Apátrida en Serbia: cómo sobrevivir sin existir

Serbia está trabajando para resolver los problemas de los gitanos desplazados de Kosovo, como Raman, que aún lucha por obtener todos los derechos de ciudadanía.

Para Raman las dificultades de la vida son más grandes porque ningún país lo reconoce como ciudadano: "Me bastaría con ser un ciudadano común".  © ACNUR/D.Rako

BELGRADO, Serbia, 17 de julio de 2014 (ACNUR) – Raman es un romaní de 27 años que sobrevive en un limbo legal porque ningún país lo reconoce como ciudadano. Y sin embargo no tiene muchas pretensiones. "Me bastaría con ser un ciudadano común", dice.

Nació en Kosovo en 1987, cuando los Balcanes formaban parte de Yugoslavia, pero su nacimiento nunca fue registrado: "Entonces no sabíamos nada de registros civiles o documentos, ni de cómo podían influir en mi vida".

Sus trámites de legalización son apoyados por ACNUR a través de la organización no gubernamental serbia Praxis y aunque hasta el momento han dado algunos pasos hacia delante, está lejos de alcanzar la ciudadanía o los derechos que la acompañan.

A los 11 años Raman abandonó su patria con toda su familia durante la crisis de Kosovo de 1999. Pero al no tener ni documentos ni ciudadanía sufrieron acoso y les costó acceder a servicios básicos tales como la educación y la atención sanitaria, desplazarse y encontrar trabajo.

"Es complicado. La policía me paró muchas veces y me amenazó con arrestarme o multarme porque me faltaba el documento de identidad. Vivo aterrorizado". Estos problemas de los romaníes nacidos en la antigua Yugoslavia que nunca adquirieron una nacionalidad son compartidos por los casi 10 millones de apátridas que hay en el mundo.

En Kosovo la infancia de Raman fue dura pero feliz. Cuando tenía pocos meses su padre murió y su madre los dejó a él y a los otros cinco hijos con un tío. Era una persona bondadosa, "pero no fuimos al colegio porque trabajábamos con él para poder comer".

Al acabar el conflicto en junio de 1999, con la retirada del ejército serbio comenzó la huida de los romaníes y los civiles serbios. En Belgrado se multiplicaron las dificultades. Raman y sus hermanos permanecieron en una choza de adobe sin recibir asistencia porque no tenían documentos que demostraran que eran desplazados internos de Kosovo. Tuvieron la suerte de reencontrarse con la madre, que vivía en la aldea de Smederevo como desplazada, y terminaron quedándose allí cuatro años, hasta que Raman decidió volver a Belgrado para buscar trabajo.

De pronto abrió los ojos: "Conforme me iba haciendo adulto fui entendiendo que todo era más difícil sin documentos", explica Raman, que ayudaba a su padrastro a recoger basura reciclable. "Sin papeles ni formación nunca iba a mejorar".

Recuerda los acosos y las amenazas de arresto por parte de la policía por indocumentado. Una vez cuando iba a comprar medicamentos y otra cuando tuvo un accidente con el vehículo que utilizaba para recoger plástico, metales y papel. Lo castigaron por no tener licencia para conducir: "La policía fue a buscarme a mi casa aunque no tenía documentos y me condenaron a dos años con la condicional aunque yo no existía en ninguna parte". Era evidente que cuando el Estado quería, sabía cómo encontrarlo y cuando no, volvía a considerarlo invisible.

Muchos apátridas romaníes desplazados de Kosovo carecen de recursos para afrontar el largo y costoso trámite de registrar su nacimiento y pedir la ciudadanía y muchos ni siquiera saben que tienen derecho a hacerlo.

Raman tuvo la suerte de que su caso fuera apoyado por Praxis, una ONG que recibe recursos de ACNUR para prestar asistencia legal gratuita a las comunidades menos favorecidas, tales como los romaníes y otras minorías étnicas.

Praxis es también una de las organizaciones que han colaborado con el gobierno en la definición de un nuevo procedimiento para establecer la fecha y el lugar de nacimiento. En el caso de Raman, su nacimiento ha quedado registrado en diciembre de 2013. Pero verse reconocida la existencia no ha significado mucho:

"Todavía no tengo ni documento de identidad, ni derechos, ni ciudadanía". El problema principal es demostrar su domicilio formal y la nacionalidad de sus padres, sin los cuales obtener el documento o el pleno goce de los derechos cívicos es imposible.

Según un estudio realizado por ACNUR en 2011 vivían en Serbia sin partida de nacimiento u otro documento personal de identificación unos 4.500 romaníes. El Ministerio del Interior de Serbia se comprometió a dar prioridad a estos casos y a tratarlos con flexibilidad, mientras que una nueva ley sancionada por la Asamblea Nacional serbia autorizó a quienes carecen de domicilio formal a declarar como tal la sede del centro de bienestar social local.

Lamentablemente una interpretación restrictiva de la nueva ley limitó este derecho solamente a quienes nunca habían registrado su residencia antes y dejó de lado a la mayor parte de los romaníes desplazados en Serbia que viven en campamentos informales. Al suponer que tienen domicilios en Kosovo, les reconoce acceso limitado a los derechos fundamentales. A instancias de ACNUR y de la sociedad civil, Serbia tomó medidas importantes para corregir este problema y se comprometió a inscribir a los romaníes en el registro civil y a entregarles los documentos para finales de 2015.

Raman no para de soñar: "Con la ciudadanía tendré más libertad de movimiento y podré sacar la licencia para conducir. Tal vez encontraré trabajo como recolector de basura para la municipalidad y podré reconocer la paternidad de mis tres hijas. Ya no tendré que buscarme la vida para dar de comer a mi familia o comprar medicinas. Sueño con tener por lo menos una casa decente con agua y electricidad". E insiste: "Me bastaría con ser un ciudadano común".

*El nombre completo se ha omitido por razones de seguridad.

Por Davor Rako desde Belgrado, Serbia