Discurso del Alto Comisionado ante el Senado de la República de México con motivo de la conmemoración del 75º aniversario de la Convención sobre los Refugiados
Discurso del Alto Comisionado ante el Senado de la República de México con motivo de la conmemoración del 75º aniversario de la Convención sobre los Refugiados
El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Barham Salih, pronuncia un discurso en el Senado de la República de México, en Ciudad de México.
Señor Presidente del Senado, Senador Higinio Martínez Miranda,
Honorables Senadores,
Secretaria Rosa Isela Rodríguez, representantes del Gobierno de México,
Excelencias, colegas y amigos,
Gracias, Señor Presidente, por su generosa bienvenida y sus amables palabras.
Es un gran honor concluir mi visita oficial a México aquí, en el Senado de la República, junto a representantes de sus poderes legislativo y ejecutivo.
En los últimos días, he podido comprobar de primera mano lo que ha hecho posible la larga colaboración entre México y ACNUR. Me he reunido con personas e instituciones que trabajan para garantizar que quienes necesitan protección puedan encontrarla, y que quienes la encuentran tengan una oportunidad real de construir un futuro aquí.
También he percibido un firme compromiso con la labor que nos espera: reforzar el sistema de asilo en México y desarrollar un enfoque nacional más integral en materia de integración.
Ese compromiso confiere un significado especial a nuestra reunión de hoy.
Los aniversarios nos invitan a mirar hacia atrás. Pero este también nos pide que observemos con atención el mundo que tenemos ante nosotros.
Hace setenta y cinco años, tras la Segunda Guerra Mundial, las naciones se unieron en torno a un principio sencillo pero profundo: que las personas forzadas a huir a causa de la persecución, el conflicto y la violencia no deben quedarse sin protección.
La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 dotó a ese principio de fuerza de ley. Estableció los derechos de las personas refugiadas y las responsabilidades de los Estados. En su esencia se encuentra la promesa de que una persona que busca protección no será devuelta a un lugar donde su vida o su libertad se vean amenazadas.
Durante 75 años, la Convención ha ayudado a salvar vidas y ha permitido a millones de personas reconstruir su futuro. Sus principios han perdurado a pesar de los profundos cambios que ha experimentado el mundo.
Pero no podemos honrarla simplemente recordando lo que ha logrado.
Hoy en día, más de 117 millones de personas se han visto forzadas a huir de sus hogares. Los conflictos se multiplican y muchos se prolongan cada vez más. Al mismo tiempo, el acceso al asilo se está volviendo más difícil en muchas partes del mundo.
Por lo tanto, este aniversario exige algo más que una celebración de la Convención. Exige una renovación de nuestra determinación para hacer realidad su promesa.
México tiene una importante contribución que hacer.
México ha construido un sólido marco jurídico para la protección de las personas refugiadas. Y en un momento en el que los sistemas de asilo de muchos países se encuentran bajo presión, sigue demostrando que la protección puede mantenerse en la práctica.
Esto requiere un trabajo constante. Exige instituciones capaces de acoger a las personas, evaluar sus solicitudes de forma justa y adaptarse a medida que cambian las circunstancias. Requiere tanto compasión como rigor.
Estas cualidades se refuerzan mutuamente. Un sistema de asilo creíble debe identificar quién necesita protección internacional y proporcionársela. Pero también debe identificar quién no la necesita. Unos procedimientos sólidos refuerzan la confianza de la ciudadanía. Y la eficiencia es importante cuando ayuda a las personas a recibir una respuesta justa sin demoras innecesarias.
La experiencia de México demuestra que un país puede reforzar su sistema de asilo sin debilitar la protección que ofrece.
También debemos ser cautelosos al interpretar los cambios en el número de personas que llegan.
En general, las llegadas de personas migrantes y solicitantes de asilo a México han disminuido.
Una proporción cada vez mayor de quienes llegan afirma haber huido de la violencia, la persecución y otras amenazas graves.
Por lo tanto, las necesidades pueden seguir siendo considerables incluso cuando las cifras cambian. México está contribuyendo a garantizar la capacidad para acoger a las personas, escuchar sus solicitudes y proteger a quienes no pueden regresar a sus hogares de forma segura.
Pero la labor no termina cuando se reconoce a una persona como refugiada.
La protección es el comienzo de un nuevo capítulo. Reconstruir una vida significa poder trabajar, aprender, mantener a una familia y sentirse integrado.
Por eso me ha animado tanto el compromiso del Gobierno de México con la integración.
Ayer me reuní con la Secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez. Hablamos de México Integra y de la ambición del Gobierno de impulsar un ecosistema de integración integral y liderado por el Estado.
Es una visión importante. Es verdaderamente trascendental. La integración no puede depender únicamente de los esfuerzos de las personas refugiadas, ni de la buena voluntad de unos pocos empresarios y comunidades. Funciona mejor cuando el Gobierno, las autoridades locales, las empresas, el mundo académico y la sociedad civil trabajan juntos.
Lo comprobé de primera mano en Aguascalientes.
Ahí conocí a Mélida, quien lo expresó de forma sencilla: “Ve a la persona, no al refugiado, y van a conocer a una persona que no le dice que no al trabajo”.
Sus palabras se me quedaron grabadas.
En Aguascalientes, las personas refugiadas aportan sus habilidades y su determinación, mientras que los empresarios les abren las puertas a nuevas oportunidades. En Aumovio y Exedy, conocí a líderes empresariales que comprenden que la inclusión de la población refugiada genera valor tanto para las empresas como para las comunidades y las familias.
Esto no solo es bueno para las personas refugiadas. Es bueno para las empresas y es bueno para México.
Como me dijo un empresario: “Hacer el bien siempre es bueno”.
Así es como se ve una integración significativa. Las personas que se vieron forzadas a huir pueden mantener a sus familias y reconstruir su futuro. Las empresas ganan colegas comprometidos. Las comunidades ganan nuevos vecinos y personas que contribuyen a la sociedad.
La protección ofrece seguridad a las personas. La inclusión les brinda la oportunidad de seguir adelante.
México ya está demostrando lo que es posible.
A través del Programa de Integración Local, las personas refugiadas han podido trasladarse a lugares donde existen oportunidades laborales y reconstruir sus vidas. Los empleadores han ganado compañeros de trabajo comprometidos. Las comunidades han acogido a nuevos vecinos. Las familias que antes se enfrentaban a la incertidumbre han podido hacer planes para el futuro.
Estos son resultados concretos. Demuestran lo que es posible cuando la protección va de la mano de las oportunidades.
ACNUR y el Gobierno de México han acordado impulsar una estrategia conjunta para desarrollar un ecosistema nacional de integración denominado México Integra. Nos basaremos en la experiencia del Programa de Integración Local y apoyaremos a las instituciones mexicanas, las autoridades locales, las organizaciones de la sociedad civil y los socios del sector privado a medida que lleven adelante esta labor.
México liderará este esfuerzo, y ACNUR aportará apoyo técnico y conocimientos especializados.
Honorables Senadores,
Ustedes desempeñan un rol fundamental en esta labor.
Los principios de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados se hacen realidad a través de las leyes nacionales, las instituciones públicas y los recursos necesarios para ponerlos en práctica.
Las decisiones que se tomen en esta cámara determinarán si una persona puede acceder a un procedimiento de asilo justo; si un niño puede continuar su educación; si un adulto puede trabajar y mantener a su familia; y si las comunidades cuentan con el apoyo necesario para acoger a nuevos residentes.
Pueden contribuir a garantizar que las instituciones encargadas de la protección dispongan de las herramientas necesarias y que la integración se mantenga como una cuestión de política nacional.
Mexico’s efforts also speak to a broader challenge facing UNHCR and the world.
Los esfuerzos de México también reflejan un reto más amplio al que se enfrentan ACNUR y el mundo.
Millones de personas refugiadas llevan años, a veces décadas, dependiendo de la asistencia humanitaria. Esa asistencia salva vidas, especialmente en situaciones de emergencia. Pero las personas quieren algo más que sobrevivir. Quieren trabajar, mantener a sus familias, aprovechar sus capacidades y construir su propio futuro.
Esa es la idea que hay detrás de la visión “50 by 35” de ACNUR. Para 2035, nuestro objetivo es reducir a la mitad el número de personas refugiadas en situación de desplazamiento prolongado que dependen de la asistencia humanitaria.
Podemos avanzar ampliando las oportunidades de inclusión y autosuficiencia, de modo que las personas puedan reconstruir sus vidas y reducir su dependencia de la ayuda mientras esperan una solución duradera.
Y debemos buscar sin descanso esas soluciones: el retorno voluntario cuando las condiciones lo permitan, vías de acceso a terceros países y oportunidades de integración local o de estatus jurídico alternativo.
La experiencia de México se ajusta perfectamente a esta visión. Demuestra que proteger a la población refugiada y crear oportunidades no son objetivos opuestos. Se refuerzan mutuamente.
Demuestra que los refugiadas, si se les brindan protección y oportunidades, pueden convertirse en compañeros de trabajo, vecinos, emprendedores, contribuyentes y miembros activos de las comunidades que las han acogido.
Ningún país debería tener que asumir esta responsabilidad en solitario. La solidaridad internacional debe traducirse en un apoyo concreto a los países que ofrecen protección e invierten en el futuro de las personas que acogen.
Por eso estoy profundamente agradecido por la decisión de México de participar como co-convocante del Foro Mundial sobre los Refugiados de 2027.
También celebro la vicepresidencia de México en el Plan de Acción de Chile, surgido del proceso Cartagena+40. La región cuenta con una larga tradición de responder al desplazamiento mediante la cooperación y la innovación. México tiene una valiosa experiencia que compartir a medida que continúa esa labor.
Estos compromisos contribuirán a dar a conocer el liderazgo de México a una audiencia internacional más amplia. Además, crean oportunidades para convertir los principios compartidos en un apoyo más sólido, mejores políticas y resultados tangibles para las personas refugiadas y las comunidades que les acogen.
Señor Presidente, honorables Senadores,
Setenta y cinco años después de la adopción de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, nos enfrentamos a retos que sus redactores no pudieron prever. Sin embargo, el principio que los unió sigue siendo tan claro y necesario hoy como lo era entonces.
Una persona forzada a huir debe poder buscar protección. Un país que brinde protección merece el apoyo de los demás. Y encontrar protección debe abrir un camino hacia la reconstrucción de una vida.
Durante esta visita, he visto cómo México da un sentido práctico a esos compromisos.
Agradezco al Gobierno, a este Senado, a los funcionarios públicos, a las autoridades locales, a las organizaciones de la sociedad civil, a las empresas y a las comunidades que participan en esa labor.
Y, sobre todo, doy las gracias al pueblo de México por la acogida que ha brindado a quienes buscan protección.
ACNUR seguirá acompañando a México en el fortalecimiento de su sistema de asilo y en la creación de nuevas oportunidades para que los refugiados puedan contribuir y sentirse parte de la sociedad.
La Convención nos ha proporcionado unos cimientos que han perdurado durante 75 años. Nuestra responsabilidad ahora es mantener viva su promesa: proteger a quienes se ven forzados a huir y brindarles la oportunidad no solo de sobrevivir, sino de reconstruir sus vidas y contribuir a las sociedades que les acogen.
Gracias.