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Líderes y lideresas comunitarias al centro de la recuperación al mes de los terremotos en Venezuela

Historias

Líderes y lideresas comunitarias al centro de la recuperación al mes de los terremotos en Venezuela

En los campamentos transitorios de la Guaira, el estado más afectado por los sismos del pasado 24 de junio, las comunidades se organizan animadas por la solidaridad y el deseo de apoyar a los más vulnerables.
24 Julio 2026
Un mujer con un turbante en la cabeza y una playera blanca con una foto al centro, está sentada en el exterior donde se observan alojamientos temporales

Aracelis Álvarez, de 52 años, una lideresa de la comunidad de César Nieves, en La Guaira, ayudó a organizar la respuesta tras los terremotos del 24 de junio de 2026.

Antes de que el sol termine de subir y empiece a calentar las carpas, Aracelis Álvarez ya está despierta.

En el campamento transitorio de César Nieves, en La Guaira, Venezuela, las mañanas empiezan temprano. Poco a poco se oyen carpas abriéndose, voces que se saludan, niños y niñas que buscan jugar, vecinos que preparan ‘cachapas’ o preguntan cómo fue la noche. Entre el ajetreo, Aracelis camina de un lado a otro como quien conoce no solo el lugar, sino también a cada persona que allí habita.

A sus 52 años, nacida y criada en la zona de César Nieves, Aracelis es una lideresa comunitaria de toda la vida. Antes de los terremotos que afectaron Venezuela el 24 de junio, ya era una referencia para sus vecinos: organizaba entregas de alimentos, apoyaba temas sociales y acompañaba a familias que acudían a ella en busca de orientación. Hoy, su liderazgo se ha vuelto clave en la respuesta a los terremotos.

“¿Quién es mi familia? Yo considero que todos los vecinos”, comenta Aracelis. “Porque en verdad nos hemos abocado a apoyarnos mucho”.

La comunidad que ahora se organiza entre carpas, espacios comunes y viviendas dañadas era, hasta hace unas semanas, el lugar donde muchas familias habían construido su vida. Aracelis acababa de llegar de trabajar en el mercado comunitario y preparaba unos platanitos para su nieto cuando sintió lo que primero pensó que era un mareo y luego una sacudida violenta.

“Empezó el movimiento fuerte que me pegaba de pared a pared”, recuerda. “Cuando traté de llegar hasta donde estaba mi nieto, vi que la pared se abrió. Lo que me dio fue chance de jalarlo por los piecitos y resguardarnos en el marco”.

Minutos después, parte de la estructura cayó. Aracelis y su familia lograron salir hasta el centro del estadio César Nieves. Afuera, la escena era de polvo, gritos y confusión. Vecinos buscaban a sus familias, otros ayudaban a sacar personas de viviendas colapsadas. En medio del miedo y las pérdidas, Aracelis hizo lo que mejor sabe hacer: liderar y organizar.

“Nosotros como comunidad decidimos organizarnos. Yo empecé automáticamente a buscar a los que saben cada uno su profesión”.

Así, ella y otros líderes y lideresas comunitarias, identificaron al enfermero, a las maestras, a los albañiles, a los electricistas. Con una sábana improvisaron un punto de salud. Luego llegaron toldos, una planta eléctrica, agua y otros apoyos. Su propia casa, aunque le falta una pared, se convirtió en centro de acopio para recibir y distribuir ayuda: agua, pañales, fórmulas para bebés, toallitas húmedas y otros insumos que las familias siguen necesitando.

“Sabemos que esto es para largo”, señala. “Reconstruir César Nieves de la noche a la mañana no va a ser posible. Tenemos que ir paso a paso”.

Los terremotos del 24 de junio dejaron a miles de familias venezolanas enfrentando pérdidas, desplazamiento e incertidumbre, con comunidades como la de Aracelis en La Guaira entre las más afectadas. Un mes después, en apoyo a la respuesta liderada por las autoridades y como parte del esfuerzo más amplio de Naciones Unidas, ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, ha seguido brindando asistencia y servicios de protección a personas afectadas, incluyendo orientación, identificación de necesidades, entrega de insumos esenciales y coordinación con liderazgos comunitarios para que el apoyo llegue a quienes más lo necesitan.

A casi siete kilómetros de César Nieves, en el campamento transitorio del Polideportivo José María Vargas, Ramsés Sánchez, de 37 años, también conoce lo que significa ese liderazgo. Llegó ahí con su familia después de que las paredes de su casa se agrietaran. Como muchas otras personas, espera que las inspecciones determinen si podrá regresar. “Lo que más uno espera es regresar a su hogar”, expresa.

Un hombre que viste camiseta azul, está de pie en un albergue temporal. Detrás de él se observan decenas de literas

Ramsés Sánchez, de 37 años, residente en La Guaira, apoyó la organización del centro de acogida temporal del Polideportivo José María Vargas, luego de los terremotos del 24 de junio de 2026.

Desde el primer día, Ramsés se sumó a la organización del campamento. Ayuda a coordinar tareas, apoyar la entrega de artículos de asistencia, acompañar a otras familias y mantener el orden en medio de la incertidumbre. Dice que liderar no siempre es fácil, pero que se hace “de corazón y no por interés”.

“Aquí estamos ahorita como una familia”, señala. “A veces la familia no es solo de sangre, sino también el vecino o la vecina”.

Ramsés, residente de La Guaira

Para ACNUR, ese tejido comunitario es fundamental no solo en la emergencia, sino también en la recuperación.

“Un mes después, los servicios de protección son más importantes que nunca, y las lideresas y líderes comunitarios son un puente esencial entre las personas afectadas y la respuesta humanitaria y de protección”, explica Kristin Halvorsen, Representante encargada de ACNUR en Venezuela. “Conocen a sus comunidades, identifican riesgos y necesidades, y ayudan a que los servicios de protección lleguen de manera más cercana, oportuna y digna”.

Más allá de la atención inmediata, ACNUR trabaja para que la protección siga disponible de manera continua e integral: acceso a información confiable, orientación, apoyo psicosocial, identificación de riesgos, rutas de atención y servicios especializados para personas en situación de mayor vulnerabilidad, incluyendo personas retornadas.

En César Nieves, Aracelis sueña con ver la escuela, la cancha y las viviendas levantadas otra vez, “hasta más bonitas de lo que estaban”. Dice que nadie quiere irse. Que ahí están sus recuerdos, sus vecinos, su historia.

Mientras tanto, seguirá despertándose temprano, caminando entre carpas, preguntando quién necesita algo y guardando lo que pueda servir mañana. En medio de paredes marcadas y toldos azules y blancos, Aracelis sigue organizando algo más que ayuda: organiza la esperanza de una comunidad que insiste en levantarse junta.