Tres años después: de huir del conflicto en Sudán a encontrar protección y un propósito en Chad
Tres años después: de huir del conflicto en Sudán a encontrar protección y un propósito en Chad
Shaima Abdelhadi Haroun (a la derecha) y Guisma Bachir Abdallah en su casa del asentamiento de refugiados de Gaga, al este de Chad.
Alrededor de 920.000 personas sudanesas han huido de sus hogares y han buscado refugio en Chad desde que estalló el último conflicto en abril de 2023. Guisma Bachir Abdallah y Shaima Abdelhadi Haroun son dos de ellas.
Dejando todo atrás, estas dos mujeres valientes y sus hijos pequeños emprendieron el arduo viaje desde la región de Darfur Occidental, en Sudán, hasta el este de Chad, desplazándose a pie o montados en burros. Tenían miedo, estaban agotados y con hambre. “Fueron momentos difíciles”, recuerda Guisma, de 30 años. “Solo comíamos una vez al día y no sabíamos qué nos depararía el futuro”.
Tras ponerse a salvo, hicieron una primera parada en Goungour, cerca de la frontera, donde dormían en alojamientos rudimentarios. Ahí, el personal de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, se encontró con Guisma mientras ella y su familia eran trasladadas al asentamiento de Gaga, donde, según comenta, esperaba encontrar paz y estabilidad y, sobre todo, poder escolarizar a sus hijos.
Al principio se instalaron en un alojamiento temporal hecho de lonas de plástico y madera, pero más tarde pudieron mudarse a una pequeña casa de ladrillo. “Esto significó un gran cambio. ¡De repente volvíamos a tener un hogar!”, comparte Guisma. El deseo de que sus hijos asistieran a la escuela se hizo realidad y ahora están aprendiendo a leer y escribir, algo de lo que se siente muy orgullosa. “Yo nunca fui a la escuela, pero me alegro por mis hijos”. La familia también tiene acceso a otros servicios básicos, incluido un centro de salud gestionado por el socio local de ACNUR, ADES (Agence de Développement Economique et Social).
Pero a pesar de estas mejoras, Guisma no ha podido encontrar trabajo y sigue dependiendo de la asistencia alimentaria y de otro tipo de apoyo humanitario.
El conflicto de Sudán ha provocado una de las crisis de desplazamiento más grandes y de más rápido crecimiento del mundo. Las personas refugiadas en Chad forman parte de los 4,5 millones de sudaneses que han huido a países vecinos, a menudo a zonas donde los servicios públicos y las oportunidades económicas ya eran limitados incluso antes del conflicto.
En este entorno tan difícil, ACNUR y sus socios han tratado de responder de la forma más eficaz y rápida posible a las necesidades de las personas refugiadas recién llegadas – a pesar de los recortes masivos en la financiación humanitaria – y garantizar que puedan seguir reconstruyendo sus vidas al este de Chad.
Además de perforar nuevos pozos y construir letrinas, así como 113.000 alojamientos, la agencia para los refugiados ha habilitado 129 escuelas y ha distribuido 160.000 kits escolares en nueve nuevos asentamientos de refugiados y en 11 emplazamientos ya existentes que se han ampliado, como Gaga. También ofrece apoyo psicológico y social a quienes han perdido sus hogares y sus pertenencias, cuyos derechos humanos han sido violados y que ahora tienen que adaptarse a la vida en el exilio.
Además, ha ayudado a la población refugiada a encontrar formas de mantenerse y de contribuir a la comunidad local, por ejemplo, mediante el desarrollo de sistemas de riego y huertos.
“Las personas refugiadas aportan valiosas habilidades, experiencia y una firme voluntad de reconstruir sus vidas”, afirma Patrice Ahouansou, Representante de ACNUR en Chad. “Estamos trabajando con el Gobierno de Chad, socios para el desarrollo y organizaciones humanitarias para ir más allá de la ayuda de emergencia y apoyar a las personas refugiadas y a sus comunidades de acogida a la hora de encontrar oportunidades, crear empresas y aprovechar sus habilidades. Pueden contribuir de verdad a las economías locales y vivir en armonía con las comunidades que las acogen”.
Los grupos de mujeres también han prosperado en los asentamientos de refugiados, con el apoyo de ACNUR y sus socios. Alrededor de 1.400 personas, en su mayoría mujeres tanto de las comunidades refugiadas como de las de acogida, han recibido formación y equipamiento para actividades como el cultivo de hortalizas y la producción de alimentos, lo que les ayuda a obtener ingresos y a recuperar cierta independencia y estabilidad financiera.
En el asentamiento de Gaga, que acoge a 42.000 personas refugiadas, Shaima, también de 30 años, lidera un grupo de 20 mujeres que se dedican a diversas actividades de medios de vida. “Como la ayuda que recibíamos no era suficiente, decidimos fabricar y vender jabón líquido y repartir los beneficios entre nosotras dentro del grupo”, explica Shaima.
Bajo el nombre de Al-Moustakbal – que en árabe significa “El futuro” –, el colectivo tiene cuatro líneas de trabajo: fabricación de jabón, tejido tradicional (tabaqa), costura y fabricación de cestas. “Me encantan estos proyectos porque empoderan a las madres y a las mujeres jóvenes para que puedan mantenerse a sí mismas y a sus hijos, y reducir su dependencia de los demás”, afirma Shaima, quien era profesora en Sudán. “Queremos superar la idea de que el lugar de la mujer está en el hogar; tenemos las mismas capacidades y el mismo potencial para trabajar que los hombres”.
Recientemente invitó a Guisma a unirse a Al-Moustakbal para que ella también pueda participar en sus actividades y generar ingresos con los que mantenerse a sí misma y a sus hijos. “De verdad espero que Guisma se una a nosotras”, señala.
El pasado mes de noviembre, como parte de la campaña mundial “16 Días de Activismo”, ACNUR impartió formación y brindó apoyo en materia de defensa de los derechos de las mujeres a través de su socio chadiano APLFT (Association pour la promotion des libertés fondamentales au Tchad).
Pero el grupo ofrece algo más que trabajo; sus miembros se brindan mutuamente un espacio compasivo y atento para compartir sus problemas y hacer frente a la violencia –entre ellos el abuso sexual – que tanto presenciaron como sufrieron en Sudán. Como suele ocurrir con los conflictos y los desplazamientos, son las mujeres y las niñas quienes soportan la peor parte.
Shaima recuerda el miedo que sintió cuando ella y sus hijos huyeron de los ataques de hombres armados en mayo de 2023. “Perdimos a familiares y muchas cosas valiosas”, recuerda. “Llegar aquí, al campamento, nos protegió de la guerra y del ruido de las armas”.
Su sueño ahora es disponer de un gran espacio para hornear, elaborar diversos dulces y producir jabón en barra y líquido, además de un proyecto muy diferente. “Me gustaría crear una emisora de radio comunitaria. Es algo que me interesa mucho. Espero conseguir financiación este año para lanzar el proyecto en 2027”.