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Abogados sudaneses desplazados reciben formación para ejercer su profesión en Chad

Historias

Abogados sudaneses desplazados reciben formación para ejercer su profesión en Chad

Tras huir del conflicto en Sudán, abogados desplazados pueden ahora reanudar su actividad jurídica gracias a un programa de formación respaldado por ACNUR al este de Chad.
25 Junio 2026 Disponible también en:
Una mujer sonriente con la cabeza cubierta por una tela blanca

La abogada Amira Hashim Ali, de 37 años, dejó atrás su nuevo despacho de abogados cuando huyó del conflicto en Sudán hacia Chad.

Amira se encuentra sentada entre una hilera de alojamientos provisionales que cubren el paisaje del campamento de refugiados de Iridimi, al este de Chad, cerca de la frontera con Sudán. En abril de 2023, cuando las familias llegaron tras huir de la guerra que estalló al otro lado de la frontera, muchos de los nuevos alojamientos del campamento de Iridimi se construyeron a toda prisa con los materiales que tenían a su alcance en ese momento: palos, mantas y lonas de plástico.

El campamento se ha ido ampliando de forma constante y ahora acoge a casi 42.000 personas refugiadas sudanesas. Para muchas de ellas, su rutina diaria aquí se parece muy poco a la vida que llevaban antes en Sudán. Muchas estaban acostumbradas a salir a trabajar, a ayudar a los demás o a ocupar puestos de responsabilidad en sus comunidades. En el campamento de refugiados de Chad, los días transcurren buscando agua, comida y alojamiento, con pocas oportunidades de poner en práctica sus habilidades y experiencia.

“Cuando estoy haciendo fila para conseguir agua, empiezo a recordar dónde estaba antes”, cuenta Amira, de 37 años, quien lleva casi tres años viviendo en el campamento. “Estaba a punto de olvidar que un día fui abogada”.

Amira creció en El Fasher, la capital de la región de Darfur del Norte, en Sudán. Su madre era abogada y, de niña, a Amira le encantaban las películas con escenas en los tribunales en las que los expertos jurídicos elaboraban argumentos convincentes en defensa de sus clientes. Era casi inevitable que la propia Amira estudiara Derecho, completara su formación y, más tarde, comenzara a ejercer en Omdurman, en el estado de Jartum.

Antes de la guerra, se enorgullecía de mediar entre las personas y de ser una voz firme en defensa de la justicia. Sus días giraban en torno a las vistas judiciales, las reuniones con clientes y el estudio de casos jurídicos. A principios de 2023, apenas unos meses antes de que estallaran los combates, abrió un despacho en Jartum, invirtiendo todo lo que tenía en crear su propio bufete.

La mañana del 15 de abril de 2023, Amira dormía cuando su hermano la llamó desde El Fasher y le dijo que encendiera la televisión. El mercado Al-Arabi de Jartum, donde trabajaba, estaba en llamas. A partir de ese momento, moverse por la ciudad dejó de ser seguro. Amira nunca volvió a su despacho y, en los días siguientes, este fue incendiado.

Vulnerables por su profesión

Al mismo tiempo, se desarrollaba una historia similar en Darfur Occidental, donde la violencia dirigida contra los abogados era, en ocasiones, escalofriantemente selectiva.

En Al-Geneina, Mohamed Hamid se había construido una vida que nunca imaginó que tendría que abandonar. A sus 43 años, era abogado, padre de cinco hijos y una presencia familiar en su comunidad y en la ciudad que amaba.

“Nací en Al-Geneina. Ahí crecí y jugué. Ahí estudié. Cada rincón significa algo para mí”.

Cuando estallaron los combates en abril de 2023, la vida que había construido con esmero a lo largo de décadas se desmoronó rápidamente. Mohamed y su familia huyeron de su hogar con solo la ropa que llevaban puesta. A medida que la violencia se extendía, los abogados comenzaron a desaparecer de la vida cotidiana.

Un hombre sostiene un traje doblado sobre su antebrazo izquierdo en una habitación a la sombra, con mosquiteras de fondo

Mohamed Hamid, un abogado de Al-Geneina que huyó a Chad, sostiene el primer traje que se compró cuando se convirtió en abogado.

Poco después, Mohamed se vio separado de su familia. Durante semanas, no tuvo ninguna información sobre dónde estaban ni si seguían con vida. La incertidumbre lo consumía.

“No dejaba de pensar en mis cinco hijos”, recuerda. “La idea de perderlos a todos de golpe era devastadora”.

Su viaje en solitario hacia un lugar seguro distó mucho de ser sencillo: en su primer intento, Mohamed fue detenido y devuelto a Al-Geneina. Finalmente, logró ponerse a salvo en Adré, en Chad, donde también se reunió con su familia tras casi un año de separación.

Pero, a pesar del alivio de encontrar a su esposa y a sus hijos sanos y salvos, al no tener forma de ejercer la abogacía, se sentía despojado del rol que le había definido durante la mayor parte de su vida.

Un rol restaurado

El punto de inflexión se produjo cuando Mohamed se incorporó a un programa de formación jurídica respaldado por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y la Fundación Mastercard.

Hasta la fecha, cien profesionales del derecho sudaneses desplazados se han sumado al programa en Abéché, la capital regional situada a unos 150 kilómetros al oeste de Adré. El grupo incluye a abogados con experiencia como Mohamed y Amira, así como a recién graduados y estudiantes cuyos estudios se vieron interrumpidos por el conflicto.

La formación estuvo a cargo de profesionales de N'Djamena y Abéché, entre ellos el presidente del Tribunal de Apelación, el Fiscal de la República y el Primer Fiscal General Adjunto. El programa combina teoría y práctica e incluirá el seguimiento de juicios en audiencia pública.

Al obtener la certificación de la Organización para la Armonización del Derecho Mercantil en África, los participantes podrán ejercer la abogacía en Chad y en otros 17 países miembros tras completar el curso.

“Para mí, la ley tiene que ver con los derechos. Si las personas no conocen sus derechos, los pierden”, afirmó Amni Youssouf, otro participante en el programa de formación que huyó de Sudán en circunstancias similares a las de Mohamed.

Un hombre sonriente, vestido con una camisa clara con botones, posa en el exterior con los brazos cruzados frente a un edificio pintado de amarillo

Amni Youssouf tiene previsto utilizar su formación jurídica para ayudar a otras personas refugiadas que viven en el campamento de Iridimi.

Amni y su familia llegaron finalmente al este de Chad, donde nació su hijo menor en el campamento de Iridimi. Al igual que muchos profesionales que encontraron protección en Iridimi, quería utilizar sus conocimientos para apoyar a otras familias desplazadas.

“Mis conocimientos jurídicos siempre me permiten ayudar”, explica.

Ahora, tras obtener la certificación y recibir formación en derecho chadiano, tiene previsto utilizar sus conocimientos jurídicos para apoyar a personas en situaciones vulnerables. “Lo primero que haremos es sensibilizar sobre los derechos de las personas refugiadas”, afirma.

Para Amni, Mohamed, Amira y otras personas en su misma situación, aprender el derecho chadiano les ha permitido volver a trabajar, reconstruir sus medios de vida y aportar sus habilidades en un momento en el que muchas familias desplazadas tienen dificultades para desenvolverse en sistemas jurídicos desconocidos.

“Este taller me ayudó a salir de un entorno en el que me sentía profundamente frustrada. Me devolvió mis capacidades”, asegura Amira.

“Si no fuera por esta formación, muchos de nosotros habríamos perdido nuestra voz y nuestra capacidad de actuar”, concluye Mohamed.