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Los residentes de Mosul hablan sobre el duro régimen y la huida peligrosa

Historias

Los residentes de Mosul hablan sobre el duro régimen y la huida peligrosa

Las familias desplazadas describen los años de privaciones bajo el gobierno de los militantes en la segunda ciudad de Irak, antes de encontrar la seguridad.
7 November 2016
Abdelwahed Mahmoud huyó con su esposa y sus cuatro hijos, cuando las fuerzas de seguridad iraquíes entraron a su pueblo al sur de Mosul la semana pasada.

HASANSHAM, Iraq, 7 de noviembre de 2016 (ACNUR) – Abdelwahed Mahmoud se enteró de la inminente ofensiva militar en Mosul hace tres semanas, cuando folletos arrojados desde los aviones comenzaron a caer como lluvia en su pueblo, Gelyuhan, situado a unos pocos kilómetros al sur de la segunda ciudad de Irak.

Los folletos decían que las Fuerzas de Seguridad Iraquíes venían a retomar el área que permaneció bajo el control de los militantes por más de dos años. Aconsejaron a la población civil evitar los lugares reconocidos por tener presencia de militantes y sobre la mejor manera de evacuar sus hogares cuando llegaran las fuerzas de seguridad.

"Cuando leí el folleto, temí por la seguridad de mis hijos, pero al mismo tiempo tuve esperanzas", dijo Abdelwahed, un ex conductor de camiones de 35 años. "(Los militantes) nos dijeron de retirarnos hacia Mosul, pero sabía que nos querían usar de escudos humanos, así que los ignoramos".

Los enfrentamientos comenzaron hace una semana temprano por la mañana, y al principio Abdelwahed y su familia permanecieron acurrucados en su casa mientras que afuera estallaba la lucha. Durante una tregua en la pelea, metió a su esposa y a sus cuatro hijos en su coche y se unió a una caravana de 10 vehículos que se dirigía hacia la línea de las Fuerzas de Seguridad Iraquíes.

"Mientras conducíamos, nos bombardeaban con morteros desde atrás. Le dieron a un camión grande que iba al final de la caravana"

"Mientras conducíamos, nos bombardeaban con morteros desde atrás. Le dieron a un camión grande que iba al final de la caravana, pero por suerte no murió nadie", dijo Abdelwahed. Cuando llegaron a las posiciones del ejército, Abdelwahed salió del coche y comenzó a agitar una bandera blanca que había improvisado atando una dishdasha blanca (una túnica tradicional) a un palo largo.

Después de pasar dos noches durmiendo en una escuela cerca de la línea de frente, la familia fue trasladada al campamento de Khazer, gestionado por el gobierno, cerca del pueblo de Hasansham, a unos 30 kilómetros al este de Mosul. Aquí se les dio alojamiento y una comida caliente, mientras que el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, les entregó colchones, frazadas y otra ayuda de primera necesidad.

Abdelwahed y su familia se hallan entre los más de 34.000 hombres, mujeres y niños que han huido de sus hogares desde que comenzó la ofensiva el 17 de octubre.

Más de un tercio del total de las personas han sido desplazadas durante los últimos cuatro días y el flujo de nuevas llegadas aumentará drásticamente, a medida que la lucha se extienda hacia las áreas urbanas con mayor densidad de población alrededor de Mosul. El ACNUR está construyendo 11 campamentos a lo largo del norte de Irak para hospedar a los desplazados y posee cinco campamentos que actualmente reciben a los que huyen de la ciudad.

Con la primera sección del campamento de Khazer lleno a su máxima capacidad, el ACNUR abrió el viernes un nuevo campamento a unos pocos kilómetros de allí en Hasansham, para asistir a las personas que van llegando.

El aumento en el índice de desplazamientos hizo que el campamento casi se llenara a su máxima capacidad solo en tres días. En este momento hay más de 6.469 personas en Hasansham y las familias continúan llegando a lo largo del día, por lo que es posible que el campamento se llene esta noche.

Entre los desplazados está Ahmad Fares, un comerciante de carne de 23 años proveniente de Gogjali, un barrio en el este de Mosul. En junio de 2014, estaba trabajando en la ciudad cuando esta cayó bajo el dominio de los militantes y estuvo forzado a quedarse. Sin embargo, otros miembros de su familia, incluyendo su primo Yehya, pudieron escapar a Erbil en la Región Kurda de Irak, donde han vivido hasta ahora.

Afuera de la tienda de campaña de Ahmad en Hasansham, tuvo lugar un reencuentro con lágrimas cuando él, Yehya y otros miembros de la familia se besaban y abrazaban por primera vez en más de dos años.

Cuando contaba de su vida en Mosul durante ese tiempo, Ahmad dijo que durante los primeros meses todo era prácticamente normal. "Luego empezaron a decir que había que dejarse crecer la barba, parar de fumar y llevar los pantalones así", dijo, levantando el ruedo de sus pantalones y ajustándoselo alrededor de la pantorrilla. "Tu ropa ni siquiera podía tener logos".

"Sentí como si me hubiera caído del cielo directo al infierno"

Al ser miembros de la minoría religiosa Shabak, Ahmad y su familia eran amenazados con la muerte a menos que pagaran "impuestos" especiales a los militantes, pese a que no podían trabajar. "Sentí como si me hubiera caído del cielo directo al infierno", dijo Ahmad.

El contacto con sus familiares en Erbil era poco frecuente. No había cobertura de internet y la señal de telefonía móvil era en el mejor de los casos esporádica. Hablaban cuando podían, a pesar de los severos castigos impartidos a los que descubrían usando un teléfono. "Solíamos enterrar nuestros móviles en el jardín por seguridad", explicó Ahmad.

Yehya sonrió cuando recordó el momento, hace dos días, cuando Ahmad encontró señal móvil y llamó para avisarles que él y sus familiares habían escapado. "Habíamos soñado con esto por más de dos años. Todos empezamos a llorar de felicidad", dijo Yehya.

Ahmad y su familia esperan unirse a Yehya y sus otros familiares en Erbil, hasta que sea seguro volver a Mosul. Pero Abdelwahed y muchos otros miles de desplazados iraquíes se enfrentan con la posibilidad de pasar un frío invierno viviendo en tiendas de campaña, ya que se estima que la lucha por Mosul podría durar meses.

La respuesta de emergencia del ACNUR ante la situación en Mosul sigue contando con menos de la mitad del financiamiento necesario, ya que hasta la fecha sólo se han recibido US$ 95 millones, contra un presupuesto de US$ 196,2 millones. De este monto, se necesitan US$ 60 millones específicamente para brindar ayuda urgente a las familias durante el invierno. Abdelwahed es estoico con respecto al futuro. "Sufrimos mucho por dos años viviendo sin comida, sin trabajo, sin libertad. Quedarnos aquí en el invierno no puede ser más duro", dijo.

Gracias a la Voluntaria en Línea Verónica García Lucchetti por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.