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“Me veo reflejada en los rostros de las personas para las que trabajo”

Historias

“Me veo reflejada en los rostros de las personas para las que trabajo”

Detrás de cada trabajador humanitario yacen diferentes motivaciones que impulsan su labor. Hay quienes como Lyzanka García, comprenden bien desde las propias afectaciones lo que significa dejar un país de manera forzada y retornar para luego convertirse en desplazada interna. Hoy desde su trabajo en Tegucigalpa, esas experiencias impulsan su compromiso en transformar la compleja problemática que su país enfrenta.
18 agosto 2023
Mujer con chaleco azul de ACNUR y plantas al fondo

Para Lyzanka García, contribuir en la prevención del desplazamiento forzado y poder ayudar a quienes se han visto forzados a huir de sus hogares a reiniciar sus vidas de forma segura es también ayudar a su país.

“Es impactante ver cómo en mi pequeño país se han juntado tantas situaciones, empecé trabajando para personas desplazadas internas; pero cada vez más atendemos a personas refugiadas y migrantes”, relata Lyzanka García, trabajadora humanitaria que dedica su vida a ayudar a quienes, al igual que ella, se vieron forzadas a abandonar todo lo que conocían.

Los orígenes de su compromiso con las personas desplazadas se remontan a su adolescencia, a inicios de la década de los 2000, cuando ella tenía 14 años. Las constantes disputas entre dos de las organizaciones criminales que controlaban su colonia hicieron que vivir ahí se hiciera insostenible. “En esa época no tenían armas de largo alcance como ahora, pero eran armas fabricadas por ellos mismos con las que amenazaban a las personas. Con el tiempo la situación se tornó muy peligrosa y mis papás decidieron que nos teníamos que ir”.  

“Yo no quería irme de mi país, y menos, así como nos fuimos, pero no teníamos opción. En una parte del viaje me separaron de mi mamá y yo pensaba que quizás nunca más la iba a ver. Pero si mis papás no hubieran tomado esa decisión, quizás yo hoy no estaría aquí. Muchos de los que conocía de esa época, fueron asesinados o reclutados por pandillas”, cuenta Lyzanka, quien recuerda vívidamente los largos kilómetros que tuvo que caminar, el caudaloso río en el que casi perdió a su hermano menor y los cuerpos y pertenencias de muchas personas que se quedaron en la ruta.

Luego de un peligroso viaje, ella y su familia encontraron un lugar seguro al cual llamar hogar. “Como era una niña, me dolió mucho ver cómo las personas nos miraban como si fuéramos un paquete. Sentí que las personas no tenían humanidad, no tenían empatía. Nos veían como un porcentaje de un pago. Allí decidí que yo no sería así”.  

Cuatro personas frente a puertas de apartamentos: una mujer, una adolescentes, un niño y una niña

La primera fotografía que se tomó Lyzanka, su mamá y su hermano al llegar a un destino seguro. La otra niña que aparece en la foto formaba parte del grupo con el que viajó.

A pesar del paso del tiempo, las causas por las que miles de hondureños se ven forzados a buscar protección en otros países siguen siendo las mismas. De acuerdo con el último Informe de Tendencias Globales de ACNUR, en el 2022 Honduras ocupó el puesto 8 entre los principales 10 países de origen de nuevos solicitantes de asilo en el mundo. Las personas huyen por causas relacionadas a la violencia prolongada que impacta el país.   

Lyzanka pudo rehacer su vida de forma segura en otro país durante casi una década; pero después de sobrevivir violencia doméstica, su agresor reportó que ella se encontraba en una condición migratoria irregular en el país en el que estaba, situación que la forzó a retornar a su país de origen. El retorno fue tan repentino como su partida, pero estaba decidida a no continuar siendo abusada y a cambiar su realidad.  

Una vez en Honduras, empezó de nuevo. Sin embargo, no sabía que su búsqueda de tranquilidad aún no había terminado, ya que pronto surgieron nuevas amenazas contra su familia recién formada, y una vez más, con miedo en el corazón, tuvo que dejar su hogar. Esta vez, no cruzó una frontera internacional, sino que se convirtió en una desplazada interna.  

Lyzanka se unió a la larga lista de personas desplazadas internas en Honduras, donde aproximadamente una de cada cincuenta personas enfrenta esta situación. Las causas del desplazamiento interno en el país se encuentran estrechamente vinculadas con la violencia ejercida por las maras y pandillas, que incluye amenazas, asesinatos, extorsiones, reclutamiento forzado de niñas y niños, violencia de género y restricciones de movimiento.   

Aunque el Estado hondureño reconoció la problemática del desplazamiento forzado interno por violencia en el país desde el 2013, no fue hasta fines del 2022 que la Ley de Prevención, Atención y Protección de las personas desplazadas internas fue aprobada por el Congreso Nacional y hasta marzo del presente año que obtuvo la sanción presidencial.  

“Cuando crecí, me enfoqué en ser alguien que pudiese ayudar a los demás. Llevar la empatía que me faltó cuando me vi forzada a retornar, y a desplazarme y encontrar soluciones para las múltiples necesidades que surgen cuando estás en esa situación. En los rostros de las personas para las que trabajo veo reflejados a mi mamá, a mis hermanos, a mí misma”, cuenta Lyzanka. Su llegada para trabajar en ACNUR no fue una casualidad; fue la búsqueda de cumplir su propósito de servir a quienes, como ella, no tuvieron más opción que dejarlo todo.   

Hoy en día, Lyzanka se desempeña como parte del equipo de la oficina de terreno de Tegucigalpa de ACNUR. Principalmente, promueve acciones dirigidas a prevenir el desplazamiento forzado a través del empoderamiento comunitario, el fortalecimiento de espacios seguros libres de violencia dentro de las colonias con mayor presencia de crimen organizado y haciendo incidencia institucional para la mejora de acceso a servicios.  

“Por la naturaleza de mi puesto, día a día escucho historias desgarradoras, personas cuyos familiares han sido asesinados. Lo dejan todo para esconderse y tener la esperanza de encontrar un lugar seguro. Las historias que no dejan dormir son muchas, por eso cuando finalmente se aprobó la Ley de Desplazamiento, inclusive para mí fue como un acto de resarcimiento”, asegura Lyzanka.   

“Pienso que si hace 29 años hubiera existido algo así, quizás mi familia no hubiese arriesgado tanto, quizás nos hubiéramos sentido protegidos aquí”. A pesar de que han pasado siete años de que Lyzanka pudo superar el desplazamiento interno, las marcas de esa experiencia perduran, por eso ella reclama como suya la voz de las personas que todavía permanecen desplazadas y reconoce la relevancia de la respuesta actual por parte del Estado.  

Los muchos años de experiencia en trabajo social de Lyzanka se suman a su gran empatía, vocación de servicio y sensibilidad. Esas habilidades le permiten brindar apoyo, consuelo y transmitir tranquilidad en los momentos difíciles que atraviesan las personas.

“Un nuevo desafío se añade cuando las personas en tránsito por el país se incrementan. Los testimonios de personas refugiadas y migrantes son tan o más escalofriantes como lo que yo viví. Los riesgos que enfrentan en la ruta, el crimen organizado que pone en riesgo su vida y la falta de empatía, nada parece haber cambiado, solo la magnitud del problema”, señala Lyzanka, luego de llevar asistencia humanitaria a un albergue en Tegucigalpa apoyado por ACNUR.   

Honduras es uno de los principales puntos de la ruta hacia el norte para miles de personas de más de 100 nacionalidades que diariamente transitan por el país huyendo de la situación en sus países de origen.  

El incremento en el número de personas, sumado a las necesidades de acceso a servicios de protección, albergue, salud, alimentación y orientación, han sobrepasado las capacidades de recepción y han agudizado los riesgos de protección. ACNUR y sus socios vienen apoyando el fortalecimiento de las capacidades institucionales nacionales y locales, y complementa la respuesta humanitaria para garantizar los derechos de las personas refugiadas y migrantes.  

“Soy consciente que es mucho el trabajo que se tienen que hacer, pero saber que puedo aportar un poquito para poder solucionar, que ahora se cuentan con medidas integrales de protección y que las personas tendrán un poco de tranquilidad, da esperanza, pero también me ayuda a sanar”, comenta.