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Entre herramientas y sueños: Mariana, una Mujer Poderosa en Chile

Historias

Entre herramientas y sueños: Mariana, una Mujer Poderosa en Chile

“Hemos seguido adelante después de todo. Siempre con mente positiva, con un buen futuro, siempre pensando en nuestra familia”.
12 Agosto 2026
Retrato de Mariana.

Comprometida con su comunidad, Mariana ha transformado sus aprendizajes en acciones concretas de apoyo, colaborando en proyectos comunitarios y acompañando a quienes más lo necesitan.

SANTIAGO DE CHILE – Rodeada de herramientas, materiales de construcción y clientes que a menudo se sorprenden al verla detrás del mostrador, Mariana ha encontrado mucho más que un trabajo en una ferretería de Puente Alto, una comuna ubicada al suroriente de Santiago. Ha encontrado un espacio para reconstruir su vida, desafiar estereotipos y seguir construyendo el futuro que imaginó cuando dejó Venezuela junto a su familia.

Tras llegar a Chile, Mariana – oriunda de Venezuela – decidió dedicar sus primeros años en el país al cuidado de sus hijos, Ismael y Alana, mientras su esposo se incorporaba al mercado laboral. Con el paso del tiempo, sintió que era el momento de retomar su desarrollo profesional y comenzó a buscar oportunidades para reincorporarse al mundo del trabajo.

Aprender para avanzar

Decidida a abrirse camino en Chile, donde llegó hace 7 años, Mariana aprovechó distintas oportunidades de formación que le permitieron adquirir nuevas herramientas para ingresar al mercado laboral. Fue así como llegó a la Corporación Dolores Sopeña, que, con el apoyo técnico y financiero de ACNUR, ejecuta un programa de inclusión laboral para personas refugiadas y migrantes en la comuna de Puente Alto, con especial foco en los vecinos del campamento Millantú, un asentamiento en el que viven más de dos mil familias, entre ellas chilenas, haitianas, venezolanas y colombianas.

Uno de los pasos más importantes para Mariana fue completar la nivelación de estudios de enseñanza media. En Chile, acreditar la enseñanza básica o media es un requisito mínimo para postular a gran parte de los empleos formales, por lo que obtener esta certificación amplió significativamente sus posibilidades de encontrar trabajo. Al mismo tiempo, complementó ese proceso con cursos de formación en oficios, entre ellos, manipulación de alimentos, barbería y maquillaje, adquiriendo herramientas prácticas para desempeñarse en distintas áreas laborales.

De vuelta en el mercado laboral, Mariana encontró trabajo en una ferretería, una oportunidad que asumió con asombro y esperanza. Allí se encarga de atender a la gente, reponer productos y hacer un poco de todo. A excepción de su jefa, Mariana es la única mujer que trabaja allí. Pero, para ella, las tareas no se diferencian por sexo. “Uno no puede limitarse. Hacer las cosas no es solo para las mujeres ni solo para los hombres. Una, como mujer, tiene que ser empoderada”.

Hoy monta productos y es capaz de orientar a quienes llegan para ayudarlos a encontrar lo que necesitan. Se siente orgullosa de lo que ha aprendido y de su capacidad para responder a las exigencias del trabajo.

Liderazgo que transforma

La fuerza de Mariana también se refleja fuera de la ferretería. Como lideresa en el campamento, donde vive con su familia, dedica tiempo y energía a apoyar a sus vecinos.

“Me gusta ayudar a la gente. Eso me lo enseñaron desde chiquita”.

Las habilidades que adquirió en los cursos de la organización pronto se convirtieron en herramientas para servir a su comunidad. Apoyó un comedor comunitario gracias a su formación en cocina y ofreció cortes de cabello gratuitos a niños de familias con recursos limitados, entre otras iniciativas impulsadas junto a otros vecinos.

Aunque extraña a su familia en Venezuela, Mariana mantiene la mirada puesta en todo lo que ha construido. Entre nuevos aprendizajes, su trabajo y una comunidad que hoy siente como propia, sigue avanzando con la misma convicción que la llevó a empezar de nuevo en Chile: siempre es posible salir adelante.