Recobrando la estabilidad después del retorno a Venezuela
Recobrando la estabilidad después del retorno a Venezuela
Yessika Mota y sus cinco hijos sonríen juntos en su hogar, mientras construyen una vida con mayor estabilidad y nuevas esperanzas para el futuro.
Para Yessika Mota y Sara Mendoza, el retorno ha significado reconstruir vínculos, reencontrarse con sus seres requeridos y enfrentar los desafíos de empezar de nuevo. También ha implicado recuperar documentos, acceder a apoyo psicosocial y encontrar formas de sostener a sus familias. En Táchira, una región marcada por el movimiento constante entre Venezuela y Colombia, ACNUR y sus socios acompañan ese proceso a través de centros multiservicio, que acercan distintos tipos de apoyo a las comunidades complementando y fortaleciendo la respuesta de las instituciones.
El día comienza en San Josecito como tantos otros en este pequeño y caluroso municipio del Estado de Táchira para Yessika Mota, una venezolana de 37 años, que hace poco regresó a su país. Aquí, ella organiza la vida de sus seis hijos mientras intenta hacer algo que durante mucho tiempo parecía imposible: quedarse.
Para Yessika, empezar de nuevo no es un desafío nuevo.
Hace algunos años, cuando sus hijos eran pequeños, Yessika tomó una decisión que todavía ve como una de las más difíciles de su vida. Irse de Venezuela.
“La situación en ese momento era muy complicada y quería que mis hijos tuvieran acceso a mejores oportunidades”, señala Yessika. “Por esa situación tuve que irme y dejar a dos, y fue muy difícil”.
En el 2019, se fue en autobús hacia Cúcuta, en el Norte de Santander, Colombia, en donde no conocía a nadie.
Los años siguientes estuvieron caracterizados por intentar sostener una familia en un lugar que tampoco llegaba a convertirse en su hogar. La falta de documentos le hacía más difícil encontrar trabajo, y, sin uno, pagar la luz, el agua y los gastos del día era más difícil. Su esposo consiguió empleo en una carbonera, pero ella no pudo trabajar.
“Fue difícil llegar a un lugar donde uno no conoce por querer que los niños tuvieran una mejoría en su nutrición, porque nosotros la pasamos o sea muy mal”, recuerda.
La familia también tuvo que pasar por la interrupción de la educación de sus hijos. Por la inestabilidad, uno de ellos perdió dos años de escuela.
“Yo le dije a mi esposo: vámonos. Logramos venirnos aquí porque estaba una hermana mía, y le dije a mi esposo que vamos a estabilizarnos aquí, porque los niños no estudiaban. Mi hijo, el de 12 años, todavía está en sexto apenas”.
El regreso a Táchira no fue fácil. Fue otra serie de desafíos como encontrar dónde vivir, conseguir un ingreso, volver a matricular a los niños en la escuela, resolver documentos pendientes. Durante un tiempo vivieron en una casa que cuidaban, pero las paredes comenzaron a abrirse y las torrenciales lluvias terminaron por hacerla inhabitable. Luego encontraron otro lugar, aunque el aumento del alquiler volvió a poner en duda cuánto tiempo podrían permanecer ahí.
Ahora, aunque la estabilidad para Yessika sigue siendo algo frágil, hay cosas que puede resolver.
Con el apoyo de ACNUR, Yessika obtiene la documentación que le permite avanzar hacia una vida más estable para ella y sus hijos tras su regreso a Venezuela.
Servicios de protección bajo un mismo techo
En Táchira, el acompañamiento que ha recibido Yessika forma parte de una estrategia nacional de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, que busca acercar, bajo un mismo techo, los servicios a las comunidades y fortalecer las capacidades de las instituciones y organizaciones locales, en lugar de sustituirlas.
A través de centros multiservicio, personas refugiadas, retornadas, y de las comunidades de acogida pueden acceder a diferentes formas de apoyo, incluyendo la orientación legal, atención psicosocial y acompañamiento para estabilizarse económicamente, sin tener que moverse entre ciudades o instituciones.
Para Yessika, ese acompañamiento ha incluido apoyo para resolver la documentación de sus hijos. Uno de ellos nació en Colombia y necesita documentos para completar sus trámites en Venezuela. ACNUR y su socio ODISEF la han acompañado en ese proceso. Ahora espera que la documentación llegue en las próximas semanas.
También recibió apoyo psicosocial y algunos enseres básicos para que pudiese empezar a construir un hogar.
“Yo duré un tiempo que estuve sufriendo de muchísima ansiedad, muchísima. Fui ahorita a lo de los papeles del niño y mi cuerpo entró en alerta: mi cuerpo tiembla, me pongo nerviosa”, comenta.
En las sesiones con el personal de psicología aprendió a volver al presente. “Estoy ahorita con la psicóloga y mis hijos también. Muy bueno, ella me dice de vivir presente, que no tengo que vivir en el pasado ni en el futuro, que tengo que pensar en el ahora”.
Por ello, ACNUR busca no solamente responder a una necesidad inmediata, sino que una persona pueda recuperar documentos, bienestar, ingresos y, con ellos, la capacidad de decidir sobre su futuro.
“Cuando una persona retorna a su país, regresar no es suficiente. Necesita poder reconstruir su vida, recuperar sus derechos y encontrar oportunidades para sostener a su familia”, señala Kristin Halvorsen, Representante encargada de ACNUR en Venezuela. “Nuestro trabajo es catalizar diferentes apoyos ofrecidos por diferentes instituciones y organizaciones, fortaleciendo los servicios que ya existen en las comunidades, para que las soluciones surjan y permanezcan allí y las personas puedan avanzar hacia una vida más independiente”.
Táchira, un estado que comparte frontera con el departamento colombiano de Norte de Santander, es un lugar de salida y de retorno. Por allí, pasan venezolanos que buscan establecerse en otros países y, en los últimos años, personas que regresan para reconstruir su vida en Venezuela. También continúan cruzándola personas colombianas que buscan protección en territorio venezolano.
En este contexto, la respuesta humanitaria no termina cuando alguien regresa, sino que ayuda a que ese retorno pueda sostenerse.
Reintegrarse para imaginar un futuro estable
Para Sara Mendoza, una venezolana de 20 años, el retorno inicia a casi 65 kilómetros de distancia.
Nacida en Ureña, Sara se fue hace unos seis años con su pareja a Tibú, también en el Norte de Santander. Ahí volvieron a empezar. Con ayuda de sus suegros levantaron un pequeño rancho sobre un terreno que les habían dado, y durante un tiempo vivieron bien.
Pero, después llegaron los enfrentamientos. “Eso era cotidiano de la vida, como el desayuno, almuerzo y escuchar tiros a toda hora”, dijo Sara.
Una vez tuvieron que abandonar su casa y buscar albergue durante un mes. Regresaron cuando les dijeron que la situación se había calmado. Dos o tres semanas después comenzaron otra vez los enfrentamientos y les dijeron que quien pudiera irse, que se fuera.
Sara, su pareja, su hijo y sus suegros volvieron a Venezuela a inicios de 2025. “Perdimos todo allá. Nos tocó empezar de cero aquí”, comenta.
En el regreso, reintegrarse llegó por partes. Una charla psicosocial con el socio de ACNUR en su comunidad llevó a otra. Después la orientaron sobre la documentación, una cuenta bancaria y otros trámites. Su hijo pudo contar con la documentación necesaria para ser inscrito en el jardín.
También hizo un curso de manicura de tres meses, con lo que tuvo una posibilidad laboral que antes no había contemplado. “Yo decía: qué pereza, todo ese tema de pintar y hacer. Pero de repente me llamó la atención y dije: bueno, voy a hacerlo, a ver qué tal me sale. Y se me dio”. Su pareja sabe de motos y quiere montar un pequeño taller. Pero lo que más anhelan es poder tener una casa propia, en donde soñar con un futuro estable. “Ahorita estamos reuniendo para comprarnos un lote en donde parar la casita, porque ahora pagamos arriendo”, señala Sara.
Con el apoyo de ACNUR y sus socios, Sara Valentina Mendoza Álvarez y su hijo reconstruyen su vida en Venezuela y miran hacia un futuro con nuevas oportunidades.
Para Sara, un hogar propio sería el lugar donde su pareja podría trabajar y ella podría comenzar su propio emprendimiento. Para Yessika, sería el lugar donde sus hijos podrían crecer sin tener que volver a empezar en otra parte. Las dos sueñan con cosas concretas, como documentos, escuela, trabajo, una casa, comida, tranquilidad.
Yessika sabe que retornar no borra el pasado y que estabilizarse toma tiempo. Pero también sabe que sus hijos están estudiando y están comiendo lo suficiente, que hay documentos que están en camino, y que hay esperanzas de un futuro.
“Para mí en lo primordial y mi sueño es que podamos arreglar la casa. Mi sueño es vivir con ellos hasta que sean grandes”, comparte.