Mi historia, mi futuro: Yuliveth hace mucho más que construir robots
Mi historia, mi futuro: Yuliveth hace mucho más que construir robots
Yuliveth Jardín en el laboratorio de robótica de la Facultad de Ingeniería Mecánica de la Universidad Nacional de Ingeniería de Perú. Yuliveth ha sido la primera mujer venezolana en ser admitida al programa de Ingeniería Mecánica y Eléctrica de la universidad y hoy integra el equipo de robótica de la universidad.
El robot que está frente a Yuliveth Jardín es el resultado de investigación, trabajo en equipo, horas de pruebas y la voluntad de volver a empezar cuando algo no funciona. Yuliveth sabe mucho de todo eso.
A sus 24 años, esta joven venezolana cursa el sexto semestre de Ingeniería Mecánica Eléctrica en la Universidad Nacional de Ingeniería, en Lima. Forma parte del Centro de Investigación y Desarrollo de su facultad y del equipo de robótica de la universidad, con el que ha participado en competencias nacionales e internacionales.
Sin embargo, lo que hace Yuliveth va mucho más allá de construir robots.
“Me gustaría lograr muchas cosas. Quisiera enfocar mi carrera principalmente en el avance científico. Quisiera poder aportar a la ciencia en algún momento de mi carrera”, dice.
Es una ambición que habría sido difícil de imaginar cuando Yuliveth llegó al Perú en 2019, a los 16 años, después de haber tenido que dejar Venezuela.
“Empezar de nuevo ha significado para mí un proceso muy complicado, la verdad. Honestamente, no queríamos salir de nuestro país, sino que fuimos obligados debido a la propia situación que se vivía”, cuenta.
Su madre había llegado al Perú seis meses antes y ambas volvieron a encontrarse allí. Pero construir una nueva vida requería mucho más que encontrar un lugar donde vivir. Yuliveth quería estudiar.
Durante dos años y medio trabajó como mesera para ahorrar dinero y poder pagar la academia que la prepararía para ingresar a la universidad.
“Siempre estudiaba desde las 8 de la mañana hasta las 9 de la noche”, recuerda.
Yuliveth (al centro) con sus compañeras del equipo de robótica de la universidad, Nicole y Viviana, monitoreando los movimientos de un robot en una tablet.
Su amiga peruana Nicole Mateo recuerda muy bien aquellos días. Se conocieron en la academia y, tiempo después, se convirtieron en compañeras de universidad.
“Recuerdo que cuando estábamos en la academia, ella se sentaba en primera fila y por las tardes se quedaba en la biblioteca estudiando para ingresar”, cuenta Nicole. “Pero detrás de eso había aún mucho más esfuerzo, porque al mismo tiempo trabajaba”.
En 2024, Yuliveth se convirtió en la primera mujer venezolana admitida en el programa de Ingeniería Mecánica Eléctrica de la universidad.
Para Nicole, sin embargo, la historia de su amiga va mucho más allá de sus logros académicos.
“Yuli es una de mis más grandes amigas. Es una persona muy comprometida, muy amable, muy alegre, que se esfuerza bastante por lograr sus sueños y sus objetivos y que, en el camino, ayuda a los demás”, dice.
Yuliveth participa activamente en proyectos y actividades universitarias, además de sus estudios y su trabajo con el equipo de robótica Terrabots UNI.
“No es solamente una estudiante que se enfoca o se limita a llevar cursos de la carrera, sino que también participa activamente en centros estudiantiles y en proyectos de la universidad. Busca aportar”, explica Nicole. “A mí ella me ayudó y me motivó a aprender cosas que pensaba que eran complicadas”, cuenta.
La experiencia de Yuliveth refleja el potencial de una comunidad mucho más grande.
Perú acoge a 1,64 millones de personas venezolanas, lo que lo convierte en el segundo país de acogida más grande para venezolanos en el extranjero. Lima alberga a la mayor comunidad venezolana fuera de Venezuela.
Muchas personas venezolanas llegan con formación, experiencia profesional y capacidades que pueden aportar a sus comunidades. Sin embargo, contar con esas capacidades no siempre significa poder ponerlas en práctica.
Yuliveth muestra el funcionamiento de uno de los robots qua ha construido al Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Barham Salih, en su reciente visita a Perú, el pasado 30 de septiembre. El Alto Comisionado ha destacado la importancia de las oportunidades de acceso a la educación superior para las personas que están rehaciendo sus vidas en otro país.
Según la Encuesta Nacional de Hogares sobre Condiciones de Vida de la Población Venezolana de 2024, realizada por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), con el apoyo del Banco Mundial y ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, el 44 por ciento de las personas venezolanas en el Perú tiene educación superior. Sin embargo, solo el 8 por ciento ha logrado reconocer formalmente sus estudios en el país.
Las cifras muestran la brecha que existe entre tener formación y poder utilizarla.
Para las personas forzadas a huir, acceder a documentación, educación, empleo y atención de salud puede ser fundamental para reconstruir una vida independiente y contribuir a las comunidades que las reciben. En el Perú, ACNUR trabaja junto con las autoridades nacionales y locales y sus socios para facilitar el acceso de las personas refugiadas y sus comunidades de acogida a estos servicios y oportunidades.
Para Yuliveth, la educación le ha abierto un camino que está decidida a recorrer. Ahora piensa en cómo convertir lo aprendido en algo que también pueda beneficiar a otras personas.
“Me gustaría aportar al Perú de cierta forma motivando a las demás personas a seguir estudiando, a poder avanzar. Por más que el camino al inicio se vea un poco complicado, sí se puede salir adelante si luchas mucho por tus sueños”, dice Yuliveth. “Estoy muy agradecida con todo el Perú y con todas esas lindas personas que han estado en mi camino apoyándome y dándome palabras de motivación para seguir adelante”.