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Juntos al fin: El viaje de nueve años de un niño para reencontrarse con su familia

Historias

Juntos al fin: El viaje de nueve años de un niño para reencontrarse con su familia

Abdi nació en el campamento de refugiados de Dadaab en Kenia, donde sus padres somalíes crecieron, se conocieron y se casaron. Pero en 2004, cuando la familia se fue para el reasentamiento, se quedó atrás.
25 June 2013
Un feliz Abdi se reúne con sus padres en Estados Unidos.

CONCORD, Estados Unidos de América, 25 de junio de 2013 (ACNUR) – Cuando Batulo y Salad fueron al aeropuerto de Manchester, en New Hampshire, una tarde del mes pasado para recoger a su hijo de 13 años, Abdifatah, no fue una recogida normal en un aeropuerto.

La pareja había visto por última vez al niño hace nueve años, en un campo de refugiados en Kenia. El emotivo reencuentro en el aeropuerto marcó el final de un largo y frustrante esfuerzo para reunir a esta familia. "Soy tan feliz", dijo Batulo, "aunque también estoy triste porque esto haya tardado tanto".

Abdi nació en el campo de refugiados de Dadaab, al noreste de Kenia. Sus padres, procedentes de Somalia, crecieron, se conocieron y se casaron en el campo. Su hermana mayor, Halima, y sus dos hermanas pequeñas, nacieron también en Dadaab. Pero en 2004, cuando la familia dejó Kenia para reasentarse en Estados Unidos, Abdi se quedó atrás.

Su madre explica que en el momento de la entrevista con las autoridades de inmigración de los Estados Unidos para el reasentamiento de la familia, la abuela paterna del niño se lo llevó con ella a visitar a un pariente que estaba enfermo fuera del campo. Batulo y su marido suplicaron que se incluyera a Abdi en el expediente, aunque estuviera ausente, pero les dijeron que no era posible.

Cuando llegó la fecha de salida para la familia y Abdi no se encontraba en la lista de refugiados autorizados para viajar, un trabajador del campo les dijo que tenían que salir como estaba programado, o bien renunciar a su oportunidad de ir a América. Abdi, dijo el trabajador, podría unirse a ellos más adelante. Entonces empezó una lucha de nueve años para reclamar a su hijo.

Batulo, Salad y sus tres hijas fueron reasentados por Estados Unidos entre 2003 y 2007 junto con otros 13.000 somalíes bantúes refugiados, Fueron acogidos en Concord, New Hampshire, una ciudad de unos 43.000 habitantes donde, cuando la familia llegó, apenas había residentes somalíes.

La llegada de más refugiados de distintos países a New Hampshire, unido a la recesión económica, hizo que el reasentamiento se volviera un asunto controvertido. La opinión pública estaba polarizada.

La asamblea estatal debatió un proyecto de ley que impusiera una moratoria para el reasentamiento de refugiados; el proyecto se aprobó en la Cámara de los Representantes pero no en el Senado. En un par de ocasiones se encontraron pintadas racistas en las casas de los refugiados en Concord, incluyendo la de Batulo y Salad.

A pesar de estos desafíos, la familia se asentó. Los niños comenzaron el colegio, los padres encontraron trabajos, aprendieron inglés e hicieron muchos amigos americanos. Batulo plantó dos prósperos huertos y fue nombrada "trabajadora del año" en el hotel local donde trabaja.

La familia incluso logró acostumbrarse a los largos inviernos de New Hampshire, donde las primeras nieves suelen caer en noviembre y el suelo se mantiene congelado hasta finales de abril. Pero nunca aceptaron el hecho de que uno de sus hijos continuara en un campo de refugiados.

Tan pronto como llegaron, en el año 2004, empezaron a buscar ayuda para lograr que Abdi volviera con ellos. Hay una cláusula especial en la ley de Estados Unidos que permite a los refugiados, en los dos años siguientes a su llegada, solicitar la reunificación con sus esposos e hijos menores que quedaron atrás. Pero esta familia perdió esa oportunidad.

Como refugiados también podían pedir la reunificación familiar bajo la categoría P-3 del programa de reasentamiento de Estados Unidos. Pero para cuando consiguieron todos los documentos necesarios ya era 2008 y Estados Unidos había suspendido el proceso en los casos de reunificación familiar de los campos de Kenia por temor al fraude.

También llevó tiempo a la familia conseguir la financiación para las pruebas de ADN requeridas por las autoridades estadounidenses para probar que Abdi era, efectivamente, su hijo. Cuando se reinició el proceso de su caso de reunificación familiar en 2012, todavía había que completar exámenes médicos y pruebas de seguridad. Finalmente, justo después de las Navidades de 2012 les dijeron que Abdi estaba "preparado para viajar". Cuatro meses después, finalmente embarcó en un vuelo a los Estados Unidos.

"Este caso muestra lo importante que es asegurarse de que los refugiados tienen una asistencia legal competente en el momento adecuado", asegura Cathy Chesley, directora de inmigración y servicios a los refugiados de Cáritas en New Hampshire. "Este niño estuvo nueve años sin sus padres innecesariamente"

Cuando Abdi finalmente llegó, la familia invitó a sus amigos somalíes y americanos a celebrarlo. Los hermanos de Abdi, incluyendo los que nacieron en Estados Unidos y que él no conocía, decoraron la habitación con carteles de "bienvenido a casa" hechos a mano.

Fartun, de once años, entregaba a cada invitado una tarjeta escrita por ella. En ella pone: "Abdi es mi hermano mayor y tiene 13 años. No le he visto en nueve años . . . cuando estaba en África yo era muy pequeña así que no vi mucho su cara, pero sé que es mi hermano. Es el segundo de mi familia y es un muy buen hermano. Apuesto a que será muy feliz cuando nos vea. La mayoría de miembros de mi familia nunca han visto a Abdi porque son muy pequeños, pero hemos hablado con él por teléfono y mi madre nos enseñó una foto de él. ¡Todos estamos muy contentos de ver su cara y de que pueda vivir con nosotros para siempre!"

Por Judith Kumin en New Hampshire, Estados Unidos