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Tras un año de calvario, una familia ucraniana vuelve a tener esperanza y un hogar donde vivir

Ukraine. UNHCR repairs homes destroyed in the war
Historias

Tras un año de calvario, una familia ucraniana vuelve a tener esperanza y un hogar donde vivir

Cuatro generaciones de la familia Humennyy compartían una casa gravemente dañada por los combates, antes de que las reparaciones de ACNUR les ofrecieran un lugar seguro en medio de la guerra.
23 February 2023
Kateryna Humennyy, de 84 años, en la cocina de su casa de Ozershchyna, Ucrania.

Kateryna Humennyy, quien hoy tiene 84 años, era solo una niña cuando la guerra trastornó por primera vez su vida en Ozershchyna, un pequeño pueblo situado en medio de vastas llanuras agrícolas, a una hora en auto al oeste de Kiev, la capital de Ucrania. Su padre murió durante la Segunda Guerra Mundial y su madre tuvo que criar sola a Kateryna y a sus hermanos.


“Ahora hay otra guerra”, comentó Kateryna, con la voz temblorosa por la edad y la emoción. “No podemos entenderlo”.

Un año después de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, el 24 de febrero de 2022, un tercio de la población sigue desarraigada y 17,6 millones de personas dentro del país necesitan ayuda humanitaria urgente. Con los combates que siguen azotando el este y el sur, y la destrucción generalizada de viviendas e infraestructuras mucho más allá, las necesidades de millones de personas son ahora más grandes que nunca.

Pocos días después de la invasión, Kateryna y su familia escucharon disparos a lo lejos, explosiones y el rugido de aviones que volaban muy bajo. Una semana después, los combates habían llegado a su puerta. Kateryna y su esposo Ivan se vieron forzados a resguardarse en el sótano de su granero junto con su hija Olena, de 51 años, y su esposo, con quienes comparten su casa.

“Hubo una fuerte batalla. Podíamos escuchar cómo disparaban a las afueras del pueblo”, contó Olena. “Nos escondimos todo el tiempo en el sótano, daba mucho miedo”.

Las nietas de Kateryna, Svitlana y Oksana, quienes vivían cerca y estaban embarazadas en ese momento, habían huido al pueblo vecino de Korolivka antes de lo peor de los combates. Olena y su esposo se quedaron con sus padres e intentaron convencerles de que se fueran tras una semana resguardados en el sótano, pero sin nadie que cuidara de la vaca lechera y otros animales de la familia, Kateryna e Ivan se negaron a irse.

“Me dijeron: 'No nos iremos'”, explicó Olena refiriéndose a su madre. “Daba mucho miedo quedarse más tiempo, porque las casas de alrededor ya estaban quemándose”. 

Finalmente, las Fuerzas Armadas ucranianas convencieron a Kateryna e Ivan para que se fueran, advirtiéndoles de que era demasiado peligroso quedarse. Un vecino que permaneció en el pueblo a pesar de los riesgos se ofreció a cuidar de sus animales.

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Cuando la familia regresó varias semanas después, una vez que pasaron los combates, encontraron montones de escombros y docenas de estructuras quemadas donde antes había casas.

Afortunadamente, la casa de Kateryna seguía en pie y su vaca había sobrevivido, pero el jardín estaba lleno de cráteres y las explosiones habían causado estragos en la casa y sus anexos. “Las ventanas y el tejado estaban dañados y todo estaba roto: los garajes y las leñeras, todo estaba revuelto”, explica Olena. “[Pero] quedaron algunas habitaciones donde era posible quedarse”.

Svitlana, nieta de Kateryna, no fue tan afortunada. La casa que su esposo había construido recientemente para la joven familia fue alcanzada por dos cohetes, destruyéndola sin posibilidad de reparación.

De pie sobre los cimientos de concreto donde una vez estuvo su casa, Svitlana, de 29 años, describió la sensación de pérdida al ver su hogar en ruinas.

“Mi esposo me dijo: 'Simplemente piensa, yo mismo la construí y ahora tengo que desmantelarla'”, contó Svitlana, incapaz de contener las lágrimas. “Nunca pensamos que tendríamos que construir dos casas en nuestra vida”.

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Con Svitlana y su familia sin hogar, cuatro generaciones de la familia Humennyy viven ahora en la casa de Kateryna – el más joven, Matvii, bisnieto de Kateryna e hijo de Svitlana, nació pocas semanas después de que la casa de sus padres fuera destruida. 

Durante los cálidos meses de primavera y verano, la familia aprovechó al máximo la situación, amontonándose en las pocas habitaciones habitables, cubriendo las ventanas vacías con láminas de plástico, rellenando cráteres en el jardín y limpiando montones de escombros. Pero a medida que se acercaba el otoño y se avecinaba el frío, aumentaba su preocupación por los agujeros en el tejado y las paredes.

Fue entonces cuando ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y sus socios intervinieron. Con financiación de la Unión Europea, ACNUR empleó a contratistas locales para llevar a cabo las reparaciones esenciales, arreglando el tejado, y sustituyendo las ventanas y puertas rotas.

Junto con su red de socios, principalmente ucranianos, ACNUR ha podido ayudar hasta ahora a más de 4,3 millones de personas dentro del país, incluidas personas desplazadas internas y comunidades afectadas por la guerra. Pero con la guerra en curso cobrándose cada vez más víctimas entre la población civil, es necesario aumentar el apoyo para salvar vidas y respaldar los esfuerzos de reconstrucción en la medida de lo posible.

“Con la guerra, todo cambió”.

Desde que terminaron las reparaciones el pasado septiembre, la casa de Humennyy ha vuelto a ser un santuario.

“Todo va bien. Vivimos todos juntos, e incluso me preocupo menos porque todos están cerca”, afirmó Olena. “Estamos agradecidos porque todos nos han ayudado desde distintos países”.

“Con la guerra, todo cambió. Todo ha vuelto a empezar de cero”, continuó. “Me gustaría que acabara la guerra y llegara la paz, la victoria. Para que podamos empezar a vivir, a hacer planes”.

Unos días después, Svitlana recibió una buena noticia: tras una evaluación, ACNUR les proporcionará materiales de construcción para ayudarles a reconstruir su casa.

“Nos ayudará a reconstruir más rápido”, señaló, y añadió: “La [nueva] casa será un poco más pequeña de tamaño porque todo es más caro en comparación con cuando empezamos”.

Mientras su esposo se hace cargo de la construcción, Svitlana está haciendo cambios importantes en el exterior. Ha plantado árboles jóvenes en el fondo del jardín, con vistas a la llanura desde donde se dispararon los proyectiles que destruyeron su casa.

“Los árboles del jardín están creciendo y plantaremos más, para rodear nuestra casa de plantas y que nadie pueda verla desde lejos”.

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