Cerrar sites icon close
Search form

Search for the country site.

Country profile

Country website

La "belleza" trae confianza y esperanza a una refugiada congoleña

Historias

La "belleza" trae confianza y esperanza a una refugiada congoleña

La guerra, la cárcel, la violación y la pobreza no podrían disuadir a un refugiado congoleño en Kampala de cumplir su sueño de abrir un salón de belleza para mantener a su familia.
15 April 2013
Rosette Wabenga, con pantalones blancos, da consejos a otras chicas sobre peluquería y cuidado del cabello en su salón ubicado en uno de los barrios pobres de Kampala. El salón apenas tiene clientas, pero las chicas se sienten inspiradas por la respetada Rosette y están deseando aprender de ella cómo poner en marcha un negocio.

KAMPALA, Uganda, 15 de abril de 2013 (ACNUR) – Pocos clientes vienen a este salón de belleza llamado sencillamente "Beauty Salon" y situado en la barriada de Gisenyi, en Kampala. Sin embargo, para su dueña, la refugiada Rosette Wabenga, es un sueño hecho realidad.

"Soy una mujer muy afortunada de tener esta tienda" dice Rosette Wabenga. "No puedo expresar con palabras lo agradecida que estoy al ACNUR. Me han ayudado a hacer realidad mi sueño" añade, refiriéndose a un préstamo para pequeñas empresas que la Agencia de la ONU para los Refugiados le facilitó.

Rosette Wabenga ha recorrido un espeluznante viaje hasta alcanzar este pequeño éxito. "Ha sido un viaje doloroso, con muchos traumas y sufrimiento" dice esta madre soltera con tres hijos, enjugándose una lágrima.

La última vez que vio a su marido, un activista político, estaba siendo arrastrado por hombres armados que irrumpieron en su casa en Goma, en el este de la República Democrática del Congo (RDC). Fue enviado a prisión en 2006 y desde entonces no ha vuelto a saber de él.

"Había disparos por todas partes, así que tuve que irme de casa con mis hijos" cuenta Wabenga recordando los acontecimientos ocurridos hace siete años. Ella tuvo mucha suerte de encontrar a un camionero que llevó a la familia hasta Uganda. Los dejó en una iglesia en las afueras de la capital, Kampala.

"¡Estaba tan perdida en esta nueva ciudad!" confiesa Rosette Wabenga. "Pero sabía que sólo Dios me salvaría en este nuevo camino que había tomado". Alguien en la iglesia la puso en el buen camino y le aconsejó que solicitara el estatuto de refugiada.

Wabenga, que ahora tiene 37 años, encontró trabajo como camarera en un restaurante pero no ganaba lo suficiente para mantener a su familia. "En mi país era peluquera y aquí en Uganda trabajaba como camarera" dice. "No es lo que quería, no era mi sueño".

Así que decidió pedir ayuda a InterAid, un servicio de asesoramiento y atención sanitaria y legal financiado por ACNUR y que sólo el año pasado asistió a más de 19.000 refugiados que necesitaban ayuda en áreas que iban desde el asilo hasta la discapacidad física, la educación y el apoyo en la búsqueda de empleo.

A Rosette Wabenga le costó dos años, pero no se rindió. Todos los días se levantaba a las 6 de la mañana e iba la oficina de InterAid. "De hecho, entablé una amistad con el personal, los guardias y otros refugiados", apunta. "Sabía cuál era mi meta [abrir un salón de belleza] y no estaba dispuesta a rendirme".

Después de todo lo que había sufrido en la RDC, Kampala no resultó ser el refugio seguro que esperaba. En 2010 Wabenga fue secuestrada por tres hombres que la metieron en un coche y la llevaron lejos. Todo lo que recuerda es que se despertó en un hospital de Kampala, donde los médicos le dijeron que había sido violada. Nunca se encontró a sus atacantes.

InterAid "me ayudó a encarrilar de nuevo mi vida cuando pensaba que no podría seguir adelante" dice, recordando el asesoramiento que le dio la agencia.

Finalmente dio con una propuesta de negocio de éxito que logró un préstamo inicial de 320 dólares por parte de InterAid, con el cual finalmente abrió su salón de belleza "Beauty Salon". Aquí no sólo trenza el pelo, sino que también gana dinero formando a otras peluqueras en nombre de InterAid y ACNUR. Además de trabajar de nuevo en su especialidad, el salón le ha traído otros beneficios.

"He ganado mucho respeto por parte de mis vecinos y mi comunidad" dice orgullosa Wabenga. "Saben de dónde viene mi dinero y me han apoyado también. Algún día tendré éxito gracias a mi duro trabajo".

Por Sophie Namugenyi en Kampala, Uganda