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Transforma su maleta en esperanza

Historias

Transforma su maleta en esperanza

Al huir de Venezuela, Rossmary trajo consigo una maleta, sus sueños… y una mente brillante. Hoy, en Monterrey, México, pone su talento al servicio de un proyecto de investigación que busca detectar enfermedades como el cáncer en sus fases más tempranas.
16 July 2025
Rossmary, refugiada de Venezuela , pone su talento al servicio de un proyecto de investigación que busca detectar enfermedades como el cáncer en sus fases más tempranas.

Monterrey, Nuevo León. - Rossmary tenía apenas 15 años cuando ella y su familia dejaron Venezuela. Hoy tiene 25 años, vive en Monterrey, se graduó con el mejor promedio de su generación y es parte de un proyecto de investigación que busca salvar vidas.

En 2020, Venezuela, el país donde había crecido, ya no era seguro, y su madre, decidida a proteger a sus hijos, tomó la difícil decisión de buscar seguridad y estabilidad en México.

“Fue difícil empacar toda tu vida en una maleta,” relató Rosally, mamá de Rossmary. “Dejamos nuestra casa como si fuéramos a un fin de semana a la playa: las camas tendidas, la ropa en su lugar, porque solo trajimos lo que cabía en la maleta y la esperanza de que algún día volveríamos”

Siendo adolescente, Rossmary no entendía del todo qué significaba dejarlo todo atrás. Pensaba en la familia y los amigos que quizá no volvería a ver. Al llegar a México, todo era distinto. El paisaje, el clima, la comida; hasta lo más simple le resultaba ajeno. Recuerda que la primera vez que vio una máquina expendedora pensó: “¿qué es esto?”. Aquello que para los demás era común, para ella requería atención, aprendizaje y adaptación.

Pero la curiosidad que la acompañaba desde niña —esa chispa que nunca empacaron porque vivía dentro de ella— se convirtió en su mayor aliada. “Desde chiquita yo veía un hospital y me le quedaba mirando. Era como que, ay, ¿qué estará pasando ahí adentro?”, comentó.

En la preparatoria, una profesora de biología le ayudó a encontrar la carrera ideal, una que conectaba su pasión por lo clínico con su talento para lo científico:

Química Farmacéutica Bióloga.

Para costear sus estudios, su madre le animó a solicitar una beca a través de ACNUR, que le dio la tranquilidad de seguir estudiando y apoyar a su madre al mismo tiempo. En 2024 ACNUR apoyó a 136 estudiantes como ella, a través de diferentes programas en todo el país.

Rossmary se convirtió en el mejor promedio de su generación, y su talento fue reconocido más allá de las fronteras mexicanas. En congresos internacionales, ganó el primer premio gracias a un innovador proyecto de investigación que trabajó con un equipo en el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, Unidad Monterrey (CINVESTAV): el desarrollo de esferas microscópicas capaces de amplificar señales muy débiles de luz, lo que permitiría detectar enfermedades como el cáncer en etapas mucho más tempranas que los métodos actuales.

Para lograrlo, tuvo que incursionar en un área completamente nueva para ella, la ingeniería, donde aprendió a manejar una impresora 3D, a programar en Matlab, a hacer cálculos avanzados desde cero. Pero lo más importante, explicó, fue conectar su trabajo con un proyecto con potencial real de salvar vidas.

Su investigación no solo es un triunfo personal, sino una contribución valiosa para la ciencia. Su trabajo demuestra que las personas refugiadas no solo buscan un nuevo hogar, sino que también pueden aportar conocimientos, talento y esperanza a la sociedad que las acoge.

Rossmary con su diploma academico

"A mí me gustaba mucho lo que yo estaba estudiando, entonces realmente no me costaba llegar aquí a casa y ponerme a estudiar, ponerme a leer, ponerme a hacer lo que tenía que hacer”.

Hoy, Rossmary trabaja en un hospital y en sus tiempos libres continúa colaborando en esta investigación en el CINVESTAV, con la esperanza de que no quede solo en un proyecto académico, sino que algún día pueda aplicarse en beneficio de miles de personas.

Su siguiente meta es encontrar un trabajo estable que le permita seguir creciendo profesionalmente y, poco a poco, independizarse. Le gustaría ahorrar, comprarse un carro, rentar un espacio propio, y construir una vida con todo lo que ha soñado desde niña. Para eso, dijo convencida, "necesito empezar a dar pasitos de bebé".

Y aunque aún queda camino por recorrer, ella ya dejó huella. Un día, uno de sus profesores le dijo: “Me gustaría que más personas mexicanas fueran como tú”. Ella, sin dudarlo, respondió: “No se trata de si soy mexicana o venezolana, se trata de cómo soy yo”.

Eso es lo que a ella le gustaría que cambie, que al ver llegar a una persona refugiada, la sociedad no piense en problemas o prejuicios, sino en posibilidades. Que vea no una carga, sino una historia por florecer. Le gustaría, como comparte con convicción, “que no piensen que [las personas refugiadas] vienen a perjudicarnos o que vienen a hacer bulto, como algunas personas dicen, sino que probablemente que hay un potencial que la persona podría aportarle algo también a México”, mencionó.

Rossmary con su mamá

“Parte de mi motivo es ayudarla a ella, yo siempre he pensado ya no quiero ser una carga y en cambio quiero regresarle todo lo que ella ha hecho por nosotros” cuenta Rossmary sobre su mamá.

Según el Informe de Resultados 2024 “Un hogar en México” de ACNUR, México se mantiene entre los 10 países con más solicitudes de asilo en el mundo, con casi 80,000 registradas por la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), siendo Venezuela uno de los principales países de origen1.

En el estado de Nuevo León la Secretaría de Igualdad e Inclusión, a través del Espacio de Igualdad e Inclusión para Personas Migrantes, Refugiadas, Desplazadas y Retornadas, ha atendido a más de 15,300 personas de 48 nacionalidades distintas hasta abril de 20252 siendo Venezuela una de las principales. Esta cifra refleja cómo el estado se ha convertido en un lugar clave para la integración plena de personas que, como Rossmary, buscan rehacer su vida y contribuir activamente a la comunidad que las acoge.