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El trabajo de las personas refugiadas y migrantes ayuda a sostener la seguridad social, uno de los pilares del bienestar en Uruguay

Historias

El trabajo de las personas refugiadas y migrantes ayuda a sostener la seguridad social, uno de los pilares del bienestar en Uruguay

2 Septiembre 2026
Un joven posa para la cámara en una playa haciendo el gesto del corazón con las manos.

Juan Pablo, en la Rambla de Montevideo. Agradecimiento al Uruguay y proyectos para el futuro. “Recuperé la posibilidad de planificar”, dice.

Un informe presentado por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social muestra que más de 104.000 personas refugiadas y migrantes aportan hoy al sistema de seguridad social en Uruguay, contribuyendo al desarrollo económico del país y fortaleciendo sectores clave del mercado laboral.

MONTEVIDEO – Cada mañana, miles de personas refugiadas y migrantes salen a trabajar en empresas, comercios, hospitales, centros educativos y emprendimientos de todo Uruguay. Con su trabajo no solo construyen una nueva vida junto a sus familias, sino que también contribuyen al crecimiento económico y a la sostenibilidad del sistema de protección social del país. En un contexto marcado por el envejecimiento de la población y los desafíos que esto plantea para la seguridad social, la participación de miles de personas migrantes y refugiadas en edad activa fortalece la base de cotizantes que financia las prestaciones y ayuda a sostener uno de los pilares esenciales del bienestar en Uruguay.

Según datos presentados por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) y el Banco de Previsión Social (BPS), la cantidad de personas migrantes que cotizan a la seguridad social en Uruguay se duplicó entre 2017 y comienzos de 2026, superando las 104.000 personas. Actualmente, representan cerca del 6,5% del total de contribuyentes del país. La evidencia también muestra que estas personas participan activamente en el mercado laboral uruguayo. Las tasas de actividad y empleo de quienes llegaron recientemente al país son superiores a las de la población nativa, reflejando una fuerte disposición a incorporarse al mundo del trabajo y generar ingresos para sus hogares.

Entre ellas se encuentra Belkis, quien llegó desde Cuba a Uruguay tres años atrás en busca de estabilidad y oportunidades para su familia. “Empezar de nuevo nunca es fácil. Tuve que adaptarme a otro país, buscar trabajo y construir nuevas redes. Hoy tengo un empleo formal, realizo aportes al sistema de seguridad social y siento que puedo devolverle a Uruguay parte de todo lo que me ha brindado. Mi trabajo me permite sostener a mi familia y también contribuir al futuro de este país. Una siente que está poniendo su granito de arena, como dicen aquí”, cuenta.

Apenas llegó a Montevideo, Belkis realizó un curso sobre Atención a la Dependencia en la organización Casa de la Mujer de La Unión, en el marco de un proyecto de formación para la inserción sociolaboral que contó con el apoyo de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados. Lo aprendido fue la materia prima sobre la cual llegó su primer trabajo, pocas semanas después de finalizar la capacitación. En la actualidad, Belkis trabaja de forma independiente. “Gracias a la capacitación me he mantenido trabajando en ese rubro. Es un trabajo de sacrificio y dedicación. Hace ya tres años continúo en esa labor prestando mis servicios con mucho amor a aquellas personas que necesitan”, agregó.

Una mujer posa para una foto en una plaza.

Belkis, en la Plazoleta Alfredo Zitarrosa de Montevideo.

Juan Pablo, oriundo de Venezuela, también encontró en Uruguay un lugar donde reconstruir su proyecto de vida. “Para mí, lo más importante es que tu trabajo, de una manera digna y transparente, sea respaldado por una planificación. Que más adelante puedas tener una proyección y un reconocimiento, y que lo trabajado sea reconocido en tu vida con una retribución”, afirma. “Pero además, esos aportes que uno está logrando también son una contribución a una sociedad más justa y más equitativa... Creo que lo mejor es sentir que eso puede funcionar para que la gente pueda tener un sistema de salud de calidad, y que con los impuestos puedan llevarse adelante políticas públicas para una sociedad más integrada”, señala.

Los estudios presentados por el MTSS destacan que la población migrante y refugiada en Uruguay es predominantemente joven y se encuentra en edades activas de trabajo. Más del 70% de las personas cotizantes nacidas en el extranjero tienen entre 30 y 59 años, una característica que refuerza su aporte al mercado laboral y al financiamiento de los sistemas de protección social. Además, la investigación revela que muchas de estas personas poseen elevados niveles educativos. Entre quienes llegaron recientemente al país, aproximadamente la mitad cursó estudios universitarios, aunque con frecuencia se desempeñan en ocupaciones que requieren menores niveles de calificación.

La población migrante y refugiada tiene una presencia significativa en sectores como comercio, industria, servicios, salud, transporte, gastronomía e informática, contribuyendo a responder necesidades de mano de obra y aportando conocimientos y experiencias diversas. Durante la presentación de los informes, las autoridades uruguayas subrayaron la importancia de contar con evidencia para diseñar políticas públicas que promuevan la inclusión y combatan la discriminación. El ministro de Trabajo y Seguridad Social, Juan Castillo, destacó la necesidad de comprender mejor las dinámicas migratorias para garantizar derechos y oportunidades para todas las personas.

Las cifras muestran una realidad clara: cuando las personas refugiadas y migrantes pueden acceder a empleos formales y ejercer plenamente sus derechos, ganan ellas, ganan sus familias y gana también la sociedad que las recibe. En Uruguay, miles de personas ya contribuyen cada día a ese objetivo a través de su trabajo.