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En Belice, Henrry encontró el lugar al que pertenece. Ahora ayuda a otros a encontrar el suyo

Historias

En Belice, Henrry encontró el lugar al que pertenece. Ahora ayuda a otros a encontrar el suyo

10 Agosto 2026
Dos hombres hablando en la entrada de una casa.

Como parte de su trabajo ayudando a personas refugiadas y solicitantes de asilo Henrry visita a familias para brindarles información, identificar necesidades de protección y derivarlas a los servicios pertinentes.

Mientras otras familias a su alrededor se reunían para dar la bienvenida al nuevo año, Henrry llegó a Belice en busca de protección. No tenía pasaporte, hablaba muy poco inglés y dependía únicamente de su tío y tía para que guiaran a su familia a un lugar seguro.

“En momentos de preocupación, no piensas en tu pasaporte”, cuenta Henrry. “Simplemente te vas”.

Tenía 16 años y, de repente, su mundo era completamente diferente. Henrry y su familia solicitaron asilo, con la esperanza de construir una nueva vida en Belice.

En medio de la incertidumbre de su nueva realidad, había una cosa en la que su madre se mantuvo firme: Henrry tenía que volver a la escuela ya que la educación le abriría las puertas que la violencia y el desplazamiento habían intentado cerrar.

A pesar de hablar muy poco inglés, Henrry se matriculó en la preparatoria con el apoyo de ACNUR y sus socios, quienes le ayudaron con la inscripción, los uniformes y los útiles escolares. La transición no fue fácil. La barrera del idioma le dificultaba seguir el ritmo de las clases y hasta relacionarse con sus compañeros. Durante su primer año se sentía aislado.

Un hombre y una mujer que de la espalda a la cámara conversan fuera de una casa.

Henry’s experience as a refugee gives him a unique perspective on the challenges faced by refugees and asylum-seekers, strengthening his ability to provide legal and protection support.

Pero perseveró. Para su segundo año, Henry ya se había adaptado al idioma y, al graduarse, estuvo entre los cinco mejores estudiantes de su escuela secundaria.

“La educación me ayudó a sentir que pertenecía a este lugar”, comparte. “Sin ella probablemente no habría podido contribuir a la comunidad ni tener amistades. ACNUR me ayudó a prepararme para integrarme”.

Con una confianza cada vez mayor, Henrry también se involucró más en la comunidad que lo rodeaba. Inspirado por su tía, quien también fue forzada a huir de El Salvador y ahora formaba parte de un grupo de mujeres refugiadas que creaban conciencia sobre la violencia de género, Henrry comenzó a trabajar como voluntario con el grupo como una forma de retribuir a la comunidad.

El grupo se convirtió en IHope, una organización dirigida por mujeres refugiadas. Henrry comenzó ayudando con la traducción y la coordinación de eventos y, con el tiempo, ascendió a vicepresidente. En el camino, con el apoyo de ONG locales, ACNUR y el Gobierno de Belice, participó en programas de capacitación sobre derechos humanos, prevención de la trata de personas y protección contra la explotación sexual. Estas experiencias profundizaron su compromiso con la defensa de los derechos y el bienestar de las personas desplazadas.

La vida de Henrry tuvo otro punto de inflexión. Con abogacía de ACNUR, la Universidad de Galen le otorgó una beca, y ahora cursa su segundo año de la licenciatura en ciencias ambientales. Cada etapa de apoyo construyó sobre la anterior: el idioma, luego la educación, luego la comunidad y, finalmente, la educación universitaria.

“Quiero poder retribuir lo que he recibido”, señala Henrry. “Me siento totalmente integrado. Mi familia está a salvo. Ahora quiero asegurarme de que otros también puedan sentirse así”.

Cuando se enteró de que Humana People to People Belice, una organización socia de ACNUR, estaba contratando asistentes sociales, presentó su solicitud sin dudarlo. Hoy en día apoya a los solicitantes de asilo que atraviesan los mismos procesos que en su momento a él le parecieron abrumadores. Su trayectoria, desde el aislamiento hasta la integración, le da una ventaja como asistente social, ya que le permite reconocer desafíos que otros podrían pasar por alto.

“Como tengo esa experiencia, puedo identificar necesidades específicas más rápidamente. Cuando hablo con una familia, siento empatía. Puedo percibir lo que no dicen”, comparte Henrry.

Hoy, Henrry se ha convertido en la persona que él mismo necesitó en su momento: alguien que entiende el sistema, habla el idioma y sabe lo que se necesita para empezar de cero. El apoyo que recibió lo ayudó a reconstruir su vida y le dio las herramientas para ayudar a otros a hacer lo mismo.

Un grupo de personas posa para una foto.

Henrry joins representatives from the Refugees Department and Humana People to People Belize on a shelter visit.

“Yo vengo de esa situación”, expresa. “Y ahora puedo ayudar a esas personas. Eso es lo que más orgullo me ha dado”.

El desplazamiento, insiste, no es un motivo de vergüenza, sino un punto de inflexión. Existe apoyo a través de organizaciones, comunidades y personas, dispuestas a tender una mano incluso cuando la esperanza parece lejana. Las oportunidades, ya sea en educación, idioma o participación ciudadana, son pasos hacia la reconstrucción y la integración.

Para Henrry, lo que comenzó como una huida desesperada de su país se ha convertido en una vida con propósito y dedicada a apoyar a los demás. Su trayectoria es prueba de que, con el apoyo adecuado, quienes alguna vez necesitaron protección pueden convertirse en quienes la brindan, fortaleciendo así a las comunidades que los rodean.

Su experiencia le ha enseñado que el desplazamiento no determina el futuro de una persona. “Buscar refugio es solo uno de tus muchos capítulos”, asegura Henrry.