Solicitantes de asilo aportan su grano de arena al sistema de salud de Oluta

Ana es una de las solicitantes de asilo que ha sido contratada para trabajar en el Hospital de Oluta, Veracruz, para apoyar en tareas administrativas permitiendo así su integración en México.  © Pierre-Marc René/ACNUR

11 solicitantes de asilo han sido contratados para trabajar en el hospital local para apoyar en tareas administrativas, mantenimiento y calidad, permitiendo así su integración en México.

Aunque Ana* está segura de que volverá a trabajar como maestra en una escuela, hoy agradece tener trabajo desempeñando tareas administrativas en el Hospital de Oluta, en el estado de Veracruz, en tanto concluye su trámite de solicitud de asilo ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR).

“Llevo ya unos meses trabajando en las oficinas del hospital. Amo mi carrera como maestra, trabajar con los niños, pero pues como todo en la vida hay que aprender”, comentó.

Ana huyó de su país con sus dos hijos pequeños, para rencontrarse con su hija mayor en México, quien salió meses antes a raíz de amenazas y ataques en su contra.

“Un día entraron a mi casa. Con una pistola encerraron a mis hijos. Nos amenazaron diciendo que si hablábamos nos iban a hacer daño.  No podía poner en riesgo a mis hijos ni mi vida tampoco y fue cuando, con mucho dolor en mi alma, tomé la decisión de salir de mi país”, relató.

Tras una serie de ataques y asaltos, Ana decidió huir y emprender una larga caminata, entrecortada de aventones y tramo en autobuses, para llegar a México. Su paradero final fue en Acayucan, Veracruz, donde inició su proceso de asilo ante la COMAR en esa ciudad.

Ana fue contratada a través de un programa de la Secretaría de Bienestar. Como solicitante de asilo, cuenta con la Clave Única de Registro de Población temporal, que le permite buscar un empleo formal mientras espera la resolución de su trámite.

En total son 11 las personas solicitantes de asilo quienes han sido contratadas para apoyar al equipo del Hospital de Oluta en labores administrativas, de sistemas, calidad y mantenimiento.

Larry* fue contratado en el área de sistemas y computación. Ahí repara las computadoras. Con una gran sonrisa, el joven salvadoreño se dice contento de aportar un poco de su carrera de ingeniero en sistemas, aunque le falten herramientas.

El joven indígena huyó de su casa en 2019, tras un intento de asesinato por sus preferencias sexuales. Luego de permanecer meses en Tapachula, Chiapas, se trasladó a Acayucan, donde reabrió su caso ante la COMAR y consiguió trabajo en el hospital.

“A pesar de muchas cosas que he pasado tanto en mi país y por el proceso aquí en México, había días que comía y otros no, me siento muy alegre desde que llegué a Veracruz, puedo respirar con más tranquilidad”, agregó.

Larry fue contratado en el área de sistemas y computación en el Hospital de Oluta, Veracruz reparando computadoras permitiendo así su integración en México.  © Pierre-Marc René/ACNUR

Eduardo* lleva un año en México tras huir de Guatemala por extorsión, abuso sexual y amenazas. Ahora trabaja en el área de mantenimiento del Hospital de Oluta, mientras espera la resolución de la COMAR a su solicitud de asilo y por fin terminar sus estudios como psicólogo.

Además de su trabajo, ahora ha podido acceder a la vivienda y a servicios médicos para tratar una enfermedad que padece.

“Estoy muy agradecido porque en el camino me topé con mucha gente que me ayudó, no recibí ninguna discriminación”, expresó.

El mismo mensaje tiene Paty*, una mujer hondureña que llegó a Acayucan huyendo de las pandillas que la amenazaban a ella, a su hija de 16 años, sus gemelos de 13 y su hijo de 19. Viajó a México con su hija, y está en espera de poder traer a sus niños.

“Una de mis funciones en el hospital es vigilar que los pacientes estén recibiendo una atención digna y que la atención médica sea la adecuada para cada usuario. Hace mucho tiempo he sentido que tengo vocación de servicio, disfruto mucho hacer este tipo de trabajo”, afirmó.

El agradecimiento de las personas solicitantes de asilo que trabajan en el Hospital de Oluta se complementa con un llamado a la empatía.

“No venimos a hacer nada malo. Queremos un trabajo digno, en el que nos sintamos bien. El sueño es tener un mejor lugar para poder desarrollarnos, darle seguridad a nuestros hijos y un mejor futuro”, afirmó Ana.