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Profesor abandona su vida en el Congo para comenzar de nuevo en Angola

Historias

Profesor abandona su vida en el Congo para comenzar de nuevo en Angola

University-educated teacher Pedro has a bright future in the Democratic Republic of Congo. But the Angolan has decided to go home and help his country rebuild. [for translation]
25 January 2012
La gente comenzó a regresar a Angola tras el relanzamiento del programa de repatriación voluntaria. Estas personas estuvieron en el primer convoy que el pasado noviembre se dirigió desde la provincia de Bas-Congo hacia norte de Angola.

KINSHASA, República Democrática del Congo, 25 de enero (ACNUR) – Pedro es la clase de profesional urbano que Angola necesita para ayudar a lograr la estabilidad y construir un futuro viable luego de años de conflicto devastador.

Pero Pedro nació en la República Democrática del Congo (RDC). Sus recuerdos del corto tiempo que pasó en la tierra de sus padres, luego que Angola consiguiera su independencia de Portugal en 1975, son contradictorios. Los recuerdos de su vida lo llevan desde el peor momento, al perder a sus padres cuando era niño y tener que valerse por sí mismo, hasta el mejor, al graduarse de la universidad.

Compartió sus tristezas y alegrías con esta comunicadora del ACNUR y también explicó la difícil decisión de regresar a Angola con su esposa congolesa y sus cuatro hijos. "Quiero regresar a Angola porque deseo ser parte del desarrollo de mi país. Quiero ayudar a que mi país crezca en el campo de la educación", dijo Pedro, quien enseña latín y francés en una escuela secundaria en Kinshasa.

La familia se registró en el programa de repatriación voluntaria que el ACNUR y los gobiernos de Angola y la RDC relanzaron a finales del año pasado, para ir a Angola. Hasta la fecha han vuelto alrededor de 15.000 personas y se estima que 120.000 volvieron, con o sin asistencia, en el período comprendido entre 2003 y 2008.

Pedro no estaba listo para volver antes, pero comenta que ahora, al restablecerse la paz en Angola, quiere completar un viaje que por momentos lo condujo por un camino difícil e impredecible. "Ellos [también] quieren ver su país", comenta el hombre de 45 años al referirse a sus hijos.

Su propio viaje comenzó en la provincia de Bas-Congo en la RDC, al oeste de Kinshasa, donde nació poco tiempo después que sus padres huyeron a la frontera a mediados de los años sesenta. En 1975, cuando Pedro tenía ocho años, Angola logró su independencia de Portugal y su madre, orgullosa, decidió volver.

"Mi madre siempre le decía a la gente que regresó a Angola con sus hijos porque quería que ellos conocieran su país", comenta Pedro, recordando un corto período de abundancia y felicidad que permanece en su memoria. Pero un año más tarde, cuando se desató la guerra civil, volvieron a huir.

"Nos refugiamos en la selva, pero no pudimos sobrevivir allí y tuvimos que regresar a nuestra aldea. Cuando surgían los problemas en la aldea, vivíamos en la selva; pasábamos un mes en cada lugar. Tenía miedo".

En 1978, su madre comprendió que sus vidas estaban en peligro y tuvieron que huir a la frontera, un arduo y peligroso viaje que les llevó un mes. "Nos escondíamos en cuevas. Mis piernas estaban hinchadas", dice Pedro, quien recuerda todo como si hubiese ocurrido ayer. Un día se encontraron ante una emboscada.

"Nos atacaron entre dos colinas y algunas mujeres tuvieron que abandonar a sus hijos. Mi madre me dijo que debía seguirla y que si una bala la alcanzaba, yo debía seguir a la gente que se dirigía a Zaire (antiguo nombre de la RDC)". Pero ella se salvó y, unos días más tarde, cruzaron la frontera, tras sobrevivir alimentándose de raíces de mandioca que encontraban en los campos abandonados por los que atravesaban.

La cálida acogida que les brindó la gente local en Bas-Congo, que incluyó vestimenta de regalo, causó una duradera impresión sobre Pedro. Esa fue la primera vez que tuvo contacto con el ACNUR, cuando la familia se registró como refugiada en la oficina local del organismo en Bas-Congo, en la ciudad de Kimpese, y se les dio comida.

Pedro reflexiona sobre su difícil niñez, emocionado, casi al borde de las lágrimas cuando le cuenta al ACNUR sobre su lucha para sobrevivir por sí mismo tras la muerte de sus amados padres, cuando tenía tan solo 12 años de edad. "Viví solo con mi hermana menor y trabajé en los campos. Mi hermana mayor trabajaba en una ciudad cercana y un día vino a buscar a mi hermana, pero no me llevó con ella. Dijo que yo debía quedarme donde estaba y continuar trabajando en los campos."

El brillante e ingenioso joven decidió caminar hasta Kimpese y buscar ayuda del ACNUR. El viaje le llevó dos días, pero fue la decisión correcta. "El ACNUR me apoyó y ayudó a ir a la escuela en Lukala. Asistí a la escuela secundaria en Ntuadisi y, al finalizar, el ACNUR me otorgó una beca de estudios y asistí a la universidad, donde estudié francés y latín."

Pedro se graduó de la Universidad Nacional Pedagógica (Université Pédagogique Nationale) de Kinshasa en 2010 y encontró trabajo en la escuela Saint Antoine. Su futuro era optimista, pero le faltaba algo. Aunque inmensamente agradecido por las oportunidades que recibió en la República Democrática del Congo, decidió que la mejor forma de realizar su potencial, agradecer al ACNUR y ayudar a otros que lo necesitan, era hacer su vida en la provincia de Uige en Angola, lugar de origen de su madre.

"Mis padres solían contarnos sobre Angola. Hago lo mismo con mis hijos", revela Pedro. "Y ahora no paran de preguntarme cuándo iremos a Angola".

Por Céline Schmitt en Kinshasa, República Democrática del Congo