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El hambre y la violencia obligan a los residentes a huir del oeste de Mosul

Historias

El hambre y la violencia obligan a los residentes a huir del oeste de Mosul

La última ola de desplazados iraquíes cuenta que la escasez de alimentos y los intensos combates en el oeste de la ciudad los obligaron a arriesgarlo todo para buscar la seguridad.
7 March 2017
Una familia iraquí que huyó de Mosul occidental se instala en su nueva tienda de campaña en el campamento Hasansham U3, al este de Mosul.

HASANSHAM, Irak, 07 de marzo de 2017 (ACNUR) – "Nos estuvimos muriendo de hambre durante un mes, solo podíamos alimentar a los niños con agua y harina, y algunas veces podíamos mejorar la dieta con un poco de pasta de tomate. Se trataba de quedarnos y morir, o huir y correr el riesgo de morir. El hambre fue la principal razón por la que huimos", dijo Adil, de 34 años, describiendo la reciente huida de su familia del oeste de Mosul.

Él y su esposa Sundus huyeron de su hogar en el vecindario Tal al Ruman, en la segunda ciudad más grande de Irak hace cuatro noches, junto a sus seis hijos. Huyeron en plena noche, bajo una lluvia torrencial, los padres cargaron a los niños más pequeños y caminaron por más de una hora para llegar a las Fuerzas de Seguridad Iraquíes, donde encontrarían la seguridad.

"Decidimos irnos a la una de la mañana porque es cuando descansan los combatientes; la patrulla de la guardia está inactiva. Cuando estábamos huyendo escuchamos gritos y disparos. Escuchamos que a algunas familias las atraparon, pero yo nunca vi hacia atrás", dijo él.

"Si nos quedábamos, hubiéramos muerto de hambre o hubiéramos sido asesinados por los morteros"

Después de llegar a un lugar seguro, la familia fue llevada al campamento Hasansham U3, 40 kilómetros al este de Mosul, y el cual es administrado por el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados. Allí les dieron una tienda, colchones y mantas, y pudieron sentarse a tomar su primera comida apropiada en meses.

"Cuando llegamos aquí, los niños estaban encantados por la abundancia de comida. Incluso tuve que decirle a mi hijo menor: come lento, te va a dar dolor de estómago", dijo Adil. "Anoche cocinamos como familia por primera vez. Hasta comimos carne enlatada. En seis meses, era la primera vez que comíamos carne".

En la actualidad hay 211.572 iraquíes desplazados por los combates en Mosul, con más de 50.000 nuevos desplazamientos desde el comienzo de la última ofensiva en el oeste de Mosul, lanzada el 19 de febrero.

Los recién llegados se encuentran en condiciones desesperantes, visiblemente traumatizados, hambrientos y deshidratados. Muchos de ellos llegan sin zapatos y usando ropa empapada, después de caminar largas distancias para alcanzar la seguridad en los puntos de control del Gobierno.

Más de 195.000 desplazados iraquíes de hospedan actualmente en 21 campamentos construidos por las agencias de la ONU y el Gobierno en las cercanías de Mosul. Pero con la mayoría de los campamentos existentes completos o prontos a alcanzar su capacidad máxima, ACNUR está trabajando para abrir nuevos campamentos y hacerle frente al pico de desplazamiento que fue detonado por la última ofensiva militar.

"Cuando llegamos aquí, los niños estaban encantados por la abundancia de comida"

El campamento del ACNUR que recién abrió, Chamakor, al este de Mosul, recibió a sus primeros 200 residentes el lunes. Se esperan más llegadas durante el martes y a través de la semana. El campamento ya está preparado para recibir inmediatamente a 6.600 personas. ACNUR está construyendo dos campamentos adicionales cerca de Mosul (Hasansham U2 hacia el este, y Hammam Al-Alil 2 en el sur) con la capacidad para otras 39.000 personas.

Shihab, de 39 años, era jardinero en la Municipalidad de Mosul también en Tal al Ruman. Él llegó a Hasansham el domingo, y describió cómo él y su familia de seis personas tuvieron que cruzar por una quebrada llena de agua durante la noche para evadir a los grupos armados y lograr llegar a un lugar seguro. Sus cuatro hijos perdieron sus zapatos durante su huida y llegaron al campamento descalzos.

"Salimos como un grupo. Pensamos que sería más difícil que alguien nos detuviera y nos controlara", dijo él. "Fue una gran apuesta. Pero si nos quedábamos, hubiéramos muerto de hambre o hubiéramos sido asesinados por los morteros, si huíamos, también nos podían matar. Al final, la falta de comida nos obligó a huir".

Por Caroline Gluck