De la dependencia a la dignidad: soluciones sostenibles para las personas refugiadas en Camerún
De la dependencia a la dignidad: soluciones sostenibles para las personas refugiadas en Camerún
Larissa Bonang, una refugiada centroafricana que vive con su familia en el campamento de refugiados de Gado, cosecha cacahuates frente a su casa.
A lo largo de los caminos de tierra roja que atraviesan Mandjou, una localidad del este de Camerún, las mujeres llevan al mercado canastas con verduras cultivadas en sus propios huertos. Cerca de ahí, otros agricultores inspeccionan sus campos, que crecen con fuerza, a la espera de la cosecha. Entre ellos se encuentran cientos de personas refugiadas centroafricanas que, tras huir de la violencia en su país de origen, ahora están reconstruyendo sus vidas gracias al trabajo duro, la determinación y las nuevas oportunidades para mantenerse.
Durante años, la asistencia humanitaria ha sido un salvavidas para las familias que llegaban a Camerún con muy poco o nada. Pero en Mandjou, al igual que en otras comunidades de la Región Oriental, se está produciendo una transición gradual: se está pasando de la dependencia de la ayuda a una mayor autosuficiencia e inclusión económica.
De pie en un extenso campo de maíz que se extiende hasta donde alcanza la vista, Bonaventure, un refugiado centroafricano, explica cómo lo que comenzó como una iniciativa de un grupo de agricultores de la comunidad de refugiados llamada CUSMA para alimentar a sus familias se ha convertido en una fuente estable de ingresos, creando oportunidades tanto para la población refugiada como para los miembros de la comunidad de acogida. Los ingresos generados por la agricultura colectiva permiten a los miembros cubrir los gastos básicos del hogar.
“Cuando llegué aquí, dependía por completo de la ayuda humanitaria para alimentar a mis hijos. Hoy, gracias a nuestro campo, comemos mejor y puedo pagar sus materiales escolares. Me siento orgulloso de poder valerme de mi propio trabajo”, afirma Bonaventure.
CUSMA, siglas de Cœurs Unis des Semenciers de Mandjou (Corazones Unidos de los Productores de Semillas de Mandjou), es un grupo agrícola liderado por personas refugiadas que reúne a 15 refugiados y 10 miembros de la comunidad de acogida camerunesa.
Entre 2023 y 2025, el grupo CUSMA produjo en promedio 25 toneladas de maíz al año.
En todo el este de Camerún están surgiendo historias similares. Las personas refugiadas están invirtiendo en la agricultura – incluida la producción de vegetales y la producción avícola – y en pequeñas empresas, lo que genera nuevas fuentes de ingresos y, en muchos casos, les permite convertirse en empleadores y proveedores dentro de la economía local. Ya sea en los campamentos de refugiados de Borgop, Ngam, Gado-Badzéré, Lolo, Mbile y Timangolo, o en las comunidades circundantes, muchas personas refugiadas pueden ahora satisfacer una parte significativa de las necesidades de sus familias gracias a sus propias actividades generadoras de ingresos.
Más allá de los beneficios individuales, estas iniciativas contribuyen al desarrollo económico local y ayudan a reforzar la cohesión social entre los refugiados y las comunidades de acogida. Los intercambios comerciales, los proyectos agrícolas conjuntos y los programas de formación mixtos están creando vínculos duraderos.
Entre quienes apoyan este enfoque se encuentra el Jefe Martin Azia Sodea, ganador del Premio Nansen para los Refugiados de ACNUR de 2025, quien ha puesto a disposición de las personas refugiadas 50 hectáreas adicionales de tierra agrícola para ayudar a ampliar las oportunidades de medios de vida.
El Jefe Martin Azia Sodea comprueba cómo avanza el despeje del terreno que está cediendo para ayudar a las personas refugiadas y a la población local a encontrar una nueva fuente de ingresos.
Una transformación similar está ocurriendo en la Región del Extremo Norte de Camerún, donde años de violencia e inestabilidad provocados por grupos armados no estatales en la cuenca del lago Chad han desplazado a cientos de miles de personas.
En Minawao, un campamento de refugiados creado en 2013 para los nigerianos que huían de la violencia de Boko Haram, está tomando forma un nuevo enfoque.
Tras años de depender en gran medida de la asistencia humanitaria, el campamento se está convirtiendo cada vez más en un lugar donde los refugiados pueden desarrollar negocios, acceder a servicios y conseguir medios de vida, al tiempo que refuerzan las relaciones con las comunidades vecinas.
Hoy en día, iniciativas estructuradas, entre las que se incluyen nuevas alianzas entre actores humanitarios, gubernamentales, del sector privado y del ámbito del desarrollo, están contribuyendo a fomentar una cultura de autosuficiencia y a crear soluciones sostenibles para las personas refugiadas y las comunidades de acogida. Un punto de inflexión clave en esta transformación será un programa de tres años de duración y varios millones de euros conocido como “Alternativas al campamento de Minawao”.
Inaugurado a principios de este año, con el apoyo de la Unión Europea y del Ministerio Federal Alemán de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ), está diseñado para acelerar la transición de Minawao de la dependencia de la ayuda hacia soluciones más sostenibles y dirigidas a nivel local. El plan incluye inversiones en infraestructuras de servicios básicos en el campamento y en las aldeas circundantes para fomentar la inclusión de las personas refugiadas, las oportunidades económicas y la cohesión social; además, está prevista la construcción de un complejo deportivo.
A lo largo de los caminos arenosos del campamento, ya están floreciendo pequeños negocios. Los puestos del mercado ofrecen fruta, verdura, carne a la parrilla, artesanías, ropa y otros productos.
Vista aérea del campamento de refugiados de Minawao, en la región del Extremo Norte de Camerún.
Detrás de estas iniciativas hay hombres y mujeres decididos a superar los conflictos que les forzaron a abandonar sus hogares y a construir un futuro más seguro para ellos y sus familias.
Habib, quien llegó a Minawao en 2016, recuerda lo duros que fueron sus primeros días en Camerún.
“Mis primeros años aquí fueron muy difíciles porque dependíamos por completo de la asistencia humanitaria. Había momentos en los que contaba los días mientras esperaba el reparto de alimentos del mes siguiente”, recuerda.
Actualmente, Habib es miembro de una cooperativa de panadería que suministra pan al campamento de Minawao y a las comunidades de los alrededores. La empresa da sustento a unas 20 familias y apoya a sus miembros a cubrir sus necesidades diarias.
“Hoy me siento muy orgulloso de mí mismo porque la comida ya no es una preocupación para mi familia. Pago yo mismo las cuotas escolares de mis hijos y también puedo encargarme de otros gastos, como la ropa y la asistencia médica”, cuenta Habib con una sonrisa.
Camerún promueve la inclusión de las personas refugiadas mediante un enfoque que abarca a todo el Gobierno, basado en la Estrategia Nacional de Desarrollo a 10 años, vigente hasta 2030 y en consonancia con el Pacto Mundial sobre los Refugiados. La estrategia del país ha pasado gradualmente de la asistencia humanitaria a corto plazo a la inclusión socioeconómica a largo plazo, ampliando el acceso a servicios sociales como la educación y la atención de salud, e integrando las necesidades de los refugiados en los planes de desarrollo locales y en los sistemas nacionales de datos para influir en las políticas públicas.
En Minawao y en los campamentos de refugiados que acogen a personas refugiadas centroafricanas en las regiones del Este, Adamoua y del Norte, esta transición, respaldada por el Gobierno de Camerún, destaca el empeño de ACNUR por ayudar a la población refugiada a pasar de la dependencia de la ayuda a la autosuficiencia.
Fatou Osman, refugiada centroafricana, posa frente a su huerto en el campamento de refugiados de Gado, al este de Camerún.
A través de su visión 50 para 35, la Agencia de la ONU para los Refugiados tiene como objetivo reducir a la mitad, para 2035, el número de personas refugiadas que viven en situaciones de desplazamiento prolongado y que no pueden satisfacer sus necesidades básicas sin asistencia humanitaria. Esta visión busca apoyar a casi 8 millones de personas a superar la dependencia de la ayuda mediante una mayor autosuficiencia, la inclusión y vías hacia soluciones duraderas.
Si bien la asistencia humanitaria sigue siendo esencial y salva vidas, las soluciones sostenibles requieren que las personas refugiadas tengan oportunidades de trabajar, acceder a educación y a servicios de salud, participar en los sistemas nacionales de protección social y generar medios de vida que les permitan satisfacer una parte cada vez mayor de sus propias necesidades.
“En Camerún, las personas refugiadas están demostrando que no deben considerarse una carga, sino un activo y una fuente de oportunidades, con capacidad para contribuir activamente a las comunidades en las que viven”, señala Yvette Muhimpundu, Representante de ACNUR en Camerún. “Invertir en su autosuficiencia significa invertir en la estabilidad y el desarrollo de las comunidades que las acogen y, en última instancia, de toda la región. Por eso es tan importante seguir apoyando los esfuerzos del Gobierno”.
A pesar de estos avances alentadores, persisten importantes retos. El acceso limitado a la tierra, la financiación insuficiente y la creciente presión sobre los recursos naturales siguen limitando la expansión de las actividades de medios de vida basadas en la agricultura. Además, el crecimiento demográfico en los asentamientos de refugiados exige un refuerzo constante de los programas y servicios.
“Las necesidades siguen siendo enormes. El compromiso de los socios debe mantenerse para consolidar estos logros y ampliar estos programas”, afirma el Jefe Sodea.
Mientras tanto, el Jefe Sodea espera mecanizar la producción agrícola y crear más oportunidades tanto para la población refugiada como para las comunidades de acogida utilizando los fondos del Premio Nansen de ACNUR.
“Ya he preparado 12,5 hectáreas de terreno para un nuevo proyecto agrícola que incluirá la cría de aves de corral, estanques de peces, la cría de cerdos y el cultivo de maíz, cacahuetes y otros cultivos. El proyecto ofrecerá formación y oportunidades de empleo tanto a personas de la comunidad refugiada como a las de la de acogida”, explica durante una visita al terreno que ha cedido para los nuevos programas de medios de vida en Gado-Badzéré, donde ya se está trabajando.
Mientras Camerún sigue avanzando en la inclusión y la autosuficiencia de la población refugiada, las experiencias de los refugiados en Mandjou, Minawao y otras zonas de acogida nos recuerdan de forma contundente que el desplazamiento no debe suponer una dependencia permanente. Con una inversión sostenida, alianzas sólidas y políticas inclusivas, las personas refugiadas pueden contribuir de manera significativa a sus comunidades mientras reconstruyen sus vidas con protección y dignidad.
Información adicional de Caroline Gluck y Richard Atem Ashu.