Los equipos móviles de ACNUR llevan ayuda y esperanza a las personas refugiadas en la frontera norte del Perú
Los equipos móviles de ACNUR llevan ayuda y esperanza a las personas refugiadas en la frontera norte del Perú
Una madre refugiada venezolana habla con una funcionaria de ACNUR en una unidad móvil de protección en El Canario, al norte de Perú.
Bajo el intenso sol del mediodía, un camión blanco con azul avanza por los caminos irregulares de la provincia de Tumbes, al norte del Perú. Su destino son comunidades alejadas cerca de la frontera con Ecuador. Mientras el vehículo atraviesa paisajes de vegetación, manglares y plantaciones de banano, el equipo de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, organiza formularios, materiales informativos y suministros para la jornada.
Hoy, la ruta conduce a El Canario, una pequeña comunidad del distrito de Aguas Verdes, ubicada entre el río Zarumilla y el océano Pacífico. Ahí viven decenas de familias refugiadas, en su mayoría venezolanas, en viviendas precarias con techos de zinc y acceso limitado a servicios de salud, documentación y empleo formal.
Al llegar, el camión se estaciona en una cancha de fútbol de tierra que sirve como punto de encuentro para la comunidad. En pocos minutos, el vehículo se transforma en un Espacio de Protección Móvil. Un amplio toldo se despliega para ofrecer sombra, se instalan dos carpas para atender a las familias y el interior del camión se convierte en una oficina donde se pueden realizar consultas de manera confidencial.
“Acercar la protección a comunidades fronterizas como El Canario es fundamental”, explica Óscar Pajuelo, Jefe de la Unidad de Terreno de ACNUR en Tumbes. “Muchas personas refugiadas aquí enfrentan enormes dificultades para cubrir sus necesidades básicas. Sin estas visitas, tendrían pocas posibilidades de acceder a información confiable, orientación legal o apoyo en salud”.
Estos espacios móviles forman parte de los esfuerzos de ACNUR para acercar servicios esenciales a personas refugiadas y peruanas en situación de vulnerabilidad que viven lejos de las principales ciudades. Las unidades se desplazan directamente hasta las comunidades donde el costo del transporte, la falta de documentación o la inseguridad dificultan que las personas puedan buscar ayuda.
“Además, es una forma muy eficiente de brindar servicios que pueden marcar una diferencia real en la vida de las personas”, añade Pajuelo. “El principal gasto es el combustible, pero el impacto para quienes viven en zonas alejadas es enorme”.
A inicios de mayo, el equipo móvil de ACNUR llegó a El Canario como parte de una jornada de servicios organizada junto con autoridades locales y organizaciones socias. Durante la actividad, 24 personas, principalmente mujeres y niños, recibieron orientación legal, información y apoyo para acceder a documentación y otros servicios de protección. También participaron la Defensoría del Pueblo y Encuentros, organización socia de ACNUR.
Familias refugiadas y peruanas reciben asesoramiento jurídico y otro tipo de apoyo de ACNUR durante un acto de servicio a la comunidad organizado junto con las autoridades locales y los socios.
Para Rosaura López, refugiada venezolana de 42 años, la visita del equipo representa mucho más que acceso a servicios: significa tranquilidad.
“Aquí hay muchas personas que huyeron porque temían por sus vidas”, cuenta. “Algunas tuvieron que dejarlo todo atrás junto a sus familias porque la violencia afectaba a todos a su alrededor”.
López llegó al Perú en 2018 con sus dos hijos tras verse forzada a salir de Venezuela. Hoy es una de las líderes comunitarias más reconocidas entre la población refugiada de Aguas Verdes. Durante los últimos años ha acompañado a otras familias para que conozcan sus derechos, accedan a servicios y reconstruyan sus redes de apoyo.
Conmovida por las necesidades que veía en su entorno, comenzó a organizar actividades para mujeres, niños, niñas y adolescentes. Con el respaldo de ACNUR y de organizaciones aliadas, ha impulsado talleres educativos, distribuciones de ayuda humanitaria y espacios de apoyo para mujeres embarazadas.
“Había muchas necesidades y una gran sensación de inseguridad, especialmente entre los niños”, recuerda. “En aquel momento no había nadie apoyando a la comunidad venezolana aquí en Aguas Verdes”.
La líder de la comunidad venezolana, Rosaura López, animó a otras personas refugiadas a asistir al evento.
Cuando ACNUR anunció su visita a El Canario, Rosaura ayudó a difundir la información para que las familias supieran dónde y cuándo podrían recibir asistencia.
“Es muy importante que ACNUR llegue directamente a la comunidad”, señala. “Muchas personas no tienen dinero para pagar el transporte. De esta manera pueden recibir apoyo cerca de sus casas y sentirse más seguras, especialmente cuando están con sus hijos”.
Su compromiso de ayudar a otras personas nace de su propia historia de desplazamiento.
“Tuve que dejar mi hogar, mis pertenencias, toda mi vida, para empezar de nuevo en otro país”, comparte. “Aquí mis hijos y yo hemos encontrado oportunidades. Quiero que otras familias también puedan tenerlas”.
En la región fronteriza del norte del Perú, muchas familias refugiadas siguen enfrentando pobreza, inseguridad y dificultades para acceder a documentación y servicios básicos. Durante entrevistas de monitoreo realizadas por ACNUR en la provincia de Tumbes, el 45 por ciento de las personas consultadas señaló que correría riesgos si se viera forzada a regresar a su país debido a la violencia generalizada, mientras que el 27 por ciento reportó amenazas directas contra su vida. La mayoría expresó su deseo de permanecer en el Perú y reconstruir su futuro en condiciones de seguridad.
Las mujeres, los niños, las niñas y los jóvenes suelen enfrentar obstáculos adicionales para acceder a educación, atención médica y oportunidades laborales.
ACNUR realiza este tipo de jornadas móviles todos los meses en Lima y en las fronteras norte y sur del país con Ecuador y Chile. Desde comienzos de 2026, más de 1.800 personas refugiadas y peruanas han recibido apoyo a través de 33 misiones en los Espacios de Protección Móviles.
Karent Carrasco, miembro del personal de ACNUR, conduce la unidad de protección móvil de vuelta hacia Tumbes, al norte de Perú, tras una actividad de divulgación en El Canario.
Estas unidades complementan el trabajo de los seis Espacios de Protección permanentes que ACNUR lidera en Lima y Tumbes. En ellos se brinda orientación legal, apoyo para acceder a documentación y derivaciones a servicios especializados, en coordinación con instituciones públicas y organizaciones socias.
Actualmente, el Perú acoge a 1,64 millones de personas venezolanas que se han visto forzadas a abandonar su país, convirtiéndose en el segundo país de acogida más importante para esta población a nivel mundial. Después de Venezuela, Colombia y Cuba son los principales países de origen de las personas refugiadas y solicitantes de asilo en el país. ACNUR trabaja junto con autoridades nacionales y locales para apoyar a quienes han tenido que huir, especialmente mujeres, niños, niñas y personas mayores.
Mientras la tarde avanza en El Canario, el calor comienza a ceder y una brisa fresca recorre la cancha donde se desarrolla la jornada. Poco a poco, las familias regresan a sus hogares llevando consigo información, documentos de referencia y, sobre todo, la tranquilidad de saber que no están solas.
Al caer el sol, el equipo de ACNUR desmonta las carpas, guarda las mesas y sillas y se prepara para emprender el camino de regreso. Es una rutina que repiten una y otra vez para llegar a comunidades que, de otro modo, quedarían fuera del alcance de los servicios de protección.
“Para las familias que han perdido tanto, saber dónde encontrar apoyo puede cambiarlo todo”, afirma Pajuelo. “Por eso llevamos la ayuda más cerca de ellas”.