México, un aire de libertad para una mujer refugiada transgénero de Venezuela

Hizo teatro, fue modelo, participó en musicales y en grandes espectáculos artísticos en Venezuela. Ahora, como una mujer refugiada transgénero, trabaja en una fundación para apoyar a personas que viven con VIH en Ciudad de México.

Nickoll representa a decenas de personas LGBTIQ+ que huyen de sus países de origen por violencia y discriminación. ACNUR reitera su compromiso de seguir trabajando en la protección de esta población refugiada, solicitantes de asilo, desplazada y migrante, partiendo de una perspectiva interseccional de edad, género, derechos humanos y diversidad.  © Ivan Stephens

Hizo teatro, fue modelo, participó en musicales y en grandes espectáculos artísticos en Venezuela. Ahora, como una mujer refugiada transgénero, trabaja en una fundación para apoyar a personas que viven con VIH en Ciudad de México.

Su ánimo cambia cuando dejamos de hablar sobre sus perros Alexei, Anastasia y Abby; tres cachorros que le han devuelto las ganas de salir adelante en un país que le recibió en febrero de 2018 cuando solicitó el reconocimiento de la condición de refugiada.

Salir de Venezuela no fue fácil para Nickoll. Se vio forzada a huir luego que le diagnosticaran VIH, en medio de una situación económica y social que complicó el acceso a servicios de salud, y en su caso, a la entrega del tratamiento oportuno para mantenerse estable. Huyó sola porque desde que tenía 20 años su familia y seres más cercanos la discriminaron al reconocerse como una mujer trans, teniendo que irse a otra ciudad para retomar su vida de manera independiente, donde tuvo empleos prósperos en el rubro artístico, siendo también víctima de diferentes tipos de violencia por su identidad de género. Cuenta que en aquel momento no tenía tanta información sobre el tema como lo hace hoy, a sus 43 años, que habla sobre su transición y todo lo que la terapia hormonal le ha significado para sentirse en libertad.

“Desde que nací me sentí una mujer. Cuando tenía cinco años me diseñé un vestido con una sábana, era lo que yo sentía sin entender lo que me pasaba. ¿Cómo una madre y tu propia familia abandona a un hijo por el prejuicio? Te puedo decir que aún estoy rota,” comenta mientras disimula el nudo en la garganta mostrando otra foto de sus perros.

La historia de Nickoll representa la de decenas de personas LGBTIQ+ que huyen de sus países de origen por violencia y discriminación. Datos de Amnistía Internacional revelan que al menos 287 personas trans y de género diverso fueron asesinadas en el continente americano en 2020. A nivel global, 70 países todavía tienen leyes que criminalizan a las personas por su orientación sexual, y dentro de ellos, 11 consideran la pena de muerte. Además, 15 países tienen prohibiciones a “transgresiones de género” que impactan directamente a personas transgénero, tales como prohibiciones a usar ropa o portar accesorios que usa el sexo contrario, y otros países cuentan con legislaciones que indirectamente tienen un impacto negativo sobre la vida de personas transgénero.

Ser una mujer trans, sin que se reconozca su cambio de nombre y género, refugiada y portadora de VIH son factores que complejizaron la vida de Nickoll. El estigma y rechazo de las comunidades en Venezuela, en Colombia y e incluso en la Ciudad de México para obtener un empleo, abrir una cuenta bancaria y acceder a servicios públicos de salud, le han comprobado que las oportunidades se reducen aún más para las personas LGBTIQ+ que quieren integrarse de manera plena a una vida local, pese a los avances en el reconocimiento de sus derechos.

Aún con estas dificultades, Nickoll ha tenido el apoyo de amigos, instituciones y organizaciones socias y aliadas de ACNUR que le han acompañado  en su proceso de asilo e integración en México. A su llegada al país hace cuatro años, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) le refirió de inmediato con la Clínica Condesa, donde le proporcionaron servicio de salud de manera gratuita, brindándole acceso a su tratamiento médico y hormonal. Además, en Programa Casa Refugiados se le orientó sobre su trámite para la naturalización y cambio legal de nombre y género, y se le brindó asistencia humanitaria económica para paliar la falta de ingresos durante la cuarentena por Covid-19.

Nickoll representa a decenas de personas LGBTIQ+ que huyen de sus países de origen por violencia y discriminación. Ahora, como una mujer refugiada transgénero, trabaja en una fundación para apoyar a personas que viven con VIH en Ciudad de México.  © Ivan Stephens

“COMAR me trató muy bien cuando llegué, incluso en mi documentación anotaron que yo quería ser llamada por Nickoll y no con mi nombre legal. Cuando me refirieron a Clínica Condesa y me entregaron las pastillas que necesitaba se me salieron las lágrimas; fue sentirme apoyada en mi tratamiento.”

Nickoll ahora trabaja en Ciudad de México para una organización global sin fines de lucro que brinda medicina, defensoría y referencia a servicios de salud en temas de VIH/SIDA.

En el marco del "Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+", ACNUR reitera su compromiso de seguir trabajando activamente en la protección de personas LGBTIQ+ refugiadas, solicitantes de asilo, desplazadas y migrantes, partiendo de una perspectiva interseccional de edad, género, derechos humanos y diversidad; asimismo, insta a que se busque la adecuación de espacios que ofrezcan servicios específicos para personas LGBTIQ+, incluyendo modelos específicos para la atención de niños, niñas y adolescentes LGBTIQ+.

Además, hace un llamado a que se trabaje en la formación y concientización sobre derechos humanos, derechos de las personas LGBTIQ+ y lucha a la homofobia y transfobia a todo el personal que interactúa con ellas, así como los voluntarios que trabajen en estos espacios, y que se promueva una cultura de cero tolerancias a la discriminación, reconociendo los retos particulares que experimentan personas LGBTQ+ forzadas a huir.