Con siete de cada diez refugiados viviendo en desplazamiento prolongado, el jefe de ACNUR pide redoblar esfuerzos para encontrar soluciones
Con siete de cada diez refugiados viviendo en desplazamiento prolongado, el jefe de ACNUR pide redoblar esfuerzos para encontrar soluciones
Hadigul lleva a sus hermanas pequeñas, Sabria y Freshta, mientras retornan a Afganistán. A pesar de las dificultades a las que se han enfrentado, esta familia tan unida demuestra su fortaleza y resiliencia en esta nueva etapa.
GINEBRA – Barham Salih, Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, presentó hoy el informe anual Tendencias Globales de ACNUR, que revela que el desplazamiento forzado en el mundo se redujo por primera vez en una década, aunque sigue alcanzando niveles inaceptablemente altos.
En 2025, 5,4 millones de personas escaparon de la violencia y la persecución huyendo a otros países. Sin embargo, el informe también constata una aceleración de los retornos: 14,7 millones de personas desplazadas regresaron a sus lugares o países de origen (4,4 millones de refugiados y 10,3 millones de desplazados internos), con aumentos especialmente significativos en Afganistán, Sudán y Siria. Los retornos de personas refugiadas fueron los segundos más numerosos desde que comenzaron los registros hace seis décadas, aunque muchos se produjeron bajo presión y en condiciones precarias en los países de retorno.
En conjunto, los datos muestran que el número de refugiados en el mundo se redujo un 3% en 2025, hasta situarse en 41,6 millones. Como dato positivo, cerca de 46.000 personas apátridas obtuvieron la ciudadanía en 24 países durante el último año.
Con el 70% de los refugiados atrapados durante años en el exilio y muchos viviendo por debajo del umbral de la pobreza, Salih instó también a la comunidad internacional a respaldar una nueva iniciativa destinada a sacar a millones de personas de la situación de desplazamiento prolongado y de la dependencia de la ayuda humanitaria.
“Para demasiadas personas refugiadas, el desplazamiento comienza como una tabla de salvación, pero acaba prolongándose toda una vida”, afirmó Barham Salih. “La ayuda humanitaria salva vidas, pero no puede ser el destino final ni permite a los refugiados tomar las riendas de su futuro. Necesitamos un cambio de paradigma que abra nuevas oportunidades y devuelva la esperanza a quienes huyen de la guerra y la persecución”.
Salih planteó un objetivo claro y medible: reducir en más de la mitad durante la próxima década el número de personas refugiadas que viven en situaciones prolongadas de desplazamiento y dependen de la ayuda humanitaria, mejorando así las perspectivas de millones de personas. La iniciativa, centrada en los países de ingresos bajos y medios que acogen a la mayoría de la población refugiada, pasa por ampliar las oportunidades de retorno, reubicación, reasentamiento y acceso a visados humanitarios, así como por sustituir gradualmente los modelos tradicionales de asistencia por estrategias orientadas a la autosuficiencia.
La iniciativa hace un llamamiento a gobiernos, actores humanitarios y de desarrollo, sector privado y sociedad civil para intensificar los esfuerzos que permitan empoderar a las personas refugiadas, sin dejar de defender el asilo y la protección, más relevantes que nunca en 2026, año del 75º aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados.
Salih detalló las medidas necesarias para alcanzar este ambicioso objetivo, que persigue que los ingresos obtenidos por los propios refugiados —excluida la ayuda humanitaria— alcancen al menos el umbral nacional de pobreza en los países donde residen.
Aun así, el retorno voluntario debe ser la principal solución. La resolución de algunos de los grandes conflictos del mundo permitiría que millones de refugiados regresaran a sus hogares de forma segura y digna.
Otro pilar fundamental es la inclusión de las personas refugiadas en los sistemas nacionales de educación, salud, servicios financieros y mercados laborales, de modo que puedan generar ingresos y contribuir a las economías locales y nacionales. Esto requiere una mayor inversión por parte de múltiples socios para apoyar a los países de acogida, que ya están sobrecargados.
Por último, Salih subrayó la necesidad urgente de ampliar las soluciones en terceros países, mediante el reasentamiento de los casos más vulnerables, la reunificación familiar y el acceso a permisos de trabajo y becas. La brecha entre las necesidades existentes y las plazas disponibles es enorme y continúa ampliándose. Según el informe, en 2025 las llegadas a través de programas de reasentamiento o patrocinio se redujeron más de un 50% respecto al año anterior, hasta las 81.800 personas.
“El asilo y la protección salvan vidas y no están en cuestión, pero no podemos aceptar un futuro en el que millones de refugiados sigan atrapados durante años o décadas sin perspectivas reales de reconstruir sus vidas”, señaló Salih. “Contamos ahora con un objetivo ambicioso, alcanzable y cuantificable para impulsar la autosuficiencia y mejorar la vida de millones de personas. ACNUR movilizará a todos los sectores de la sociedad para responder a este desafío y abrir vías que permitan a millones de personas refugiadas salir de la realidad del desplazamiento prolongado”.
Notas para los editores
El informe Tendencias Globales muestra que más del 70% de los refugiados y otras personas que necesitan protección internacional procedían de Afganistán, Sudán del Sur, Sudán, Siria, Ucrania y Venezuela.
Los principales países de acogida de refugiados y otras personas que necesitan protección internacional en 2025 fueron Colombia (2,8 millones), Alemania (2,7 millones), Türkiye (2,4 millones), Uganda (1,9 millones), Irán (1,7 millones), Chad (1,5 millones) y Pakistán (1,3 millones).
Según los datos del Observatorio del Desplazamiento Interno (IDMC), a finales de 2025 había unos 68,6 millones de desplazados internos por conflictos o violencia, un 7% menos que un año antes. Sudán seguía siendo la mayor crisis de desplazamiento interno del mundo, con 9,1 millones de personas desplazadas dentro del país. La guerra en Oriente Próximo, iniciada en febrero de 2026, provocó además que alrededor de un millón de personas estuvieran desplazadas internamente en el Líbano a mediados de mayo de 2026 y que 3,2 millones de personas permanecieran desplazadas temporalmente en la República Islámica de Irán a finales de marzo de ese mismo año.
A finales de 2025 se contabilizaban en el mundo aproximadamente 4,5 millones de personas apátridas, un 3% más que el año anterior.