Cerrar sites icon close
Search form

Buscar el sitio de un país

Perfil de país

Sitio de país

Discurso del Alto Comisionado con motivo de la conmemoración del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria de 2026

Discursos y declaraciones

Discurso del Alto Comisionado con motivo de la conmemoración del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria de 2026

19 Agosto 2026 Disponible también en:
Logo ACNUR

Excelencias, colegas, amigos:

Permítanme comenzar rindiendo homenaje a los supervivientes del atentado contra el Hotel Canal que se encuentran hoy aquí con nosotros, así como a las familias de aquellos que perdimos. Su presencia hace que esta conmemoración sea especialmente significativa, y me siento profundamente, profundamente honrado de estar aquí hoy con ustedes.

Para mí, el 19 de agosto de 2003 también evoca un recuerdo muy personal. Unos días antes, hablé con mi buen amigo Ghassan Salamé. Habíamos concertado una reunión con Sergio de Mello para la semana siguiente. Esa reunión nunca llegó a celebrarse.

Recuerdo aquel día y la profunda sensación de pérdida que le siguió. Irak salía del conflicto y entraba en un período de gran incertidumbre. Había tanto por hacer y tanta esperanza depositada en lo que aún podía ser posible.

Sergio había venido a Bagdad para ayudar.

Y el 19 de agosto, él y 21 de sus compañeros perdieron la vida precisamente por hacer eso.

Por desgracia, nunca tuve la oportunidad de conocerlo en persona. Pero, como tantos otros, sabía lo que representaba.

Había dedicado su vida a prestar servicio en algunos de los lugares más difíciles del mundo. Creía en las Naciones Unidas, en su responsabilidad de estar presentes cuando la gente más lo necesitaba y en la capacidad del servicio internacional para marcar la diferencia.

Encarnaba lo mejor de la función pública internacional y del liderazgo: íntegro, valiente y, por encima de todo, comprometido con las personas.

Su pérdida fue devastadora. Y para las Naciones Unidas, aquel día supuso un cambio profundo.

Puso de manifiesto, de la forma más terrible, la vulnerabilidad de quienes se adentran en los lugares más difíciles no para combatir un conflicto, sino para ayudar a las personas atrapadas en él.

Veintitrés años después, pienso en Sergio, en aquellos a quienes perdimos aquel día, y en todos los que siguen prestando el mismo servicio con ese mismo espíritu.

Como Alto Comisionado para los Refugiados, veo cada día lo que el valor de los trabajadores humanitarios hace posible. Veo a colegas en las primeras líneas, a menudo lejos de la atención del mundo, protegiendo a familias obligadas a abandonar sus hogares, prestando asistencia y ayudando a las personas a encontrar un camino hacia la seguridad y las soluciones.

Personal humanitario que cada mañana deja a sus familias sin saber lo que les deparará el día. En su gran mayoría, son colegas nacionales que prestan servicio a sus propias comunidades, a menudo mientras, junto con sus familias, viven el mismo conflicto, la misma inseguridad y la misma incertidumbre que las personas a las que ayudan.

Personas que permanecen allí, aun cuando las circunstancias se vuelven peligrosas, porque otros dependen de ellas.

Algunas nunca regresan a casa.

Los riesgos a los que se enfrentaron Sergio y sus colegas en Bagdad no han desaparecido. En demasiados lugares, el personal humanitario sigue siendo objeto de ataques, detenciones, impedimentos y asesinatos.

Hay que proteger al personal humanitario. Hay que respetar el derecho internacional humanitario. Y cuando se produzcan ataques, debe haber rendición de cuentas.

Hoy recordamos a Sergio y a las otras 21 personas asesinadas en el Hotel Canal. Recordamos a todos los trabajadores humanitarios que han perdido la vida al servicio de los demás. Y nos solidarizamos con los supervivientes, así como con las familias y los colegas que siguen soportando esa pérdida.

Nunca llegué a tener esa reunión con Sergio en Bagdad. Pero, 23 años después, lo que él representaba sigue siendo tan importante como entonces: la fe en el servicio, en un liderazgo basado en principios y en la responsabilidad de estar presentes cuando las personas más nos necesitan.

El personal humanitario de todo el mundo continúa esa labor cada día.

Nuestra responsabilidad es garantizar que no paguen por ello con sus vidas.

Gracias.