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La reparación de hogares ayuda a restablecer las comunidades ucranianas destrozadas por la guerra

Una pareja y su hija en el patio de su casa recién reparada.
Historias

La reparación de hogares ayuda a restablecer las comunidades ucranianas destrozadas por la guerra

Ante la enorme destrucción de la infraestructura de la población civil, ACNUR, con el apoyo de la ayuda humanitaria de la UE, lleva a cabo reparaciones de viviendas familiares cuyo impacto va mucho más allá de los ladrillos y el cemento.
08 June 2023

Olena, su hija Bohdana y su esposo Andrii en el patio trasero de su casa recién reparada en Borodyanka, en la provincia ucraniana de Kiev, en enero de 2023.

Durante los últimos 30 años, Liudmyla Bantsyr ha cultivado hortalizas en una amplia parcela junto a su casa en Ozershchyna, un pueblo rural situado a una hora al oeste de Kiev. A sus 70 años, sigue cosechando a mano cientos de kilos de patatas al año, que almacena en un sótano subterráneo en su jardín. 


El espacio, frío y oscuro, es ideal para almacenar las patatas apiladas en un recipiente de madera en un extremo, bajo un tejado de ladrillo curvado. Pero tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia el año pasado, Liudmyla pasó semanas de terror sola en el sótano, mientras intentaba protegerse de las hostilidades que asolaban el país.

“Cuando empezaron los disparos, corrí al sótano. [Había] proyectiles de un lado y de otro. No se podía salir. Pasé un mes en ese sótano”, cuenta Liudmyla. 

Durante las pausas en los combates, salía brevemente para alimentar a su perro y a sus gallinas antes de volver al sótano. Con tan solo una vela para alumbrarse, por la noche se envolvía en mantas y dormía sobre tablones de madera colocados sobre el montón de patatas, abrazada a la pared más cercana a la entrada por miedo a quedar sepultada por una explosión.

“Tenía mucho miedo. Hacía frío, pero tenía que soportarlo”, recuerda.

Después de una explosión particularmente fuerte, salió y encontró cinco casas abandonadas de sus vecinos en llamas y la suya gravemente dañada.

A pesar del peligro, Liudmyla se negó a irse, incluso cuando la mayoría de los vecinos huyeron. “No quería dejarlo todo”, explica. “Mi madre y mi padre... y un hijo están enterrados aquí. Así que no me voy a ninguna parte. Mi lugar es aquí”.

Cuando terminaron los combates en la zona, pudo evaluar los daños sufridos por su casa. La valla de la propiedad y un cobertizo habían quedado destruidos, varias ventanas reventadas y el tejado agujereado por municiones. “El tejado estaba lleno de agujeros, como un colador”, explica Liudmyla. “Cuando nevaba y luego se derretía, todo entraba en la casa. Intenté repararlo, pero la casa estaba expuesta a los elementos”.

Mantenerse abrigada y seca era una lucha constante, pero peor era la persistente sensación de inseguridad. “No podía dormir por la noche, tenía tanto miedo. Restablecieron la electricidad en una semana, pero no encendí las luces. Me limité a encender el horno, cerrar las puertas y acostarme”.

Reparaciones esenciales

Con los únicos ahorros para cambiar las ventanas, Liudmyla temía la llegada del invierno. Pero a finales del verano de 2022 llegó la ayuda de un equipo de evaluación de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y su ONG local socia, Rokada, que aprobaron las reparaciones del tejado y la valla, realizadas por contratistas locales.

Con el apoyo financiero de la Ayuda Humanitaria de la UE, ACNUR ha contratado equipos de construcción en varias regiones de Ucrania para llevar a cabo reparaciones esenciales en las viviendas dañadas durante la guerra.

Estas reparaciones ligeras y medianas incluyen la sustitución de ventanas y puertas, y la reparación de techos y paredes dañados, garantizando que las familias puedan permanecer abrigadas y seguras en sus propios hogares y comunidades en lugar de verse forzadas a buscar alojamiento alternativo en otros lugares. Hasta la fecha, más de 5 millones de personas se han visto forzadas a huir dentro de Ucrania para escapar de las hostilidades.

A unos 20 kilómetros de Ozershchyna, en la ciudad de Borodyanka, uno de los equipos de construcción contratados por ACNUR se dirige a su último trabajo, con los materiales para techar atados al techo del pequeño automóvil Lada y los albañiles apretujados en su interior. Han reparado muchas viviendas de la ciudad y saben lo que significa para sus habitantes.

“Nos agradecen que vengamos a hacerlo. Cuando llegamos, nos ofrecen té... y nos preguntan si necesitamos ayuda”, comenta el constructor Rafael. “Las personas están agradecidas con estas organizaciones, de lo contrario muchas de ellas no tendrían casa. En cambio, son felices, viviendo en sus propios hogares”.

Rafael y su equipo saben por experiencia propia lo que significa verse forzados a abandonar su hogar. Son originarios de la provincia oriental de Donetsk, pero se vieron forzados a huir con sus familias el año pasado tras el estallido de la guerra a gran escala. Mientras los combates continúan en su país, Rafael y sus colegas siguen centrados en la urgente tarea que desempeñan.

“No se trata de cómo nos sentimos nosotros, sino de ver los ojos de las personas que se alegran de que se estén reparando sus casas”, explica. “Es importante no dejar de trabajar también por la nieve y la lluvia. Tenemos que seguir reparando casas para la gente”.

Brindar comodidad

Entre los beneficiados por las reparaciones en Borodyanka están Andrii y su esposa Olena, cuya casa está en el centro de la ciudad. Bohdana, la hija de la pareja de jubilados, es una pianista prometedora y asiste a una escuela de música cercana. Tras la invasión, la familia buscó seguridad en casa de unos familiares en Zhytomyr, una ciudad a 100 kilómetros al oeste, pero a medida que se extendían los combates, huyeron a Polonia para quedarse con el hijo mayor de la pareja.

Ahí recibieron la noticia de que la casa de un vecino se había incendiado durante los intensos combates que asolaron el centro de la ciudad. Las imágenes del barrio captadas por un dron en las noticias parecían confirmar sus peores temores, pero cuando Andrii regresó a casa, se sintió aliviado al comprobar que la casa había sufrido daños, pero seguía en pie.

“Abracé las paredes de mi casa, que seguían en pie. Al menos había esperanza de vivir aquí en el futuro”, cuenta. “[Pero] todo estaba plagado de impactos de bala y de municiones. El viento soplaba a través de la casa, las paredes estaban agujereadas”.

Milagrosamente, un gran trozo de munición había hecho un agujero en la pared del dormitorio de Bohdana, pasando a escasos centímetros de su piano, pero aparte de los restos retorcidos de un atril, el instrumento no sufrió daños.

Recientemente, un equipo de reparaciones realizó grandes arreglos, sustituyendo puertas y ventanas y reparando los daños del tejado y las paredes, dando a la familia lo que, en palabras de Andrii, es “toda la comodidad posible” mientras dure la guerra.

Bohdana no ha podido volver a la escuela, que quedó destruida durante las hostilidades, pero recibe clases por Internet y agradece que su piano haya sobrevivido. “Estoy muy feliz de poder tocar”, comenta. “Cuando escucho alguna noticia triste en la televisión, toco el piano y eso me tranquiliza”.

De vuelta en Ozershchyna, Liudmyla celebró recientemente su 70 cumpleaños organizando una pequeña reunión en casa para sus amistades del pueblo. Pasó el día anterior preparando comida local con sus propios productos, como estofado de pollo espesado con patatas, ensalada de remolacha de color rosa vivo y platos de encurtidos agrios, bañados con un aguardiente de fuego llamado horilka, destilado con más patatas de su propiedad.

“Me gusta tratar bien a mis invitados”, explica, y se alegra de recibirlos en una casa que vuelve a ser cálida y segura. Las alegres celebraciones también revelaron cómo el impacto de las reparaciones fue mucho más allá del tejado y las paredes de la propia construcción.

“Me gusta vivir aquí”, explica Liudmyla. “Nuestro pueblo es muy acogedor. Si te acercas a alguien y le pides ayuda, nunca se niega. Lo más importante es que nuestra comunidad está unida”.