Apoyo y conexión social para las personas aisladas afectadas por la guerra en Ucrania
Apoyo y conexión social para las personas aisladas afectadas por la guerra en Ucrania
La guerra a gran escala en Ucrania, que ha cobrado vidas, desplazado a millones de personas y provocado una destrucción masiva, también ha dejado a muchas personas vulnerables en situaciones muy difíciles y de aislamiento, sin apoyo social, en condiciones de penuria y soledad.
Se trate de una mujer de 80 años que vive sola en un décimo piso sin electricidad, de una persona recién evacuada con movilidad limitada que llega a una nueva comunidad sin conocer a nadie, o de una pareja de adultos mayores que ha regresado a una zona remota devastada por la guerra. Aquí es donde intervienen los facilitadores sociales, voluntarios comunitarios capacitados, para brindar apoyo social básico a sus vecinos.
La facilitación social, un nuevo modelo de protección basado en la comunidad, complementa los servicios sociales estatales y ofrece una asistencia básica y tangible que hace más llevadera la vida cotidiana. Esto puede incluir llevar leña, repartir agua, acompañar a alguien al centro médico o a una tienda de comestibles, o simplemente pasar tiempo conversando.
Los facilitadores actúan como un puente entre las personas y el sistema de protección social del Estado: mientras que, por un lado, los servicios sociales del Estado pueden derivar a las personas al programa, por otro lado, los facilitadores sociales ayudan a las personas a acceder a los servicios sociales.
“Cuando alguien viene a visitarme, significa mucho para mí”.
En la aldea de Chervona Dolyna, en la región de Mykolaiv, los facilitadores sociales se han convertido en una parte fundamental de la vida cotidiana de muchos residentes. Lyudmyla Buts, de 77 años, es una de ellos.
Nunca dejó su casa. Ni siquiera durante los meses de bombardeos y hostilidades que se vivieron a las puertas de su hogar al inicio de la invasión a gran escala, ni ahora que la guerra sigue en curso. Su hijo está sirviendo en el ejército y su hija, quien vive en Jersón, no puede estar a su lado. Con problemas de salud crónicos y una pensión de solo 4000 UAH (96 dólares estadounidenses aproximadamente) al mes, no pudo evacuar.
Cuando las explosiones dañaron su casa, ACNUR y su ONG socia, Tenth of April, intervinieron con reparaciones de emergencia, y las brigadas móviles arreglaron el techo y reemplazaron las ventanas destrozadas. Pero el mayor cambio en la vida de Lyudmyla llegó con las visitas semanales de una facilitadora social, también llamada Lyudmyla (Komyrets), quien le apoya en la casa.
“Imagínese, tengo 77 años. Ya no me resulta fácil cargar cubetas. Una vez a la semana, Lyudmyla viene a visitarme, y eso me hace muy feliz. Me ayuda a cargar carbón y leña, a traer agua o a recoger mis medicamentos. Cuando alguien viene a visitarme, significa mucho para mí”, asegura Lyudmyla Buts.
Un apoyo que marca la diferencia
Los facilitadores sociales son personas voluntarias capacitadas de las mismas comunidades que actúan como “buenos vecinos” y se aseguran de que las personas más vulnerables afectadas por la guerra – entre ellas, personas mayores, personas con discapacidad, desplazadas internas y retornadas que viven solas – no se sientan aisladas ni olvidadas.
“Estoy a cargo de seis personas de nuestro pueblo, en su mayoría personas mayores, y dos de ellas tienen alguna discapacidad. Por supuesto, necesitan ayuda práctica con las tareas cotidianas”, explica Lyudmyla Komyrets, de 41 años, facilitadora social en Chervona Dolyna.
Pero en su opinión, el papel de un facilitador social va mucho más allá de ayudar en las tareas domésticas.
“Oficialmente dedico un día a la semana, pero a menudo trato de hacer más. A veces voy al mediodía, otras por la tarde, solo para estar ahí para ellos. Les doy todo lo que puedo”, cuenta.
“Las personas necesitan alguien con quien hablar, alguien que las escuche. La comunicación es fundamental. Ayuda a las personas y les aporta la conexión que les falta. En nuestro pueblo no hay trabajadores sociales, así que yo intervengo para llenar ese vacío”, destaca Lyudmyla.
“No es solo la ayuda, es la conversación”
A pocas casas de distancia vive Mariia Kovtunyuk, de 83 años. Al comienzo de la invasión a gran escala, Mariia y su esposo, quien tenía una grave discapacidad física, se resguardaron en su sótano durante tres días bajo intensos bombardeos, antes de huir a Odesa para quedarse con familiares. Cuando regresaron en marzo de 2023, encontraron su casa dañada por los bombardeos y la metralla.
Repararon lo que pudieron por su cuenta, pero poco después, el esposo de Mariia falleció, dejándola sola para lidiar con el dolor y la supervivencia diaria.
Fue entonces cuando el programa de facilitadores sociales se convirtió en un pilar fundamental en su vida. A través de visitas regulares, Lydmila Komyrets, su facilitadora, apoyó a Mariia no solo con el acceso a productos básicos, sino también con su compañía y pequeños gestos de amabilidad.
“Lyudmyla viene siempre que la necesito. Me ayuda a llegar al consultorio médico, me trae lo necesario y siempre se preocupa por mí. A veces incluso me ayuda con cosas que no son parte de su trabajo”, comenta Mariia.
“No es solo la ayuda, también es la conversación. Sentarnos juntas, hablar, no sentirme sola. Para mí, ese es el apoyo más importante”, añade.
Lo que comenzó como una iniciativa piloto impulsada a finales de 2024 por el socio de ACNUR, Tenth of April, con diez facilitadores sociales en la región de Mykolaiv, se ha convertido en una comunidad de más de 100 facilitadores activos en más de 90 comunidades de 13 regiones. En los primeros nueve meses de 2025, los facilitadores ya han brindado apoyo a más de 5000 personas, ofreciéndoles ayuda tangible que hace que su vida cotidiana sea un poco más fácil, más esperanzadora y menos solitaria.
El programa de facilitadores sociales no solo brinda apoyo a las personas, sino que también respalda el sistema de protección social del Estado, complementándolo y reforzándolo.