Los recortes de fondos llevan al límite a las familias refugiadas en Egipto
Los recortes de fondos llevan al límite a las familias refugiadas en Egipto
Nawal es una refugiada sudanesa viuda que lucha por mantener a sus seis hijos en El Cairo, Egipto.
La agudización de la crisis mundial de financiación está forzando a ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, a recortar la asistencia financiera esencial destinada a la población refugiada en Egipto, lo que deja a decenas de miles de familias luchando por sobrevivir.
Entre las más afectadas se encuentran las familias que huyeron de la guerra en Sudán, que ya entra en su cuarto año y sigue provocando la mayor crisis de desplazamiento del mundo.
Sin nuevos fondos urgentes, el programa de ayuda en efectivo de ACNUR en Egipto corre el riesgo de paralizarse por completo a partir de este mes, lo que afectaría al menos a 20.000 familias refugiadas – en su mayoría hogares encabezados por mujeres – que dependen de este apoyo para satisfacer sus necesidades básicas. Más de la mitad de este total ya ha visto recortados sus fondos entre enero y marzo de 2026, mientras que las familias restantes perderán la ayuda si no se consiguen fondos adicionales.
Para muchas familias refugiadas en Egipto, la ayuda económica de ACNUR es lo único que les impide caer en la indigencia total, e incluso con este apoyo, muchas se ven forzadas a tomar decisiones difíciles.
Nawal, una madre sudanesa viuda con seis hijos que vive en El Cairo, por parte de ACNUR recibe actualmente 1.520 libras egipcias (28 dólares estadounidenses) al mes y trabaja a tiempo parcial, pero describe las decisiones imposibles a las que aún se enfrenta: “Solo puedo permitirme enviar a tres de mis seis hijos a la escuela. En lugar de continuar con su educación, mi hijo mayor cuida de sus hermanos pequeños cada vez que voy a trabajar. Ningún niño debería tener que hacer esto, pero ¿qué otra opción tengo?”.
“Mis hijos no comen bien y el pequeño siempre está enfermo, pero no puedo permitirme llevarlo al médico porque corro el riesgo de que me desalojen”, añade.
Este tipo de dilemas son habitual entre las personas refugiadas sudanesas.
“Incluso con el apoyo, tengo que elegir entre comprar comida o comprar medicinas”, señala Mohamed, un refugiado sudanés de 60 años que vive en El Cairo. “Cuando no puedo permitirme el tratamiento, mi salud se deteriora y al final necesito aún más cuidados que no puedo pagar. Sin la ayuda, la situación solo empeorará”.
Tras el estallido de la guerra en Sudán en abril de 2023, casi 12 millones de personas siguen desplazadas de sus hogares, entre ellas casi 3,6 millones refugiadas, lo que significa que uno de cada cuatro sudaneses se encuentra ahora desplazado.
En Egipto, el impacto es particularmente grave. Desde el inicio de la guerra, el número de personas refugiadas sudanesas registradas se ha multiplicado por catorce hasta superar los 846.000, lo que convierte a Egipto en el mayor país de acogida de personas que huyen de Sudán, así como en el mayor receptor de nuevas solicitudes de asilo a nivel mundial.
Recursos cada vez más escasos, necesidades cada vez mayores
Sin embargo, mientras que las necesidades generales se han disparado, los recursos no han avanzado al mismo ritmo.
A pesar del fuerte aumento de las llegadas, ACNUR en Egipto contó en 2025 con aproximadamente el mismo nivel de financiación que en 2022, antes de que la crisis de Sudán agotara aún más unos recursos ya de por sí limitados.
En promedio, la financiación disponible de ACNUR por persona ha descendido de 11 dólares estadounidenses al mes en 2022 a tan solo 4 dólares estadounidenses al mes en 2025, lo que abarca todas las formas de apoyo, desde la ayuda económica directa hasta los servicios de atención médica y protección.
Para las familias refugiadas, el impacto es inmediato. Incluso con apoyo económico, la mayoría de las familias solo pueden cubrir parte de sus necesidades básicas, y a menudo gastan la totalidad de la cantidad en cuestión de días solo para cubrir lo imprescindible. Se reducen o se saltan las comidas, niñas y niños dejan de ir a la escuela, y se retrasan los tratamientos médicos, lo que a menudo conduce a complicaciones de salud más graves y costosas más adelante.
Un salvavidas en peligro
Con la financiación en niveles críticamente bajos – se ha recibido hasta la fecha solo el 2 por ciento del presupuesto necesario para 2026 destinado a la ayuda en efectivo en Egipto –, ACNUR podría verse pronto forzado a suspender por completo dicha ayuda.
Para mantener siquiera un nivel mínimo de asistencia, ACNUR necesita unos 10 millones de dólares estadounidenses para apoyar a 20.000 de las familias refugiadas más vulnerables (alrededor de 87.000 personas) durante el resto del año. Incluso esta cifra representa solo una minoría de los más de 200.000 refugiados extremadamente vulnerables en Egipto que no pueden satisfacer sus necesidades básicas sin ayuda externa.
Nawal sostiene a su hijo menor, Marawan Omer, en el balcón de su apartamento en El Cairo.
La ayuda económica sigue siendo una de las formas más eficaces y dignas de apoyar a la población refugiada, ya que permite a las familias dar prioridad a sus propias necesidades al tiempo que contribuyen a las economías locales. Sin embargo, sin una financiación inmediata y sostenida, este salvavidas corre el riesgo de desaparecer.
A medida que la crisis de Sudán entra en su cuarto año, las necesidades siguen aumentando mientras que los recursos se reducen. ACNUR insta a los gobiernos, a los socios del sector privado y a las personas a que intensifiquen urgentemente su apoyo antes de que más familias se vean llevadas al límite.
Nawal resumió la desesperación que sienten muchos de quienes huyeron de la guerra solo para encontrarse luchando por la supervivencia diaria como refugiados. “Hui de Sudán con la esperanza de que mis hijos y yo estuviéramos a salvo en Egipto, pero seguimos atravesando dificultades, igual que cuando estábamos en nuestro país”.