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Reunión informativa de los Estados miembros con el Alto Comisionado

Discursos y declaraciones

Reunión informativa de los Estados miembros con el Alto Comisionado

4 Septiembre 2026 Disponible también en:
Un hombre vestido con traje y corbata habla sentado detrás de una fila de escritorios, con un hombre y una mujer a cada lado

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Barham Salih (al centro), interviene en una sesión informativa para los Estados miembros celebrada en Ginebra el 4 de septiembre.

(Según lo pronunciado)

1. Introducción

Buenas tardes, Excelencias, distinguidos delegados y colegas.

Gracias por acompañarme hoy.

Cuando nos reunimos por última vez en junio, les presenté información detallada sobre la situación financiera, las reformas organizacionales en curso y la Revisión Independiente de la Gestión. Muchas de las reformas que describí aún se encontraban en fase de estudio en aquel momento.

Hoy quiero ponerles al día sobre nuestra situación actual, la dirección que estamos tomando y lo que esto significa para la organización a la que ustedes han confiado y apoyado para llevar a cabo este mandato.

Antes de hacerlo, permítanme dar también una calurosa bienvenida a dos nuevos miembros de nuestro equipo directivo superior que se unen a mí hoy: Antón Leis, nuestro nuevo Alto Comisionado Auxiliar para las Operaciones, y Edem Wosornu, nuestro nuevo Alto Comisionado Adjunto para la Protección.

Nuestra nueva Alta Comisionada Adjunta, Tressa Rae Finerty, a quien muchos de ustedes conocen, no se encuentra hoy con nosotros.

Actualmente se encuentra de licencia mientras aclara la aplicación de las restricciones posteriores al cese en el cargo derivadas de su anterior servicio como alta funcionaria del Gobierno de los Estados Unidos, en particular en lo que se refiere a su participación en reuniones multilaterales a las que asisten funcionarios del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Ha solicitado una exención parcial a las autoridades estadounidenses, con nuestro apoyo y consentimiento, y esperamos una resolución rápida y favorable de este asunto.

Excelencias,

Antes de pasar a nuestra situación financiera, quiero reconocer la extraordinaria contribución de los países que acogen a la gran mayoría de la población refugiada mundial, a menudo mientras se enfrentan a importantes presiones propias. Estos países demuestran cada día la enorme responsabilidad que asumen los Estados de acogida a la hora de brindar protección, servicios y oportunidades a la población refugiada. Gracias.

2. Situación financiera / Financiación

Nuestra situación financiera sigue siendo difícil, pero hemos avanzado en la estabilización de nuestra posición para 2026.

Nuestra previsión actual de financiación es de aproximadamente 3.200 millones de dólares estadounidenses, frente a una previsión inicial de unos 2.900 millones de dólares a principios de año.

Quiero dar las gracias a los Estados miembros por ese apoyo. Varios gobiernos han mantenido o aumentado sus contribuciones este año, y la Unión Europea ha incrementado su apoyo y se ha convertido en nuestro mayor donante. Estoy particularmente agradecido con aquellos donantes que han seguido brindando financiación flexible y sin fines específicos.

Más de la mitad de nuestra financiación prevista para 2026 está estrictamente asignada a fines específicos. Si bien las contribuciones asignadas a fines específicos siguen siendo vitales, una asignación demasiado estricta limita nuestra capacidad para dirigir los recursos hacia donde los riesgos de protección y las necesidades operativas son mayores, y puede generar desajustes significativos entre la financiación disponible y las necesidades operativas.

Se trata de una cuestión que debemos abordar juntos. También se señaló en la Revisión Independiente de la Gestión, y me gustaría que siguiéramos debatiendo cómo podemos reforzar la previsibilidad y la flexibilidad en la forma en que se financia ACNUR.

Nuestros riesgos financieros se han reducido considerablemente gracias a un mayor control de los costos, un seguimiento más exhaustivo de los desajustes de financiación y una mayor disciplina financiera. Sin embargo, seguimos gestionando la posibilidad de que se produzca un desajuste entre ingresos y gastos a finales de este año, por lo que será necesario mantener la prudencia.

De cara a 2027, sigue habiendo una incertidumbre significativa. De acuerdo con la información de la que disponemos actualmente, incluida la financiación ya registrada y las indicaciones de los donantes, nuestras perspectivas son, en líneas generales, comparables a lo que preveíamos para 2026 en esta misma fecha el año pasado.

Nuestro presupuesto propuesto para 2027, basado en las necesidades, asciende a aproximadamente 7.100 millones de dólares estadounidenses, lo que supone alrededor de un 16 por ciento menos que el presupuesto de 2026. Esto no significa que las necesidades hayan disminuido. Refleja una organización más ágil, una priorización mucho más precisa de aquellos ámbitos en los que los riesgos de protección son mayores, en los que ACNUR desempeña un papel distintivo y en los que nuestros recursos pueden tener un mayor impacto.

El presupuesto de ACNUR sigue basándose en las necesidades. Sin embargo, en el contexto financiero al que nos enfrentamos, debemos tomar decisiones más claras sobre las actividades y capacidades más esenciales para nuestro mandato. Y nos comprometemos a tomar esas decisiones de manera transparente.

Debemos tomar decisiones. Debemos proteger nuestro mandato fundamental y ajustar los recursos a prioridades claras. Del mismo modo, debemos reducir la duplicación de esfuerzos, simplificar nuestra forma de trabajar y garantizar que cada dólar que se le ha confiado a ACNUR se utilice de la manera más eficiente y eficaz posible.

Acojo con satisfacción el debate con los Estados miembros sobre nuestro proyecto de presupuesto para 2027, que espero que pueda ser aprobado por consenso en el Comité Ejecutivo. Y hago un llamamiento a todos los Estados miembros para que consideren la posibilidad de apoyar financieramente a ACNUR en 2027, entre ellos quienes tradicionalmente no han contribuido a nuestra labor.

3. Revisión Independiente de la Gestión

Excelencias,

Como ya les comenté en junio, la Revisión Independiente de la Gestión supuso una de las evaluaciones más exhaustivas de ACNUR en los últimos años. En aquel momento destaqué que sus conclusiones eran recomendaciones, no decisiones, y que llevaríamos a cabo nuestra propia evaluación antes de determinar qué medidas debían aplicarse y en qué orden.

La revisión ha subrayado las áreas en las que es necesario un cambio: un propósito más claro alineado con nuestra presencia sobre el terreno, responsabilidades y procesos de toma de decisiones más ágiles, menos duplicidades, procesos más sencillos y un mejor uso de los sistemas, los datos y la tecnología.

Hemos evaluado estas conclusiones junto con nuestras perspectivas financieras y las Orientaciones Estratégicas, y ahora debemos pasar de la revisión a la aplicación.

Esto se suma a las medidas de eficiencia que ya se están llevando a cabo. Los gastos de viaje se han reducido en aproximadamente un 50 por ciento en los últimos dos años, y estamos revisando nuestra presencia física, incluyendo opciones para reducir significativamente los gastos de alquiler en la sede de Ginebra mediante la búsqueda de una nueva sede que resulte aproximadamente un 50 por ciento más económica.

Necesitamos una organización más centrada, ágil, eficiente y rentable, con responsabilidades más claras, una mayor rendición de cuentas y recursos dirigidos hacia aquellos ámbitos en los que ACNUR pueda tener un mayor impacto en materia de protección y soluciones.

También estamos reforzando el vínculo entre los recursos y los resultados, de modo que las asignaciones reflejen con mayor claridad las prioridades de protección y los resultados previstos, y que los Estados miembros tengan una mejor visibilidad de cómo las contribuciones se traducen en resultados reales.

La tecnología forma parte de esta transformación. Estamos empezando a implementar la IA generativa y otras herramientas digitales para reducir el trabajo rutinario, mejorar el acceso al conocimiento institucional y a los datos validados, y reforzar la toma de decisiones. A través de nuestra colaboración con Google, se ha facilitado el acceso a Gemini Enterprise en toda la organización durante un año a un coste simbólico de 1 dólar estadounidense. Estas herramientas deben utilizarse de forma responsable y deben liberar la capacidad humana, no sustituir la responsabilidad humana.

En ese contexto, quiero comunicarles que estamos estableciendo colaboraciones con varias empresas de IA importantes y de gran prestigio para que nos ayuden a desarrollar estas herramientas. La mayoría de estas colaboraciones son pro bono y forman parte de su voluntad de brindar apoyo filantrópico al tipo de labor que realizamos.

Nuestro programa coherente de cambio organizativo no se juzgará por el número de procesos modificados, sino por los resultados: si las decisiones son más rápidas, las responsabilidades más claras, se reducen las duplicidades, se controlan mejor los costos y se destina una mayor parte de nuestra capacidad a la protección y a la búsqueda de soluciones.

Asimismo, en ese contexto, quiero señalar que todo esto se está llevando a cabo en el marco de la iniciativa ONU80 y de una mayor complementariedad entre las agencias de la ONU. La colaboración que mantenemos con varias agencias de la ONU, con el Gobierno de Corea y también con el PNUD, por ejemplo, en relación con diversos sistemas de los que disponen, es realmente notable.

Nuestra propia colaboración con el PMA en materia de intercambio de datos y utilización de datos comunes también resulta muy prometedora y útil.

4. Presencia sobre el terreno: oficinas sobre el terreno, oficinas regionales y sede

En junio, Excelencias, expuse el principio de que ACNUR debería organizarse cada vez más en función del contexto operativo, en lugar de aplicar un modelo institucional uniforme en todas partes, tal y como recomendaba la Revisión Independiente de la Gestión.

Ahora hemos llevado ese trabajo más allá mediante revisiones de las operaciones en los países, las oficinas regionales y la sede.

Se ha tratado de un ejercicio de reposicionamiento estratégico, no simplemente de una medida de recorte de gastos. La pregunta inicial ha sido qué debe hacer ACNUR, dónde y cómo. Nuestras estructuras y presencia deben ajustarse a esas decisiones estratégicas, y no al revés.

El terreno ya ha asumido una parte significativa de este ajuste. A medida que avanzamos hacia esta siguiente fase, la Sede y las oficinas regionales también deben cambiar, y la Sede, en particular, debe poner el ejemplo.

En cuanto a las operaciones en los países, hemos acordado a grandes rasgos la orientación de nuestra presencia futura. Nuestra presencia se diferenciará en función del contexto, las necesidades de protección, los requisitos operativos y el papel que ACNUR deba desempeñar.

Nuestra labor varía según el contexto. En algunas situaciones, ACNUR tendrá que intervenir directamente. En otras, nuestra mayor contribución puede consistir en reunir a gobiernos, agentes del desarrollo, instituciones financieras internacionales y socios en torno a la protección y las soluciones, o en proporcionar apoyo técnico a los sistemas nacionales. Tener más claro en qué ámbitos ACNUR debe liderar directamente y en cuáles otros están mejor situados para hacerlo nos permitirá concentrar los recursos en nuestra ventaja comparativa, en lugar de duplicar capacidades.

Se ha llevado a cabo el mismo análisis para nuestras oficinas regionales.

Se trata fundamentalmente de una redefinición de funciones, no simplemente de otro ejercicio de reducción de plantilla. Las oficinas regionales serán más ágiles, menos transaccionales y más estratégicas, y se centrarán en aquellas funciones en las que una perspectiva regional aporte un valor añadido real: el análisis y la diplomacia regionales, la priorización de recursos entre las distintas operaciones, el rendimiento y la supervisión, las alianzas, la coherencia transfronteriza y el apoyo a las operaciones en los países.

No impondremos un modelo idéntico en todas las regiones. Eso no es posible. Las regiones son diferentes y requieren enfoques más flexibles. Sus configuraciones serán diferentes porque los entornos políticos, operativos y de protección en estas diversas regiones pueden variar, y debemos tenerlo en cuenta en nuestro análisis y nuestras consideraciones.

Y en la sede, quiero reiterar un principio que ya he expresado anteriormente: la Sede existe para apoyar a las oficinas sobre el terreno, y no al revés.

Proporcionamos liderazgo estratégico, pero, en última instancia, somos un centro de apoyo para nuestras operaciones ahí donde se lleva a cabo el mandato.

La sede central tiene responsabilidades globales indispensables, pero debería centrarse cada vez más en lo que realmente es necesario llevar a cabo a nivel global. Debe proporcionar liderazgo en materia de protección, estrategia, políticas y normas, gestión institucional, gestión de riesgos y garantía, posicionamiento externo global, así como aquellas funciones que realmente requieran coherencia en toda la organización, mientras que el trabajo rutinario y transaccional se simplifica, consolida, automatiza y lleva a cabo ahí donde resulte más eficiente y rentable.

La revisión de la Sede pasará ahora a la fase de implementación, de modo que su futura estructura y sus costes comiencen a reflejarse también en nuestra planificación para 2027.

En los tres niveles – operaciones en los países, oficinas regionales y sede – el objetivo es el mismo: funciones, responsabilidades y rendición de cuentas más claras en los niveles adecuados, menos niveles jerárquicos innecesarios, menos duplicidades, mayor eficiencia y rentabilidad y, lo que es más importante, un apoyo más sólido a la ejecución de las operaciones.

5. Actualizaciones sobre la fuerza laboral

La grave contracción financiera de 2025 provocó un desequilibrio estructural entre el número de colegas contratados a nivel internacional y el número de puestos disponibles.

Ya hablé de esto la última vez que nos reunimos. Contábamos con casi 3.000 empleados internacionales para 1.800 puestos. Así pues, nos enfrentábamos a una situación en la que casi 1.200 colegas carecían realmente de un plan de reubicación a través de un programa denominado Personal entre asignaciones (SIBA, por sus siglas en inglés).

La organización pagaba los gastos de cada persona durante un máximo de seis meses hasta que se le encontrara una reubicación alternativa. Pero la realidad era la disparidad entre el número de empleados y el número de puestos disponibles. Esa era la verdadera cuestión.

Por eso, tal y como les informé, activamos el proceso de reubicación y reducción de plantilla (SPRIF, por sus siglas en inglés).

Ese proceso ya ha concluido. Aproximadamente 1.150 colegas internacionales participaron en el proceso. Se ha reubicado a más de 180 colegas, mientras que un número significativo de ellos dejará ACNUR en los próximos meses.

Quiero reconocer su labor y su compromiso con esta organización. Son profesionales con talento y comprometidos, y su salida refleja las circunstancias financieras y estructurales a las que se enfrenta la organización, no una falta de contribución o de valor. Les estoy profundamente agradecido por su labor.

Tras amplias consultas en toda la organización, hemos revisado algunas de nuestras políticas de personal. Un cambio clave es la eliminación de los acuerdos SIBA.

Este se sustituirá por una reserva de reasignación para el personal profesional internacional que se acerque al final de su destino. El objetivo es intervenir antes, iniciar los esfuerzos de reasignación antes de que los compañeros queden sin destino, dar prioridad a la hora de cubrir vacantes adecuadas y establecer resultados más claros en los casos en que la reasignación no tenga éxito.

También hemos abordado los acuerdos heredados en los que el personal ocupaba puestos por debajo de su grado personal. Tras consultar con los representantes del personal, la remuneración se ajustará en última instancia al nivel del puesto ocupado, con medidas transitorias para los colegas afectados. Se espera que esto genere un ahorro anual de aproximadamente 15,8 millones de dólares estadounidenses.

En términos más generales, estamos avanzando hacia un modelo de plantilla más basado en las competencias, más móvil, más sostenible y alineado con las prioridades operativas, al tiempo que preservamos la experiencia sobre el terreno, la diversidad, la movilidad global y los conocimientos especializados en materia de protección, que se encuentran entre las mayores fortalezas institucionales de ACNUR.

Quiero señalar que esta organización ha tenido que tomar muchas decisiones difíciles en los últimos dos años.

Tras haber perdido casi el 35 por ciento de su personal a raíz de la reducción presupuestaria, no nos ha resultado fácil reorganizarnos e intentar superar esa situación.

El objetivo general de estas reformas es crear una estructura sostenible, un modelo de prestación de servicios adecuado a los tiempos actuales, y brindar mayor estabilidad y eficiencia a esta organización.

Mi esperanza es que, con estas cuestiones que les estoy describiendo, podamos abordar un reajuste estructural estable para esta organización a medida que avanzamos hacia el futuro, y que, esperamos, no tengamos que hacer frente al tipo de crisis que hemos vivido.

Nuestro personal, nuestra comunidad y, sobre todo, las personas refugiadas merecen un mundo más estable.

No queremos que nos definan los cambios continuos que no nos permiten centrarnos en nuestro mandato.

Quiero decir que todo esto tiene como objetivo mejorar y estabilizar nuestro modelo de prestación de servicios, adaptarlo a los nuevos tiempos y permitirnos cumplir con nuestro mandato.

6. Mandato y ‘50 by 35’

Excelencias,

Permítanme hablar de nuestro mandato.

Nuestro mandato es absolutamente claro, de acuerdo con la Convención y con nuestros valores fundamentales.

Consiste en proteger a las personas refugiadas, brindar protección internacional a quienes huyen a causa de la persecución y la violencia, y ofrecer ayuda humanitaria a quienes la necesitan, pero también en aportar y colaborar en la búsqueda de soluciones.

Como ya he explicado anteriormente, no podemos permitir que las personas refugiadas permanezcan atrapadas en campamentos, dependientes de la asistencia humanitaria durante períodos tan prolongados.

Nuestro mandato nos obliga, al tiempo que proporcionamos protección y ayuda humanitaria cuando es necesario, a centrarnos también de verdad en las soluciones.

Simplemente no podemos ver hacia otro lado mientras el número de personas refugiadas sigue aumentando y pensar que estamos cumpliendo con nuestro mandato.

Como ya les he explicado anteriormente, esto es absolutamente fundamental para la manera en la que ACNUR quiere diferenciar su labor a través de ‘50 by 35’, nuestro ambicioso objetivo de reducir en un 50 por ciento el número de personas desplazadas a largo plazo que dependen de los sistemas humanitarios en los próximos diez años.

No voy a repetir todos los detalles sobre por qué esto es importante. Ya me han escuchado decirlo antes.

Pero a medida que hemos ido perfeccionando y analizando las cifras y las realidades, puedo decirles que tenemos casi 25 millones de personas refugiadas que viven en situaciones de desplazamiento prolongado en países de renta baja y media.

De ellas, estimamos que aproximadamente 14,5 millones no pueden satisfacer sus necesidades básicas sin asistencia humanitaria. Por lo tanto, nuestro objetivo es ayudar a casi 8 millones de personas a superar esa dependencia durante la próxima década. Mi deseo es que esto sea lo mínimo que podamos hacer. Espero sinceramente que, con su apoyo, podamos hacer mucho más que eso.

Un grupo de trabajo específico, dirigido por el Alto Comisionado Adjunto para las Operaciones, está traduciendo esa ambición en vías específicas para cada país hacia una mayor autosuficiencia y soluciones, basándose en datos, conocimientos operativos y oportunidades realistas de progreso.

Nuestra colaboración con los socios para el desarrollo también se está volviendo más operativa. Nuestra cooperación con el Banco Mundial se centra inicialmente, como ya les he dicho, en cinco países: Siria, Uganda, Colombia, Jordania y Chad. Esto no quiere decir que no se vayan a incluir otros, pero estas son las áreas prioritarias en las que nos estamos centrando, mientras trabajamos también en otros países. Creemos que en estos países existen oportunidades concretas para impulsar el empleo, la inclusión, la inversión en desarrollo y las soluciones sostenibles.

En Afganistán, Excelencias, país que visité en julio junto con el Administrador del PNUD, Alexander De Croo, el reto es el retorno y la reintegración a una escala extraordinaria.

Desde septiembre de 2023, más de seis millones de personas afganas han regresado de los países vecinos, muchas de ellas tras décadas de exilio. La asistencia humanitaria puede atender las necesidades inmediatas de protección y reintegración, pero una reintegración sostenible requiere servicios que funcionen, economías locales, empleo e inversión en desarrollo.

Precisamente por eso son tan importantes nuestra colaboración con el PNUD y nuestra mayor implicación con los actores del ámbito del desarrollo y las finanzas.

Muchos de ustedes tuvieron la oportunidad de escuchar mi informe sobre mi visita a Afganistán y las conversaciones que mantuvimos en relación con las prioridades. Pero quiero repetirlo: no podemos permitirnos ver hacia otro lado, ni desde el punto de vista moral ni desde una perspectiva humanitaria; además, si queremos que estos retornos sean sostenibles, es absolutamente fundamental que nos comprometamos a garantizar que las personas tengan una vía para reintegrarse.

Y estamos hablando de cifras sin precedentes. Se estima que, a finales de este año, podrían alcanzar los ocho millones.

Me siento muy orgulloso de la labor que está realizando ACNUR en colaboración con otras organizaciones, socios para el desarrollo y el PNUD, principalmente para ayudar a mujeres repatriadas a encontrar empleo y a integrarse.

Cuando Alexander De Croo y yo visitamos algunas de estas operaciones, no tenían el alcance necesario, pero en cuanto al impacto en la vida de las personas, este es enorme. Hay mucho que debemos debatir sobre Afganistán, quizá en otra ocasión próximamente.

Pero, de nuevo, pensemos en Afganistán, que durante las últimas décadas ha sido origen de importantes movimientos de refugiados. Ahora bien, no consideraría que muchos de estos retornos sean totalmente voluntarios. No obstante, estos retornos se están produciendo. Debemos afrontarlos y ser lo más útiles que podamos.

En la República Centroafricana, estamos viendo otra vía prometedora. El liderazgo del Gobierno, la implicación regional y las inversiones específicas están creando oportunidades para acelerar los retornos voluntarios y la integración local. El apoyo inicial ya ha ayudado a poner fin a la situación de desplazamiento de unas 6.000 personas refugiadas, y se espera que otras 14.000 se beneficien de él en las próximas semanas, mientras que otras 20.000 personas han manifestado su interés en regresar. Es importante destacar que el Gobierno está asumiendo cada vez más la responsabilidad a través de planes de retorno y desarrollo, y que los socios para el desarrollo están empezando a respaldarlos.

En Tailandia, el camino es diferente. La decisión del Gobierno de permitir que las personas refugiadas de Myanmar que llevan mucho tiempo en el país trabajen está demostrando lo que puede suceder cuando se eliminan las barreras políticas que han mantenido a las personas refugiadas en una situación de dependencia. Más de 6.000 personas refugiadas ya han conseguido un empleo o están en proceso de conseguirlo, mientras que el Gobierno ha comenzado a expedir documentos de identidad oficiales. Los refugiados que pasaron años dependiendo de la asistencia están trabajando, manteniendo a sus familias, accediendo a los servicios y contribuyendo a la economía tailandesa.

Y, Excelencias, durante mi misión a Siria el mes pasado, pude observar otra dimensión de esta agenda: la oportunidad – y el reto – de lograr que el retorno sea sostenible. Cerca de 1,8 millones de personas refugiadas y aproximadamente 1,9 millones de personas desplazadas internas han regresado a sus lugares de origen.

Pude constatar tanto la inmensa destrucción que han dejado años de conflicto como la determinación de la población siria de reconstruir sus vidas y sus comunidades. Pero el retorno solo será sostenible si las personas tienen acceso a documentación, medios de vida, servicios básicos, vivienda y comunidades capaces de acogerlas. La ayuda humanitaria por sí sola no puede reconstruir comunidades, restaurar infraestructuras ni crear las oportunidades económicas que las personas necesitan para permanecer en sus hogares.

Una vez más, poniendo las cosas en contexto, Siria, un país que durante los últimos quince años se ha caracterizado por el conflicto, el desplazamiento, la violencia y terribles violaciones de los derechos humanos, ocupa hoy los titulares por algo diferente: la oportunidad de que las personas regresen a sus comunidades y reconstruyan sus hogares.

Estamos trabajando con el Banco Mundial, el PNUD y otras entidades en medidas concretas que nos permitan impulsar esta agenda. Y debo decir que, en ese contexto, el mensaje recurrente que escuchaba era que se habían hecho muchas promesas. ¿Cuándo veremos el cumplimiento de esas promesas para que las comunidades puedan reconstruir? Quiero hacer especial hincapié en ese compromiso.

Estos países, Excelencias, presentan contextos y dinámicas diferentes, y demuestran por qué no habrá un modelo único para la iniciativa ‘50 by 35’ ni para nuestra agenda de soluciones.

Lo que tienen en común es un cambio de enfoque: pasar de gestionar el desplazamiento de forma indefinida a modificar las condiciones que mantienen a las personas desplazadas y dependientes.

ACNUR no puede ni debe construir sistemas educativos nacionales, reconstruir economías ni crear mercados laborales. Ese no es nuestro mandato.

El rol de ACNUR no es sustituir a aquellos actores que tienen el mandato o la tarea de hacerlo. Nuestro mandato consiste en garantizar la protección, aportar conocimientos técnicos, convocar y catalizar una participación más amplia, y velar por que las consideraciones relativas al desplazamiento y la protección se incorporen al desarrollo, la recuperación y las políticas nacionales.

Por eso necesitamos que los gobiernos, los actores del desarrollo, las instituciones financieras internacionales, el sector privado y el sistema de la ONU en su conjunto se impliquen mucho antes y de forma más sistemática.

La educación es también, sin duda, una parte importante de esta agenda.

Estamos trabajando en una importante iniciativa que hemos titulado ‘Aspirar a más’, que se basa en los sistemas existentes dentro de ACNUR y, en realidad, se asienta en el fantástico logro del programa DAFI. Queremos ampliar las oportunidades de las personas refugiadas para acceder a la educación superior en los países de asilo, a través de vías de terceros países y mediante el aprendizaje digital y conectado, reforzando la autonomía, las oportunidades de empleo, la autosuficiencia y las soluciones.

Ya lo he dicho antes, en su presencia, pero permítanme repetirlo porque vale la pena insistir en ello: la solución más decisiva al desplazamiento sigue siendo la paz.

Nuestra tarea no consiste en sustituir las soluciones políticas por la acción humanitaria. Las organizaciones humanitarias no pueden resolver los conflictos que obligan a las personas a abandonar sus hogares.

Nuestra responsabilidad es proteger a las personas mientras se encuentran desplazadas y garantizar que, cuando surjan oportunidades de retorno, inclusión y otras soluciones, estemos preparados para contribuir a que sean seguras, dignas y sostenibles.

La autosuficiencia no es, por lo tanto, un sustituto de las soluciones duraderas. Es una vía para recuperar la autonomía y reducir la dependencia mientras buscamos soluciones duraderas.

Las soluciones duraderas, una vez más, Excelencias, deben seguir siendo una prioridad decisiva de nuestra labor.

7. El 75º aniversario de la Convención sobre los Refugiados y el Diálogo del Alto Comisionado

Excelencias,

Las reformas organizativas y la agenda de soluciones que he descrito siguen firmemente ancladas en nuestro mandato de protección.

El 75º aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 no es simplemente una ocasión para la conmemoración, sino una oportunidad para demostrar su continua relevancia ante las realidades a las que se enfrentan hoy en día los Estados y las personas refugiadas.

En un momento en el que los sistemas de asilo se encuentran sometidos a una presión considerable, el principio fundamental de la Convención sigue siendo esencial: las personas que huyen a causa de la persecución y el conflicto deben poder buscar seguridad y protección internacional.

La Convención es también un marco práctico que reconoce los intereses y responsabilidades legítimos de los Estados. Exige que las personas refugiadas respeten las leyes de sus países de acogida y ofrece a los Estados mecanismos para hacer frente a las amenazas a la seguridad nacional, al orden público y a la delincuencia grave, manteniendo al mismo tiempo las garantías esenciales.

Nuestras directrices recientemente actualizadas sobre la expulsión de refugiados implicados en delitos graves ilustran este equilibrio. La respuesta a los retos actuales pasa por aplicar la Convención de forma adecuada y eficaz.

A lo largo de este año, hemos colaborado con Estados miembros, personas refugiadas, sociedad civil y otros socios en torno a algunas de las cuestiones más difíciles a las que se enfrenta actualmente la protección internacional.

Este proceso culminará los días 7 y 8 de diciembre en el Diálogo del Alto Comisionado sobre Protección y Soluciones, que se celebrará aquí en Ginebra, y que ofrecerá un espacio para un intercambio franco sobre las presiones a las que se enfrenta la protección internacional y para la adopción de medidas prácticas, entre ellas la iniciativa ‘50 by 35’. Contribuirá a dar forma a nuestra agenda colectiva de cara al Foro Mundial sobre los Refugiados de 2027.

En este mismo contexto, también me gustaría informarles de que, al margen de la Asamblea General de la ONU, celebraremos una reunión de alto nivel a la que espero que asistan altos dirigentes de diversos países. Se trata de una ocasión para conmemorar, reflexionar y, con suerte, reafirmar la vitalidad y la relevancia de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados.

Quiero agradecer a muchos de ustedes que asistieron a nuestro acto conmemorativo aquí en Ginebra el 28 de julio. Fue un momento muy especial.

Espero sinceramente que nuestra reunión en Nueva York sea también otro hito a la hora de unir a la comunidad internacional en torno a la Convención y a nuestra convicción de que debe aplicarse de manera efectiva. Hasta la fecha, más de 31 países han aceptado patrocinar ese acto, al que se han sumado amablemente numerosos líderes mundiales.

8. Conclusión

Excelencias,

Hemos pasado de un intenso período de revisión a la toma de decisiones y la aplicación.

Nuestras estructuras deben ser más claras y eficientes. Nuestros recursos deben ajustarse mejor a las prioridades. Nuestro modelo de fuerza laboral debe ser más sostenible. La toma de decisiones debe ser más ágil y responsable.

Pero ninguna de estas reformas es un fin en sí misma. No se trata simplemente de reducir costos.

Se trata de preparar a ACNUR para el futuro y reforzar nuestra capacidad para cumplir nuestro mandato: brindar protección internacional, intervenir cuando hay vidas en juego y buscar soluciones duraderas con mucha más urgencia.

Debemos ser disciplinados en lo que hace ACNUR, más eficaces en cómo lo hacemos y más selectivos a la hora de determinar en qué ámbitos otros están mejor situados para liderar.

Y, en todo momento, nuestro mandato debe seguir siendo nuestra brújula.

Les agradezco su compromiso, su escrutinio, su asesoramiento y, sobre todo, su apoyo constante.

Espero con interés trabajar con ustedes, con franqueza, de forma práctica y en colaboración.

Gracias.