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Emprendedores refugiados convierten residuos en oportunidades de autosuficiencia

Historias

Emprendedores refugiados convierten residuos en oportunidades de autosuficiencia

En Quito, personas forzadas a huir están creando negocios y reconstruyendo su futuro a partir de lo que otros desechan.
24 Abril 2026
Una mujer sonríe a la cámara cargando una caja de frutas coloridas.

Mary conoció del programa Ecoactivo mientras trabajaba como voluntaria del Banco de Alimentos de Quito. Gracias al conocimiento teórico y práctico que adquirió durante el programa, repotenció su negocio de pulpas de fruta, Fruti Lab, y ahora además de vender a restaurantes y clientes puerta a puerta, cuenta con un local físico en el que también vende comida venezolana a sus clientes.

Cuando Jackson Bianco cruzó por primera vez la puerta del Banco de Alimentos de Quito, nunca imaginó que ese lugar no solo ayudaría a alimentar a su familia, sino también a dar vida a sus sueños de construir un futuro mejor junto a ella.

Jackson llegó a Ecuador desde Venezuela en 2019. Atrás dejó todo: su trabajo como periodista, sus sueños y parte de su familia. En su país, ejercer el periodismo se había vuelto cada vez más difícil, al punto de no tener otra opción que buscar seguridad en otro lugar.

Cuando le preguntan por qué eligió Ecuador, Jackson sonríe. En realidad, no tuvo muchas opciones. Su hermana llevaba 35 años viviendo en Manta y lo recibió junto a su familia al llegar. Pero los planes cambiaron rápidamente y decidieron mudarse a Quito. Poco tiempo después, su esposa falleció.

“No podía trabajar porque tenía que cuidar de mis hijos, especialmente del menor, que tiene una discapacidad”, cuenta Jackson. “Vine a Quito para hacer una pasantía en Teología en la Iglesia de Cristo, y justo enfrente estaba el Banco de Alimentos”.

Un día entró y encontró mucho más que apoyo para alimentar a su familia: descubrió una oportunidad que transformaría su vida.

Jackson, que ahora tiene un negocio de comida venezolana, fue una de las casi 40 personas participantes en Ecoactivo, un proyecto apoyado por el Fondo de Innovación para la Acción Climática y Ambiental de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, que puso a prueba un nuevo modelo para fortalecer emprendimientos circulares. La iniciativa ha contribuido a mejorar la gestión de residuos – un desafío en muchas zonas donde viven personas desplazadas por la fuerza, que impacta el entorno, la salud y las oportunidades económicas – al tiempo que fortalece la autosuficiencia.

De la asistencia alimentaria al emprendimiento

Impulsado por ACNUR y el Banco de Alimentos de Quito, en colaboración con ConQuito, la Agencia Metropolitana de Promoción Económica de Quito, y la Escuela Politécnica Nacional, Ecoactivo partió de una idea sencilla: conectar a las personas que reciben kits alimentarios con oportunidades de formación y emprendimiento que les permitieran prosperar de manera independiente.

Pero la visión iba más allá de mejorar medios de vida: buscaba que las personas refugiadas no solo reconstruyeran su futuro, sino que también contribuyeran a una transición verde e inclusiva.

Un grupo de personas con mascarillas y gorros manipulando alimentos en una actividad de ECOACTIVO.

Solo en esta fase piloto se recuperaron 352 kg de alimentos y ropa, que se utilizaron como insumos para las empresas.

Estudiantes y docentes de la Escuela Politécnica Nacional brindaron capacitación teórica y práctica para que 39 participantes, entre personas forzadas a huir y miembros de las comunidades de acogida en condición de vulnerabilidad, pudieran diseñar, desarrollar y probar productos sostenibles utilizando insumos recuperados del Banco de Alimentos.

Además, el equipo de ConQuito impartió talleres sobre habilidades blandas, formalización legal de negocios, gestión financiera, administración y promoción comercial. Las personas participantes también aprendieron a presentar sus productos ante potenciales aliados y clientes.

Como resultado, 33 emprendedores recibieron capital semilla para fortalecer sus negocios, que hoy son sostenibles y generan impactos positivos y significativos en sus comunidades.

Transformar pulpa en una oportunidad de negocio

Una de las participantes fue Mary Moncada. Salió de Venezuela hacia Ecuador en 2022, tras enfrentar la escasez de bienes básicos y luego de intentar reconstruir su vida en Colombia.

En Ecuador, trabajó en diversos empleos: pelando papas en un pequeño negocio, en un restaurante venezolano y luego vendiendo comida junto a su hermana en las calles del centro de Quito.

En Quito, comenzó como voluntaria en el Banco de Alimentos y, pocos meses después, se integró al proyecto Ecoactivo. Allí nació Fruta Life, su emprendimiento de pulpa de frutas.

“Como voluntaria, me di cuenta de que la comida y la fruta descartadas todavía tenían muchísima vida útil, quizá un 99%”, explica Mary. “Pensé que podían recuperarse y transformarse en jugos, helados o batidos. Por eso admiro tanto el trabajo del Banco de Alimentos: recuperamos alimentos para que otras personas puedan beneficiarse”.

Un grupo de personas asistiendo a una clase.

Los estudiantes y profesores de la Escuela Politécnica Nacional impartieron formación teórica y práctica, mientras que ConQuito organizó talleres sobre habilidades sociales, aspectos jurídicos y gestión empresarial.

Su negocio comenzó a crecer. Empezó vendiendo puerta a puerta y, gracias al voz a voz, fue ampliando su clientela, que hoy incluso incluye restaurantes.

Parte clave de ese crecimiento fue aprender a calcular márgenes de ganancia mediante la formación recibida durante el proyecto.

“Aprendí a calcular costos”, explica Mary. “Ahora sé exactamente cuánta fruta necesito para cada pulpa y cuánto cuesta producirla. Así puedo definir el precio sin perder rentabilidad ni competitividad”.

Crear empleo mientras se reduce el desperdicio

Mary y Jackson son solo dos de las más de 440.000 personas refugiadas y migrantes venezolanas que viven actualmente en Ecuador.

En 2021, según el Monitoreo de Protección de ACNUR, apenas el 10% tenía acceso a empleo adecuado, es decir, con ingresos iguales o superiores al salario mínimo. De igual manera, la Evaluación Conjunta de Necesidades de 2024 reveló que alrededor del 65% de las personas refugiadas y migrantes encuestadas necesitaban oportunidades de empleo o generación de ingresos.

“Las personas refugiadas llegan a los países de acogida con enormes talentos y capacidades que pueden contribuir al desarrollo económico local”, señala Federico Agusti, Representante de ACNUR en Ecuador. “Alianzas como las creadas a través de Ecoactivo son fundamentales para brindar a personas desplazadas y ecuatorianas oportunidades de generación de ingresos, lo que se traduce en bienestar para sus familias y desarrollo para sus comunidades, al tiempo que se fortalece la seguridad alimentaria y la protección del medio ambiente”.

A través de Ecoactivo, las personas desplazadas por la fuerza y las comunidades de acogida no solo encontraron una forma de generar ingresos: también impulsaron productos sostenibles y promovieron el cuidado ambiental.

Solo en las etapas iniciales del proyecto, 352 kilogramos de alimentos recuperados y ropa reutilizada fueron transformados en insumos productivos, demostrando el impacto ambiental de la iniciativa y su contribución a la reducción de residuos.

Una mujer mostrando un producto para mascotas en una feria.

Los participantes en el proyecto Ecoactivo utilizaron alimentos y ropa desechados para crear nuevos productos y poner en marcha sus propios negocios.

A medida que estos emprendimientos circulares crezcan, también lo hará su aporte a la reducción de emisiones y a la mitigación de riesgos ambientales y sanitarios derivados de los desechos.

Además, a través del proyecto, el Banco de Alimentos logró institucionalizar el modelo de gestión de Ecoactivo, demostrando el potencial de sostenibilidad de iniciativas que apoyan la integración de personas refugiadas en sus comunidades de acogida.

Vivir el presente y seguir adelante

Los aprendizajes de esta iniciativa no solo fortalecieron a las personas participantes, sino también a ACNUR.

Las experiencias y resultados de las distintas actividades permitieron desarrollar una metodología más focalizada para apoyar emprendimientos. Asimismo, las alianzas con organizaciones locales abrieron nuevas oportunidades para ampliar el alcance de este tipo de apoyo.

El Banco de Alimentos y ACNUR continuarán colaborando para acompañar a personas refugiadas y migrantes en situación de vulnerabilidad en la creación de nuevos negocios sostenibles.

Para Jackson, emprender significó la posibilidad de generar ingresos sin descuidar el cuidado de sus hijos.

“Ecoactivo fue una oportunidad para sostenerme económicamente con un trabajo que me permite manejar mi tiempo”, afirma. “No todos los negocios alcanzan el éxito esperado, pero debemos hacer las cosas bien para lograr bienestar económico y emocional, especialmente cuando tenemos hijos pequeños”.

Gracias a su participación en Ecoactivo, Jackson ha fortalecido su negocio de comida tradicional venezolana, mientras que Mary pudo acceder a capital semilla para expandir su emprendimiento de pulpas de fruta y tener un espacio físico para atender a sus clientes.

Hoy, ambos sueñan con llevar sus negocios a otras partes de la ciudad, del país, pero también a Venezuela y más allá.

“Lo importante es seguir adelante, pase lo que pase”, dice Mary. “Hay un dicho que dice que del pasado se aprende, pero no se vive en él. Hay que vivir el presente y seguir avanzando. El pasado nos enseña a continuar. Hay que luchar: sí se puede”.