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Tres años después de huir de la guerra en Sudán, Gbreel realiza su sueño de estudiar medicina en Italia

Historias

Tres años después de huir de la guerra en Sudán, Gbreel realiza su sueño de estudiar medicina en Italia

Tras superar el desplazamiento y destacar como estudiante, Gbreel temía que el conflicto en Sudán hubiera acabado con su sueño de ser médico, hasta que una cálida acogida en Uganda y una nueva oportunidad le devolvieron la esperanza.
16 Abril 2026 Disponible también en:
Un grupo de estudiates en bata médica haciendo pruebas en un laboratorio.

El refugiado sudanés Gbreel Telbo (en el centro) realiza un experimento durante una clase de biología en la Facultad de Medicina de Foggia.

Gbreel Telbo superó una infancia marcada por la inseguridad y el desplazamiento en Darfur del Sur para destacar en los estudios y conseguir una beca universitaria para estudiar medicina. Poco después de graduarse en 2023, estaba realizando prácticas en un hospital de Jartum, la capital de Sudán, cuando estalló la guerra.

Sin poder quedarse, y recordando las duras lecciones de su infancia, decidió reunirse con su familia para buscar un lugar seguro, huyendo inicialmente con ellos dentro de Sudán y estableciéndose finalmente como refugiados en Uganda.

A pesar de encontrar protección y una cálida acogida, Gbreel no desistió de su sueño de convertirse en médico. Solicitó su admisión al programa Corredores Universitarios para Estudiantes Refugiados (UNICORE) de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, que permite a los estudiantes refugiados acceder a la educación superior en Italia. Fue admitido para cursar un máster en Biología Clínica y Experimental en la Universidad de Foggia. Llegó a Italia en 2025, con la intención de terminar sus estudios en 2027.

En los párrafos que siguen, Gbreel describe su extraordinario viaje desde Darfur del Sur hasta el sur de Italia, y cómo el apoyo oportuno y la oportunidad de poner en práctica su talento le han permitido seguir persiguiendo su sueño de un futuro mejor:

Recuerdo exactamente dónde estaba el 15 de abril de 2023 [cuando estalló la guerra en Sudán]. Apenas tres semanas antes, había terminado mis estudios de medicina en la Universidad de Bayan, en Jartum.

Desde que era niño, soñaba con ser médico. En Darfur, de donde provengo, mucha gente sufre por la falta de atención sanitaria adecuada, por la inseguridad y la violencia. Quería ayudar a los demás, cuidar de la gente. Cuando cursaba la enseñanza secundaria, se me consideraba un estudiante destacado y me ofrecieron una beca para la Universidad de Nyala [en Darfur del Sur]. Era mi oportunidad.

Gbreel muestra el libro que está leyendo sentado a su escritorio.

Gbreel, un estudiante brillante que siempre soñó con ser médico, lee un libro de medicina en su dormitorio de la Universidad de Foggia.

Mi padre era muy trabajador, pero no tenía estudios y a menudo dudaba de que la educación fuera realmente necesaria. Pensaba que, incluso después de graduarme, volvería a casa y me vería obligado a trabajar en el mercado, como él. Por suerte, soy el menor de siete hermanos y no me necesitaban para ayudar a la familia. Podía ir a la escuela. La educación te da algo en las manos que te ayudará a salir adelante toda la vida. Es como tener un seguro para el futuro; es la única forma de salir de una vida difícil.

La situación en Darfur siempre fue muy difícil. Nos habíamos mudado muchas veces para escapar de la violencia, dejando atrás nuestro hogar y a nuestros amigos en varias ocasiones. Cuando estaba en la universidad, el Gobierno de Darfur decidió trasladarnos a Jartum para continuar nuestros estudios debido a la inseguridad en la zona.

Cuando llegué allí, me pregunté: “¿De verdad esto es Sudán?”. Me resultaba muy extraño pasar dos años sin oír un solo disparo. Quería trasladar allí a toda mi familia una vez que terminara la universidad. No tenía ni idea de que existiera un lugar así en nuestro país, donde se puede vivir una vida normal sin pensar que en cualquier momento te pueden atacar o que vas a perder a alguien a quien quieres.

La foto de la madre de Gbreel en una esquina de su escritorio.

Gabriel guarda una foto de su madre en el escritorio de su dormitorio.

El 15 de abril de 2023, oí estallar la primera bomba poco después de comenzar mi turno en la sala de urgencias. Era solo el segundo día de mis prácticas en un hospital local.

De camino al trabajo, había notado que había más militares de lo habitual en las calles, pero no le presté mucha atención. Apenas cinco minutos después, una parte del hospital fue alcanzada por los bombardeos. Encendimos la televisión y vimos lo que estaba pasando. Al cabo de una hora, empezaron a llegar a la sala de urgencias decenas de heridos. Tres horas después, nos quedamos sin suministros médicos. Cinco horas más tarde, nos quedamos sin electricidad y no sabíamos dónde colocar a los fallecidos; había cadáveres por todas partes. Seguimos así toda la noche, pero finalmente, por la mañana, comprendimos que no podíamos hacer nada. La Media Luna Roja vino a trasladar a los heridos; nos vimos obligados a dejar atrás a los muertos y nos fuimos a casa.

En aquellos primeros días, todo el mundo estaba convencido de que no duraría; pensaban que en unas semanas todo habría terminado. Yo sabía que eso no se detendría, por mi experiencia en Darfur. Sabía que, una vez que las armas empiezan a disparar, es muy difícil detenerlas. Tener esa conciencia me ayudó a comprender la situación y a decidir qué hacer. Salí rápido de Jartum para volver con mi familia.

"La educación... es la única forma de salir de una vida difícil".

Edificios gravemente dañados por bombardeos, abandonados y rodeados de maleza, en un calle desierta.

Edificios gravemente dañados en una calle de Jartum, la capital de Sudán, en una fotografía de diciembre de 2025.

El viaje de vuelta a casa fue lo más duro de todo. Tardamos una semana en llegar, cuando normalmente el trayecto dura 24 horas. Mientras tanto, la guerra había llegado a Nyala, y recé para que mi familia estuviera a salvo. En el fondo sabía que se las arreglarían, pero también sabía que, cuando estalla la guerra, no distingue entre civiles y militares.

Mi familia estaba bien. Nos trasladamos de Nyala a varios otros lugares del país, pero finalmente nos dimos cuenta de que ya no había ningún lugar seguro en Sudán. Junto con mi madre, mis dos hermanos y sus familias, cruzamos a Sudán del Sur y, desde allí, a Uganda.

El viaje fue muy difícil, pero estábamos juntos e íbamos hacia un lugar seguro, y eso lo hizo más fácil.

El punto de inflexión fue cuando llegué a Uganda; nos recibieron como refugiados en la frontera y nos prestaron ayuda de inmediato. Fue la primera ayuda real que recibí desde que salí de Jartum meses antes. Era poco, pero me pareció enorme: encontrar a alguien que te recibiera con una sonrisa y comprendiera lo que habíamos sobrevivido. Durante un tiempo, nos instalamos en el asentamiento de refugiados de Kiryandongo y nos dieron un terreno y materiales para construir una casa.

Lo más difícil de estar en una guerra no es perder la vida; si eso ocurriera, todo habría terminado y no tendrías nada de qué preocuparte. Lo más difícil es temer perder a las personas que quieres y saber que no hay nada que puedas hacer al respecto, ninguna forma de protegerlas.

"Una vez que las armas empiezan a disparar, es muy difícil detenerlas".

Un hombre sonríe al tomarse una selfie en un entorno rural.

Una selfie de Gbreel tomada en Uganda, donde encontró refugio junto a su familia tras huir de Sudán.

Lo más difícil de estar en una guerra no es perder la vida; si eso ocurriera, todo habría terminado y no tendrías nada de qué preocuparte. Lo más difícil es temer perder a las personas que quieres y saber que no hay nada que puedas hacer al respecto, ninguna forma de protegerlas.

Durante mucho tiempo, no podía pensar en el futuro, ni siquiera en mis sueños. Lo único en lo que podía pensar era: ¿Estoy a salvo ahora? Sí. ¿Está a salvo mi familia ahora? Sí. Vale, no quiero nada más que eso.

Lo increíble es lo generosos que son los ugandeses. Estoy donde estoy hoy gracias a ellos. Si hubiera estado ocupado intentando sobrevivir por mi cuenta, nunca habría podido aprovechar esta oportunidad.

En Uganda me di cuenta de que, como refugiado, me resultaría muy difícil ejercer la medicina. Fue entonces cuando, a través de ACNUR, descubrí el programa “Corredores Universitarios” para estudiar en Italia. Decidí solicitar una beca, pero sabía desde el principio lo competitivo que era el proceso. Los 2.000 refugiados que solicitaron las 70 becas no solo están cualificados, sino que son estudiantes extraordinarios y sobresalientes. Me preparé a fondo para el proceso de selección. Ensayé la entrevista durante 10 días seguidos y tuve mucha suerte al ser aceptado en la Universidad de Foggia para estudiar biología clínica y experimental en la Facultad de Medicina.

Cuando recibí la llamada, no me lo podía creer, después de todo lo que había pasado. Aquí en la universidad todo el mundo es extremadamente amable. Los demás estudiantes con los que vivo en la residencia me apoyan y sienten curiosidad por saber de dónde vengo, siempre me hacen preguntas. Los primeros meses me costó un poco adaptarme al nuevo ambiente, pero creo que la vida me ha enseñado a lidiar con el estrés y los nuevos entornos.

"Lo increíble es lo generosos que son los ugandeses".

No estoy aquí como víctima, sino como alguien que cree en la educación como forma de recuperar la vida. Aunque han pasado tres años y he superado muchas cosas, todavía me cuesta pensar en el futuro. Mi objetivo principal es volver a verme a mí mismo como un ser humano. No puedo pensar en dónde quiero estar dentro de cinco años, ni en qué plan tengo. Tengo que ir día a día y espero poder lograrlo y empezar a creer en mí de nuevo.

A los demás refugiados que lean mi historia, quiero que sepan que hay personas trabajando duro para que estas oportunidades sean una realidad, y si uno de ustedes lo ha conseguido, ustedes también pueden.

Barbara Molinario ha recogido el testimonio de Gbreel.

Información de contexto:

Desde 2019, el proyecto UNICORE de ACNUR ha permitido a más de 300 estudiantes refugiados acceder de forma segura a la educación universitaria en Italia mediante becas y visados de estudiante. El programa ofrece a los refugiados la oportunidad de aplicar sus habilidades y maximizar su potencial para construir una vida mejor. Más de 40 universidades italianas participan actualmente en la octava edición del programa, seleccionando a las personas refugiadas que se postulan en función de sus méritos y motivación.

"No estoy aquí como víctima"