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Discurso de cierre del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Barham Salih, en la 77ª sesión plenaria del Comité Ejecutivo

Discursos y declaraciones

Discurso de cierre del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Barham Salih, en la 77ª sesión plenaria del Comité Ejecutivo

16 Octubre 2026 Disponible también en:
El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Barham Salih, pronuncia su discurso.

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Barham Salih, pronuncia su discurso al cierre de la 77ª sesión del Comité Ejecutivo de ACNUR, en Ginebra.

Señor presidente, distinguidos delegados, colegas, socios y amigos:

Al concluir esta sesión del Comité Ejecutivo, quiero agradecerles la seriedad con la que han abordado los temas, la franqueza de nuestros intercambios y su compromiso constante con la protección internacional de las personas refugiadas.

Me ha complacido profundamente lo que he escuchado esta semana.

Ha habido diferencias de opinión y se han planteado cuestiones importantes. Y así debe ser.

Pero, en su gran mayoría, he percibido un firme apoyo al ACNUR y a su mandato, a la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados y al sistema de protección internacional en el que se sustenta, así como a la necesidad de mantener a las personas refugiadas, la protección y las soluciones en el centro de nuestros esfuerzos colectivos.

En este momento histórico, eso reviste una enorme importancia.

En un momento en que el sistema internacional está bajo presión, la protección se cuestiona y los recursos humanitarios disminuyen, no doy por sentado ese apoyo.

Eso nos da confianza. Nos motiva. Pero también conlleva una responsabilidad.

Debemos ser dignos de ese apoyo. Debemos actuar con confianza y firmeza, de conformidad con nuestro mandato, proteger su integridad, utilizar nuestros recursos de forma responsable y mantener la atención centrada en las personas a las que servimos.

Señor Presidente,

Quiero darle las gracias personalmente por su liderazgo, por su dirección de la Mesa, por su participación y su compromiso, que han sido muy apreciados. Dado que esta es la última reunión del Comité Ejecutivo en la que desempeñará este cargo, quiero reconocer especialmente su contribución personal y su compromiso con la causa de los refugiados. Teniendo en cuenta este compromiso, estoy seguro de que nuestros caminos volverán a cruzarse.

También quiero expresar mi reconocimiento a los vicepresidentes, el Embajador Deka y el Embajador Endren, por su labor a lo largo de este período de sesiones, así como a nuestra excelente relatora, Laura Blanco, de Colombia.

Y doy la bienvenida al Embajador Daka como presidente de la Mesa, así como a la Embajadora Ayşe Sözen Usluer, de Türkiye, al Embajador de Souza, de Brasil, y al consejero Khan, de Pakistán, en calidad de relator. Les deseo mucho éxito y me comprometo a colaborar estrechamente con ustedes durante el próximo año.

También quiero dar las gracias a Suiza, nuestro país anfitrión, no solo por acoger esta reunión tan importante, sino también por su larga colaboración con ACNUR y su apoyo al sistema internacional de protección de los refugiados.

Señor Presidente,

En mi primera reunión del Comité Ejecutivo como Alto Comisionado, señalé mi determinación de marcar un rumbo claro para ACNUR.

Salgo de estas sesiones del Comité Ejecutivo con una apreciación aún mayor de las responsabilidades que compartimos.

He escuchado a países que acogen a millones de personas refugiadas, a menudo desde hace décadas, mientras luchan por satisfacer las necesidades de sus propios ciudadanos.

A gobiernos que se enfrentan a cuestiones difíciles sobre el asilo, los movimientos mixtos y la integridad de sus sistemas de protección.

A donantes que plantean preguntas legítimas sobre eficiencia y rendición de cuentas.

Y a países que tratan de crear las condiciones que permitan a su población retornar a casa.

Las perspectivas difieren. Pero hay puntos en común.

No podemos aceptar que el desplazamiento indefinido sea el futuro de millones de personas.

No podemos esperar que los países que acogen a refugiados asuman responsabilidades que corresponden a la comunidad internacional en su conjunto.

Y no podemos pedir a las organizaciones humanitarias que satisfagan necesidades crecientes con recursos cada vez más escasos sin reconocer que hay consecuencias.

Nuestra tarea no consiste en elegir entre las responsabilidades legítimas de los Estados y los derechos de las personas refugiadas, sino en encontrar formas prácticas de defender ambos.

Esto reviste especial importancia al conmemorar el 75º aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados.

Los Estados tienen la responsabilidad legítima de gestionar sus fronteras, mantener la confianza en los sistemas de asilo y garantizar que la protección llegue a quienes realmente la necesitan.

Un sistema de asilo creíble debe ser a la vez eficaz y justo. Debe proteger a quienes realmente necesitan protección, al tiempo que mantiene la integridad del propio sistema. Debe preservarse y protegerse, incluso frente a los abusos.

Varios de ustedes han insistido en este punto y han solicitado apoyo para reforzar los sistemas nacionales de asilo. Esto seguirá siendo una prioridad importante para ACNUR a nivel mundial, incluso como parte de nuestro enfoque integral en las rutas de movimientos complejos. Necesitaremos el apoyo de la comunidad de donantes para mantener esta importante labor.

Como dije a principios de esta semana, los principios perduran. Nuestro esfuerzo colectivo por ponerlos en práctica debe evolucionar. Para aplicarlos mejor y de forma más eficaz.

Señor presidente,

Ese mismo principio guía la visión “50 para 35”.

Me ha animado el apoyo a su trayectoria y sus preguntas serias sobre su aplicación.

La ambición es clara: acelerar las soluciones duraderas, en particular el retorno voluntario cuando las condiciones lo permitan; reforzar la autosuficiencia de los refugiados en situaciones de desplazamiento prolongado; y evitar que las emergencias de hoy se conviertan en las crisis prolongadas de mañana.

“50 para 35” no es un objetivo para reducir la ayuda humanitaria.

Es un compromiso para reducir la necesidad de la misma.

Tampoco se trata de transferir la responsabilidad a los países de acogida de refugiados. Su liderazgo debe ir acompañado de un auténtico reparto internacional de responsabilidades.

Debemos reforzar los sistemas nacionales, incorporar antes la inversión en desarrollo a las situaciones de desplazamiento y trabajar de forma diferente con socios que puedan estar en mejores condiciones para liderar.

Pero las transiciones deben gestionarse con cuidado.

No podemos retirar hoy la ayuda humanitaria asumiendo que la inversión en desarrollo llegará mañana.

Y el reasentamiento sigue siendo indispensable. Las vías complementarias deben ampliar las oportunidades, no sustituir al reasentamiento basado en la protección.

Con “50 para 35”, debemos medir el éxito no solo por la eficacia con la que mantenemos las respuestas, sino por la eficacia con la que las transformamos.

Han pedido, con razón, mayor claridad sobre lo que esta visión significará en la práctica. Tenemos que ser más específicos, y lo seremos.

Estamos trabajando con el Banco Mundial y otros actores de desarrollo en un conjunto de países prioritarios, para los que se elaborarán hojas de ruta operativas en los próximos meses. Esperamos que estas puedan servir también como plataformas en torno a las cuales puedan unirse otros socios humanitarios y de desarrollo.

Nuestros esfuerzos no se limitan a estos países. Seguiremos trabajando con los gobiernos y otros actores siempre que haya una oportunidad de acelerar el progreso hacia este objetivo.

Así pues, la cuestión no es simplemente qué dejaremos de hacer, sino qué haremos de forma diferente.

¿Cómo podemos dar el giro adecuado hacia enfoques liderados y respaldados por los gobiernos sin trasladar las cargas de forma inadecuada? ¿Cómo podemos desarrollar respuestas más sostenibles, respaldadas por una financiación predecible y sostenida, en el verdadero espíritu del reparto internacional de responsabilidades? ¿Y cómo lo hacemos con la urgencia que exige la situación?

Por primera vez, nos hemos fijado un objetivo cuantificable. Eso es importante. Nos permite evaluar los avances, ajustar nuestros programas a medida que aprendemos y rendir cuentas mutuamente. Subrayo que nos hemos fijado un objetivo específico y cuantificable con respecto al cual podemos evaluar los avances.

Tendremos otra oportunidad de debatir esto en el Diálogo sobre Protección de diciembre, cuando nuestra planificación operativa haya avanzado aún más.

Señor Presidente, distinguidos delegados,

Perseguimos este objetivo en un contexto financiero excepcionalmente difícil.

Estoy profundamente agradecido a los gobiernos que han mantenido o aumentado sus contribuciones, en particular a aquellos que aportan financiación flexible y sin fines específicos. También reconozco a los países cuyas contribuciones representan un compromiso significativo en relación con sus recursos, así como la extraordinaria generosidad de los donantes privados y particulares.

A todos los Estados que apoyan al ACNUR en este momento difícil: gracias.

Necesitamos que otros se unan a ustedes.

Por nuestra parte, seguiremos tomando decisiones difíciles, mejorando la eficiencia y garantizando que todos los recursos que se nos confían se utilicen de forma responsable.

Pero, como dije el primer día del Comité Ejecutivo, la eficiencia también tiene límites.

Por debajo de cierto umbral, la protección que podemos ofrecer comienza a fallar.

No se trata de un argumento institucional. Es una realidad que sufren las personas refugiadas, los países de acogida y las organizaciones que trabajan junto a ellos.

Permítanme también rendir homenaje a nuestras organizaciones socias, en particular a las organizaciones nacionales, locales y lideradas por refugiados.

No podemos hablar de localización mientras transferimos la responsabilidad y el riesgo sin los recursos necesarios para asumirlos.

Excelencias,

Varias delegaciones han planteado preguntas concisas sobre nuestros gastos administrativos, el tamaño y la estructura de la Sede y las Oficinas Regionales, nuestra presencia en los países y si estamos haciendo lo suficiente para mejorar la eficiencia.

Son preguntas legítimas.

Lo que he presentado esta semana junto con mis colegas es el comienzo, no el final, de nuestra reforma.

Estamos analizando en qué ámbitos las decisiones pueden acercarse más al terreno, dónde pueden simplificarse los niveles jerárquicos y los procesos, y en qué áreas las funciones pueden desempeñarse de manera más eficiente mediante servicios compartidos y alianzas, tanto dentro del sistema de las Naciones Unidas, la iniciativa “UN80” y el reseteo humanitario, como dentro de nuestra propia organización.

El objetivo es lograr un modelo de prestación de servicios más flexible y ágil, adaptado a los distintos contextos operativos, en lugar de aplicar un único modelo en todos los casos.

La tecnología también contribuirá a cambiar nuestra forma de trabajar, no simplemente a digitalizar cómo trabajamos hoy en día. Estamos estudiando cómo las herramientas digitales, los datos, la automatización y la inteligencia artificial pueden reducir las tareas administrativas y respaldar mejor nuestras operaciones.

Nuestro objetivo no es simplemente un ACNUR más pequeño. Se trata de un ACNUR más flexible, eficiente y responsable, adaptado a las realidades a las que nos enfrentamos y más capaz de cumplir su mandato.

La rendición de cuentas debe seguir siendo fundamental.

Una mayor delegación requiere una rendición de cuentas clara. La simplificación requiere salvaguardias adecuadas. La eficiencia nunca debe debilitar la integridad ni la supervisión independiente.

Estos no son obstáculos para la reforma. Son aspectos de una reforma creíble.

Ustedes han afirmado la necesidad de mantener sistemas sólidos de supervisión y auditoría dentro de ACNUR. Me comprometo ante ustedes a que así sea, porque eso es fundamental para nuestra capacidad gerencial y operacional, y acojo con entusiasmo ese interés.

Varios Estados miembros también han destacado la necesidad de una mayor diversidad geográfica, especialmente en los niveles directivos. Reconozco esa preocupación. Tenemos que hacer más.

A medida que reestructuramos la gerencia y la plantilla de ACNUR, debemos abordar esta cuestión de forma deliberada y lograr avances tangibles hacia una organización que refleje mejor su carácter internacional.

Pero las estructuras y los sistemas son solo una parte de la organización.

ACNUR, ante todo, es su personal.

Este ha sido un período extraordinariamente difícil para nuestros colegas.

Muchos se han marchado tras años, a veces décadas, de servicio dedicado. Los que se han quedado se han enfrentado a la incertidumbre, a equipos más reducidos, a responsabilidades más pesadas y a condiciones extraordinariamente exigentes.

Ha habido decisiones difíciles, desacuerdos y preguntas legítimas sobre el rumbo de la reforma.

No debemos restar importancia a nada de ello.

Pero, a pesar de todo, nuestros compañeros han seguido adelante.

Acogiendo a refugiados en las fronteras. Protegiendo a los niños. Apoyando a los supervivientes. Colaborando con los gobiernos. Negociando el acceso. Ayudando a las familias a regresar a sus hogares.

Realizando el trabajo silencioso y cotidiano gracias al cual nuestro mandato se hace realidad.

A los compañeros sobre el terreno, en las oficinas regionales y en la sede central, les digo: cuentan con mi profundo agradecimiento y el de nuestra alta gerencia.

He sido testigo de vuestra profesionalidad, vuestra resiliencia y vuestro compromiso con las personas a las que servimos. Y reconozco y agradezco los sentimientos y el apoyo que hemos escuchado a lo largo de esta semana hacia nuestros y nuestras colegas por parte de esta asamblea.

Esta organización, Excelencias, se ha puesto a prueba, y su personal ha estado a la altura de esa prueba.

La fortaleza de ACNUR siempre ha residido en su presencia allí donde más se necesita la protección. A medida que avanzamos en la reforma, debemos preservar esa capacidad.

Coincido con aquellos de ustedes que han señalado que una organización más ágil no debe significar una organización más distante.

Quiero dar las gracias especialmente a mi equipo ejecutivo. No ha sido un período fácil para tomar decisiones.

Hemos tenido que tomar decisiones difíciles, a veces ante opciones imperfectas, al tiempo que respondíamos a emergencias y manteníamos a la organización centrada en su mandato.

Agradezco a mis colegas sus consejos, su franqueza, su profesionalidad y su disposición a asumir responsabilidades durante este período de cambio.

También quiero expresar mi más sincero agradecimiento al Consejo Global del Personal por su participación constructiva y su diálogo franco. No hemos estado de acuerdo en todo, pero compartimos la preocupación por el futuro de ACNUR y, sobre todo, por nuestra capacidad para proteger a las personas refugiadas.

Porque la reforma, Excelencias, en última instancia, no tiene que ver con estructuras ni con organigramas.

Se trata de nuestra capacidad para cumplir con nuestro mandato: proteger, responder, encontrar soluciones y estar presentes allí donde los refugiados nos necesitan.

También quiero reconocer la valentía de los compañeros y socios humanitarios que trabajan en algunos de los entornos más peligrosos del mundo.

Los trabajadores humanitarios nunca deben convertirse en objetivos.

El respeto hacia los trabajadores humanitarios, el Derecho Internacional Humanitario, el acceso humanitario seguro y sin obstáculos, y la protección del personal humanitario son realmente fundamentales.

Señor Presidente,

Permítame también darle las gracias a usted y al Comité Ejecutivo por su apoyo con respecto a nuestro presupuesto para 2027. Hemos tomado buena nota de las preocupaciones y prioridades planteadas, incluidas las referencias a la transparencia y la rendición de cuentas. Seguiremos colaborando con ustedes de forma transparente y abierta a medida que avancemos tras esta reunión del Comité Ejecutivo y de cara al próximo año.

Nuestras Direcciones Estratégicas para 2027-2031 aunarán estos aspectos en torno a cuatro prioridades que se refuerzan mutuamente:

Protección.

Soluciones.

Emergencias.

Autosuficiencia.

Una vez más, nuestro objetivo es un ACNUR más fuerte, sostenible y centrado en el terreno.

Y, de cara al Foro Mundial sobre los Refugiados de 2027, hay un mensaje de esta semana que merece un énfasis especial:

El reparto internacional de responsabilidades debe medirse por lo que conseguimos, no simplemente por lo que prometemos.

Muchos países de acogida de refugiados ya han asumido compromisos ambiciosos. Nuestra tarea consiste en acompañarlos con un apoyo concreto para cumplir con los compromisos adquiridos.

Las propias personas refugiadas deben formar parte de esa labor.

No deben ser simplemente las personas en cuyo nombre se asumen los compromisos. También deben ayudar a darles forma.

Excelencias,

Hay una última realidad que no debemos perder de vista, y que se ha debatido ampliamente durante esta semana.

Las soluciones duraderas dependen, en última instancia, de la paz.

La ayuda humanitaria no puede sustituir indefinidamente a la acción política para resolver los conflictos y las crisis que obligan a las personas a abandonar sus hogares.

ACNUR puede ayudar a convertir las oportunidades políticas en soluciones duraderas.

Hemos visto oportunidades en Siria, Venezuela, la región de los Grandes Lagos y otros lugares. Debemos aprovecharlas.

Pero allí donde los avances siguen siendo difíciles de alcanzar, la situación de los refugiados no debe desaparecer de la atención internacional.

Casi 1,2 millones de refugiados rohingya permanecen en Bangladesh. Estoy profundamente agradecido a Bangladesh por la extraordinaria responsabilidad que sigue asumiendo.

La ayuda humanitaria sigue siendo indispensable. Pero no puede resolver la crisis.

La solución definitiva, como he dicho antes, reside en Myanmar, donde las condiciones deben permitir que los rohingya retornen de forma voluntaria, segura y digna, con derechos fundamentales y una vía hacia la ciudadanía.

Hasta entonces, la protección y el apoyo internacional deben continuar.

Para los refugiados saharauis que llevan generaciones en los campamentos cercanos a Tinduf, la ayuda humanitaria es igualmente indispensable.

Pero no puede ser el límite de nuestra ambición colectiva.

Ninguna situación de refugiados debería convertirse en permanente simplemente porque el mundo se ha acostumbrado a ella.

Cuando surjan oportunidades de retorno, los refugiados deben poder tomar decisiones libres e informadas, con seguridad y dignidad.

Cuando no puedan regresar, la protección debe continuar mientras se buscan otras soluciones.

A principios de esta semana, señor Presidente, les pedí que midiéramos el éxito no solo por las vidas que salvamos, sino por las vidas que las personas son capaces de reconstruir.

Después de haberles escuchado esta semana, Excelencias, estoy más convencido que nunca de esa dirección.

Porque detrás de cada debate que hemos mantenido sobre presupuestos, reformas, protección y soluciones hay personas que esperan que nuestras decisiones marquen la diferencia.

Un niño que solo ha conocido el desplazamiento, pero que aún imagina un futuro. Una familia que desea tener la oportunidad de valerse por sí misma. Alguien que huyó de su hogar por miedo, con la esperanza de poder regresar algún día a salvo y con dignidad.

No se trata de ambiciones extraordinarias. Son esperanzas humanas comunes y corrientes. Y son la razón por la que nuestro trabajo es importante.

Excelencias,

Dejo este Comité Ejecutivo satisfecho por el apoyo que han expresado a la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, al ACNUR y a su mandato y, sobre todo, a las propias personas refugiadas.

No doy por sentado ese apoyo.

Para ACNUR, ello conlleva una clara responsabilidad: cambiar lo que sea necesario, utilizar nuestros recursos de manera más eficiente, mantenernos cerca del terreno y cumplir nuestro mandato con confianza e integridad.

Para todos nosotros, significa garantizar que los países de acogida de refugiados no carguen solos con esta responsabilidad y que no haya otra generación que se vea abocada a esperar a que su vida vuelva a empezar.

Permítanme, pues, terminar con unas palabras de agradecimiento.

A los Estados miembros, a los países de acogida de refugiados y a nuestros donantes y socios: gracias.

Y a mis colegas de ACNUR, en particular a aquellos que trabajan lejos de sus hogares, a menudo en condiciones difíciles y de peligro: tienen mi más sincero agradecimiento. Ustedes dan vida a este mandato cada día.

Nos esperan decisiones difíciles. Pero el mensaje que extraigo de esta semana es claro:

El mandato importa. La protección importa. Las soluciones importan.

Y, en última instancia, lo que importa son las personas forzadas a huir.

Si ellas están protegidas, si pueden reconstruir su vida, si un niño o una niña nacidos en el exilio pueden heredar algo más que el desplazamiento.

Esto es lo que mide nuestro trabajo, y esa es la responsabilidad que asumo como Alto Comisionado.

Y es una responsabilidad que honraremos juntos.

Gracias.