necesidades más apremiantes de estas personas”, respondió Svitlana cuando se le pidió explicar en qué consiste su trabajo. “Otra función esencial del monitoreo consiste en coordinar y difundir información, entre las personas refugiadas, sobre cómo resolver problemas por cuenta propia. También las apoyo escuchándolas y dándoles muestras de solidaridad, algo que no deja de ser importante”. 

Tatyana, de 50 años, y Masha, su hija de 14, provienen de Dnipro (una ciudad que fue duramente bombardeada en las primeras semanas de la guerra), en el centro de Ucrania, y son dos de las personas que Svitlana ha ayudado. Masha tiene epilepsia y vive con síndrome de Down, de manera que la experiencia ha sido particularmente dura para ella. 

Esta chica y su madre viven ahora en un albergue comunitario en Cracovia. Masha lee libros infantiles en polaco porque está tratando de aprender la lengua. Además, considerando que todo apunta a que la guerra no terminará pronto, Tatyana sabe que tendrá que hacer un esfuerzo similar. “[También] debería aprender polaco. ¿Qué pasaría si no puedo volver a casa? Así es la vida, [así que] debería aprender polaco”. 

Emergencia en Ucrania

Millones de personas han huido de la guerra en Ucrania.

Donar

Svitlana señaló que el estoicismo práctico que Tatyana ha mostrado es típico en buena parte de las personas refugiadas que ha conocido. “En muchos casos, apenas se están dando cuenta de que sus vidas cambiaron para siempre y que quizás este sea su nuevo hogar”, comentó. “Hay quienes ni siquiera tienen un hogar al cual volver. De hecho, algunos pueblos dejaron de existir, así que no queda nada”.

Svitlana, Dmytro y otros monitores de la protección que trabajan para ACNUR en Polonia han entrevistado a más de 50.000 personas refugiadas en el país. La información que han recabado permite a ACNUR conocer la situación a fondo, así como las necesidades de las personas refugiadas de Ucrania, lo cual se ha traducido en herramientas prácticas, como el informe de Mapeo y monitoreo de los albergues para refugiados.  

“Los monitores de la protección son nuestros ojos y oídos en la comunidad”, aseveró Christine Goyer, Representante adjunta de ACNUR en Polonia. “Su trabajo marca una gran diferencia, pues permite a las organizaciones humanitarias comprender las necesidades de las personas refugiadas, así como los riesgos a los que se enfrentan. También ayuda a responder con eficiencia y de distintas formas; por ejemplo, mediante la prevención, la incidencia o la provisión de asistencia. Además, los resultados se comparten con las autoridades, para que puedan adecuar sus políticas”.

Si bien Dmytro logró encontrarse con su familia en Polonia y obtuvo un empleo gratificante que marca una diferencia en la vida de las personas, desea que la labor que realiza deje de ser necesaria en el futuro.  

“El sueño más grande que tengo, al igual que cualquier otra persona de Ucrania en Polonia, es que la guerra termine, de ser posible, hoy mismo. Así, no habrá más sufrimiento; niñas y niños dejarán de sufrir; y las personas – incluyéndome – podrán reanudar sus vidas”.

Muchas personas apenas se están dando cuenta de que sus vidas cambiaron para siempre

Svitlana, 38 años, monitora de protección de ACNUR