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Mi historia, mi futuro

Historias

Mi historia, mi futuro

El desplazamiento es solo un capítulo en la vida de una persona, no toda su historia.

Las personas refugiadas, desplazadas y retornadas aportan habilidades, conocimientos y resiliencia, y desean contribuir de manera significativa a las comunidades que las acogen. Sin embargo, con demasiada frecuencia, existen barreras que les impiden hacerlo, como la falta de oportunidades para acceder a un empleo formal, a una educación de calidad o, más simplemente, a documentación y servicios esenciales.

En América Latina y el Caribe, estas oportunidades son posibles gracias a políticas públicas inclusivas e innovadoras, a un sector privado comprometido activamente con la construcción de sociedades estables y prósperas, y a comunidades de acogida y de retorno solidarias. Pero, sobre todo, son posibles gracias al esfuerzo y al trabajo de las personas que se han visto obligadas a dejarlo todo para reconstruir su vida en otro país o que están retornando a sus hogares para empezar de nuevo.

Así, los sueños, proyectos y aspiraciones de las personas refugiadas, desplazadas y retornadas en la región pueden convertirse en realidades y traducirse en aportes concretos a la sociedad.

Porque el desplazamiento es solo un capítulo en la vida de una persona, no toda su historia.

En la región, este enfoque se fundamenta en una larga tradición de inclusión y protección, y se traduce en soluciones que son un ejemplo para el mundo, en línea con la visión 50 para 35 de ACNUR, que pretende ampliar las oportunidades de integración, autosuficiencia y soluciones duraderas para millones de personas en situaciones de desplazamiento prolongado en todo el mundo.

Las historias

Al centro, una mujer con su hija y su hijo adolescentes. Su hija, quienestá a su lado izquierdo, sostiene entre sus brazos a un gato
Daysi huyó de su país para defender el futuro de sus hijos. Un programa de ACNUR le dio la oportunidad de rehacer su vida en Aguascalientes, una ciudad industrial en el centro de México, donde trabaja en una planta automotriz.
Yuliveth posa para una foto en un laboratorio rodeada dispositivos y mostrando en la mesa delante de ella varios modelos de pequeños robots.
Tras verse obligada a dejar Venezuela cuando era adolescente, Yuliveth Jardín trabajó para poder acceder a la universidad. Hoy, construye robots, se prepara para desarrollar una carrera en ciencia e inspira a muchas otras jóvenes.
Una mujer joven posa sonriendo sentada al borde de una cama tendida en una habitación colorida.
Cada decisión que ha tomado Andriuska ha tenido un mismo propósito: proteger a su familia. Tras su retorno a Venezuela, sus hijos han vuelto a ser ellos mismos, y ella, por fin, ha vuelto a encontrarse.

“Las personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares no dejan atrás sus esperanzas, su talento ni sus aspiraciones. Con las oportunidades adecuadas, pueden estudiar, trabajar, aportar y forjar su propio futuro. Nuestra responsabilidad es ayudar a que esas oportunidades se hagan realidad”.

Barham Salih, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados

50 para 35

En todo el mundo, 25 millones de personas viven en situaciones de desplazamiento prolongado. Millones de ellas dependen de la ayuda humanitaria para satisfacer sus necesidades básicas y no tienen acceso a oportunidades.

La asistencia humanitaria salva vidas, pero no es una solución a su situación. Las personas refugiadas merecen la oportunidad de recuperar su autonomía y construir un futuro.

La visión 50 para 35 de ACNUR representa el compromiso de reducir en un 50% – hasta 2035 – el número de personas refugiadas que dependen de la ayuda humanitaria para sobrevivir y que, en la actualidad, no tienen acceso a las oportunidades que les permitirían cambiar sus vidas.