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Seis rostros del desplazamiento forzado en Ucrania

Ukraine. UNHCR's protection work in the war-affected Dnipropretrovska Oblast
Historias

Seis rostros del desplazamiento forzado en Ucrania

Nadie ha salido ileso de la guerra en Dnipro. Desde personas heridas, traumatizadas y desplazadas, hasta quienes hacen todo lo posible por ayudarlas, seis personas comparten sus historias.
13 March 2023
Tamara, de 89 años, y su hijo Volodymyr, de 60, fueron evacuados a Dnipro tras soportar meses de bombardeos en Donetsk.

La ciudad de Dnipro, al este de Ucrania, se ha convertido en el nuevo hogar de muchas personas que se han visto forzadas a abandonar las ciudades y pueblos cercanos a causa de los combates.


En Dnipro y en toda la región de la Óblast de Dnipropetrovska, ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, está brindando ayuda humanitaria en respuesta a las apremiantes necesidades de las personas desplazadas internas y de quienes permanecen en las zonas más afectadas por las hostilidades. Para ello, ACNUR trabaja en estrecha colaboración con las autoridades locales y las ONG socias, como Proliska, una organización humanitaria ucraniana entre cuyos empleados hay muchos que han sido desplazados y se han visto personalmente afectados por la guerra. 

El apoyo de ACNUR incluye servicios esenciales de protección, como ayuda para reponer documentos perdidos, terapia psicosocial, asesoramiento jurídico y apoyo social, alojamiento, dinero en efectivo y asistencia de emergencia. 

En el segundo año de guerra en Ucrania, nadie queda indemne, ni las personas desplazadas ni las que trabajan para ayudarlas. A continuación, presentamos a seis personas que siguen adelante con valentía para sobrevivir y reconstruir sus vidas en Dnipro.

La abuela 

 

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Por primera vez en su larga vida, la abuela Tamara, de 89 años, huyó de su casa en enero. De niña, ni siquiera la Segunda Guerra Mundial la obligó a abandonar la ciudad de Chasiv Yar, donde están sepultados sus padres y abuelos, pero la invasión rusa resultó ser demasiado.

“Era casi imposible vivir”, comenta sobre los constantes disparos y bombardeos, la falta de electricidad, agua y alimentos, y el miedo y el peligro constantes. “Era insoportable. Nos sentábamos en una habitación, siempre con miedo y temblando de frío. Un proyectil atravesó una pared de nuestra casa. Apenas sobrevivimos”.

Tamara lo dejó todo, incluidos sus documentos personales y sus pertenencias, y fue evacuada a Dnipro, donde se aloja con su hijo Volodymyr, de 60 años, en un centro para personas adultas mayores desplazadas. “Aquí, al menos, está cálido cuando duermo”, señala.

Proliska, socio de ACNUR, está ayudando a recuperar sus documentos personales para que pueda acceder a su pensión.

La superviviente

 

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Anastasiya estaba en su apartamento, en el quinto piso, mientras su hijo jugaba fuera, bajo el sol invernal, cuando un cohete alcanzó su edificio de Dnipro en enero, partiendo en dos el rascacielos y causando la muerte de decenas de vecinos. Tras la explosión, “mi único pensamiento era ver a mi hijo”, recuerda esta mujer de 33 años. Corrió entre las ruinas y lo encontró vivo e ileso.

Gracias a la amabilidad de desconocidos, Anastasiya se ha mudado a otro apartamento en la ciudad. “Tenemos ropa, tenemos comida”, comenta, y con asesoramiento y apoyo psicológico está empezando a pensar de nuevo en el futuro. “Nuestras esperanzas son volver a nuestro apartamento, reconstruirlo, para que los niños puedan volver a jugar ruidosamente en el patio, y podamos oírlos reír bajo cielos azules y pacíficos”.

Evacuada

 

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Olena, de 33 años, fue evacuada a Dnipro desde la ciudad sitiada de Mariupol con su hijo Mykyta, de 5 años, en marzo de 2022, tras soportar semanas de bombardeos de la artillería rusa. No era la primera vez que huía, ya que ocho años antes había soportado el conflicto en el Donbas, pero esta vez fue peor.

“Había mucho ruido afuera. Cubrimos a nuestros hijos con mantas porque aún dormían, y nos fuimos”, recuerda Olena. “Escuchamos todo, todos los ataques con cohetes, los bombardeos, y vimos tanques acercándose a la ciudad”.

Juntos están tomando clases de arteterapia organizadas por Proliska, socio de ACNUR, para ayudar a procesar el trauma de su terrible experiencia, y su estrecha huida. “Tenemos suficiente apoyo y ayuda”, asegura Olena. “Lo único que nos falta es seguridad interior y armonía”.

El hombre en recuperación

 

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La explosión de un misil en junio hizo volar a Volodymyr, de 51 años, por la ventana del segundo piso de su casa en Sloviansk, en Donetsk. “Me rompí la cadera y sufrí un derrame cerebral”, cuenta. Volodymyr no podía hablar y pensó que nunca volvería a caminar.

Los equipos de rescate lo llevaron a recibir tratamiento médico, pero Volodymyr lo había perdido todo: su hogar, sus pertenencias personales y sus documentos de identidad, y llegó a Dnipro sin nada más que la camisa y los pantalones cortos que llevaba puestos. “Me recogieron sin nada”. 

Meses después, los daños se van reparando poco a poco. Gracias a las sesiones de rehabilitación, Volodymyr ha recuperado la capacidad de hablar y caminar, mientras que los trabajadores sociales le han ayudado a recuperar sus documentos perdidos y, con ellos, su identidad.

La psicóloga

 

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Iryna conoce el trauma que busca sanar, porque ella misma lo ha sufrido. Esta psicóloga de 37 años se vio forzada a huir de su casa en 2014, y de nuevo el año pasado. Entiende lo que significa perderlo todo, y quiere ayudar y apoyar a las personas que lo necesitan.

En colaboración con Proliska, Iryna organiza sesiones de terapia grupal en las que niños y adultos pueden superar sus traumas y empezar a recuperarse. “Las personas empiezan a hablar entre ellas y se vuelven más abiertas y menos estresadas. Cuentan historias sobre lo que vieron y cómo se sintieron”, explica.

El “impacto positivo inmediato” que ve que tienen las sesiones cada día la motiva a seguir adelante.

Oficial de ACNUR

 

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Cortes de electricidad, alarmas antiaéreas y ataques con misiles son la realidad cotidiana de Viktoriia, una Oficial de Protección de 28 años en Dnipro, quien se incorporó aACNUR  en abril de 2022 tras verse forzada a abandonar su hogar por los combates en Donetsk.

Viktoriia vive las mismas dificultades y peligros que las personas a quienes ayuda, pero su primer pensamiento es siempre para ellas. “Mi miedo es no tener tiempo para ayudar a alguien. Mi motivación es la necesidad de sacar a las personas de esta difícil situación lo antes posible”, afirma. “Si hago algo bueno, o traigo aunque sea una alegría parcial a las personas y les muestro que no están solas y olvidadas, entonces eso llena mi vida de sentido”.

Para las personas desplazadas por la guerra, la seguridad es solo el comienzo. “Las personas no saben dónde ni cómo conseguir ayuda”, comenta Viktoriia. “Las mayores necesidades básicas son dinero, comida, vivienda y medicamentos. Mi papel es ayudarles a resolver estos problemas”.